CXXXIV

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24 de diciembre, año 2022

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24 de diciembre, año 2022.

—(...) ¿Por qué no nos habla un poco sobre cómo se siente? Lleva un tiempo desde que está en rehabilitación. Vamos, no se contenga —la pregunta fue lanzada con una entonación animada, demasiado animada, como si aquel hombre realmente pensara que eso podía hacer más amena la situación.

Me miraba directamente. Sus ojos estaban clavados en mi rostro pálido, ojeroso, demacrado. Supongo que esperaba una respuesta optimista, inspiradora. Qué mal estaba si pensaba encontrar eso en mí.

Ya me había acostumbrado a venir a rehabilitación, peor seguía sin acostumbrarme al optimismo barato de estos sitios. Ya se lo había comentado a Miyeon varias veces, pero ella me decía que debía resistir.

Me crucé de brazos, solté un suspiro lento y miré hacia la ventana. El cielo estaba completamente cubierto por un manto de nubes grises. Una escena tan gris como las paredes de este cuarto, como las sillas metálicas en las que estábamos sentados en círculo, como las almas perdidas que me rodeaban. No tenía ganas de hablar, no quería hacerlo, pero lo tenía que hacer. "Es parte del proceso", dicen.

Tragué saliva y obligué a mis labios a moverse.

—Ah, pues... Creo que mejor de lo que podría esperar... La rehabilitación me ha dado mucha... esperanza —Pensé por un momento, luego lo solté—. Pero no es algo que realmente le importe.

No fue planeado. Simplemente salió, una respuesta automática con una dosis de veneno que me dejó una ligera satisfacción. Vi cómo se tensaba su rostro. No respondió, bien. me gustaba cuando no lo hacía.

Ese hombre era patético. Con su sonrisa falsa, su optimismo forzado. Siempre hablaba como si estuviéramos en una reunión de autoayuda sacada de una película barata, pero esto no era una película. Esto era mi vida rota, esto era lo que quedaba de mí después de caer tan bajo que tocar fondo se sintió como un alivio.

Esto soy yo después de perder el trabajo que más apreciaba, esto soy yo después de una sobredosis, esto soy yo después de la muerte de una amiga.

Mis pensamientos fueron interrumpidos por su voz otra vez, ahora redirigida a los demás. Una a una, las personas a mi alrededor fueron respondiendo. Algunos con frases vacías, otros con confesiones tan tristes que me revolvían el estómago. Pero en el fondo, todos estábamos igual: vacíos, cansados, un poco más vivos que muertos, quizás.

Yo no era distinta.

Quizás sí lo era. Porque, a diferencia de algunos aquí, yo sabía que esto era culpa mía. Nadie me obligó a destruirme. Nadie me puso la primera pastilla en la boca ni me arrastró a ese mundo de mierda. Lo hice yo, por idiota, por débil, por no haber sido capaz de sostener lo que más amaba.

Tal vez por eso estaba aquí, por eso merecía estarlo.

Observé las manos que cubría con la manga de mi chaqueta. Estaban heladas. Las froté con fuerza, intentando devolverles algo de calor. El frío se colaba por cada rendija, se metía en mi piel como castigo. Tenía frío desde hace meses, desde que todo colapsó, desde que ella se fue.

𝗔𝗻𝗱 𝘁𝗵𝗲𝗻, 𝒂𝒍𝒍 𝑓𝑒𝑙𝑙 𝐚𝐩𝐚𝐫𝐭  » (𝑮)ɪ-ᴅʟᴇDonde viven las historias. Descúbrelo ahora