CXXV

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 23 de noviembre del 2022

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 23 de noviembre del 2022

La mañana transcurrió con la misma monotonía de siempre. No había nada particularmente especial en ese día, nada que lo distinguiera de cualquier otro en la rutina de Soyeon y yo. La luz del sol entraba por la ventana del apartamento, iluminando el espacio con una calidez tranquila. Afuera, el bullicio de la ciudad seguía su curso: autos pasando, el lejano murmullo de conversaciones y el canto ocasional de algún pájaro.

Soyeon y yo estábamos en la sala, cada una en su propio mundo. Ella estaba en el sofá, con el teléfono en una mano y la otra descansando sobre su pierna, mientras yo revisaba la lista mental de lo que necesitábamos comprar. La televisión estaba encendida, pero nadie realmente prestaba atención a lo que estaban transmitiendo.

—Voy a salir a comprar algunas cosas —dije, estirándome un poco antes de levantarme.

Soyeon apenas levantó la vista de su teléfono y asintió.

—Voy a darme un baño —respondió sin mucho ánimo, como si estuviera informándome de la cosa más irrelevante del mundo.

Asentí sin darle más vueltas.

—¿Quieres que traiga algo en especial? —pregunté antes de tomar las llaves de la mesa.

Ella negó con la cabeza, volviendo la vista a la pantalla.

—Lo de siempre está bien... mandarinas, supongo.

No estaba particularmente animada, pero tampoco parecía apagada. Solo Soyeon siendo Soyeon.

Salí del apartamento sin más, cerrando la puerta detrás de mí, repasando nuevamente la lista de cosas por comprar.

El supermercado estaba más vacío de lo usual a esa hora, lo cual agradecí. No tenía ganas de hacer fila ni de lidiar con gente bloqueando los pasillos mientras discutían qué marca de leche era mejor. Agarré lo necesario sin demasiada prisa, sumergida en mis propios pensamientos. Incluso me permití distraerme un rato viendo productos que no tenía intención de comprar, pero saber los precios no estaba demás.

Cuando terminé, pagué y salí de regreso a casa.

Al llegar, abrí la puerta con naturalidad, como cualquier otro día. Dejé las bolsas sobre la mesa, sacudiéndome el frío del exterior y soltando un pequeño suspiro.

—Soyeon, ya llegué —anuncié sin pensar demasiado.

No recibí respuesta, pero tampoco la esperé. Muchas veces ella simplemente no respondía cuando estaba ocupada con algo.

Aun así, cuando no la vi en la sala ni en la cocina, fruncí el ceño con curiosidad. No era raro que no estuviera allí, pero por alguna razón decidí echar un vistazo.

Dejé las bolsas sobre la mesa de la cocina y me dirigí al pasillo, donde encontré la habitación de la chica con la puerta estaba entreabierta.

Me acerqué y, con un vistazo rápido, confirmé que su habitación estaba vacía. Sobre la cama estaban su cuaderno y un par de lápices esparcidos, como si los hubiera dejado allí sin mucho cuidado.

𝗔𝗻𝗱 𝘁𝗵𝗲𝗻, 𝒂𝒍𝒍 𝑓𝑒𝑙𝑙 𝐚𝐩𝐚𝐫𝐭  » (𝑮)ɪ-ᴅʟᴇDonde viven las historias. Descúbrelo ahora