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23 de septiembre del 2022

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23 de septiembre del 2022

El sonido del timbre resonó en mi departamento justo cuando me acomodaba en el sofá. Me estiré perezosamente antes de levantarme y abrir la puerta. Ahí estaba Yena, sosteniendo varias bolsas llenas de cosas que no podía distinguir a simple vista. Su sonrisa era grande, llena de energía, como si su sola presencia pudiera iluminar la habitación.

—¡Feliz cumpleaños, Yuqi! —exclamó antes de lanzarse a abrazarme con fuerza, casi dejándome sin aire.

Me reí suavemente, correspondiendo el abrazo con menos energía de la que me hubiera gustado. A pesar de todo, su entusiasmo era contagioso. Hacía días que no me sentía realmente feliz, pero Yena tenía esa forma de hacer que, por un momento, todo pareciera más fácil.

—Gracias, Yena —dije, separándome un poco de ella y señalando las bolsas—. ¿Qué traes ahí? ¿Tu despensa del mes?

— No, mensa, nuestra misión del día—anunció con orgullo, pasando junto a mí y entrando a la cocina sin esperar invitación. — ¡Vamos a hacer un pastel casero! Sin alcohol, sin fiesta descontrolada, sin mierdas raras. Solo tú y yo, haciendo un desastre en la cocina.

No pude evitar soltar una carcajada. Esa imagen mental era demasiado precisa.

—¿Tú sabes hacer pasteles? —pregunté con una sonrisa.

—Para nada —respondió con orgullo—, pero ahí está la gracia, vamos a aprender juntas, o moriremos en el intento.

—Dios, sí, seguro acabamos incendiando la cocina —comenté siguiéndola.

Observé mientras sacaba los ingredientes sobre la mesa. Harina, huevos, azúcar, mantequilla, cacao en polvo, incluso algunos colorantes y chispas de chocolate, Yena realmente había planeado esto y me sentía genuinamente feliz de que se haya tomado el tiempo de hacerlo, solo por mí.

—Compré ingredientes para hacer el glaseado casero también —dijo, levantando una bolsa de azúcar glass—. Podremos decorarlo como queramos.

—Eso suena a desastre —dije, alzando una ceja.

—O a obra maestra —corrigió, guiñándome un ojo.

Sonreí y asentí. No tenía energía para una gran celebración, pero esto... esto se sentía bien. Algo simple, algo nuestro, Yena no estaba aquí para hacerme preguntas difíciles ni para mirarme con lástima, solo quería distraerme, hacerme olvidar por unas horas todo lo que había pasado, y por primera vez en días, sentí que quizá podría lograrlo.

El proceso de hacer el pastel resultó ser más caótico de lo que habíamos imaginado, pero también más divertido de lo que esperaba. Yena y yo nos pusimos manos a la obra con los ingredientes, midiendo harina y azúcar, rompiendo huevos con torpeza y batallando con la batidora.

𝗔𝗻𝗱 𝘁𝗵𝗲𝗻, 𝒂𝒍𝒍 𝑓𝑒𝑙𝑙 𝐚𝐩𝐚𝐫𝐭  » (𝑮)ɪ-ᴅʟᴇDonde viven las historias. Descúbrelo ahora