En una ciudad llena de recuerdos donde pequeñas acciones las llevaron hasta ese momento. Amores y corazones rotos, el punto más alto de la felicidad y la más profunda de las tristezas.
Algo que nunca olvidarán.
-No he logrado dormir bien... Pregun...
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04 de noviembre del 2022
La mañana transcurría con calma en el apartamento. Soojin se encontraba en la sala, revisando su bolso mientras se aseguraba de llevar todo lo necesario antes de salir. En el sofá, Soyeon permanecía con el teléfono en la mano, deslizando distraídamente por la pantalla, sumida en sus propios pensamientos.
—Voy a salir un rato —anunció Soojin, rompiendo el silencio. Se colgó el bolso al hombro y ajustó su abrigo—. Necesito comprar algunas cosas.
Soyeon apenas levantó la mirada.
—¿Quieres que te traiga algo? —preguntó Soojin, con un tono suave, pero Soyeon negó con la cabeza.
—No, estoy bien.
Soojin la observó por unos segundos, como si esperara que cambiara de opinión, pero al ver que su amiga seguía abstraída en su mundo, suspiró y se dirigió a la puerta.
—No tardo —aseguró antes de salir.
El sonido de la puerta cerrándose dejó tras de sí un aire de quietud. Soyeon se hundió un poco más en el sofá, regresando la vista a su teléfono sin mucho interés. El apartamento se sintió más vacío en cuanto Soojin se fue, y el silencio, más pesado.
El silencio en el apartamento era inusual. Desde que Soojin se fue, Soyeon había permanecido en su habitación, distraída con el teléfono en la mano, deslizando el dedo por la pantalla sin realmente procesar nada. El ruido blanco de la televisión encendida en la sala apenas le llegaba, pero no le molestaba.
Entonces, el timbre sonó.
Alzó la vista, frunciendo el ceño.
Soojin tenía llaves, al igual que Shuhua. No esperaba a nadie más.
Por un momento, pensó que tal vez su amiga había olvidado algo y, en su prisa por salir, dejó las llaves en casa. Pero cuando se levantó y miró alrededor, todo estaba en orden. No había señales de nada olvidado, ni la billetera ni el teléfono de Soojin.
El timbre volvió a sonar.
Soyeon avanzó con cautela hacia la puerta y miró por la mirilla antes de atreverse a abrir la puerta.
Y la vio.
Yena.
Por un segundo, su cerebro tardó en procesar lo que estaba viendo.
¿Por qué estaba ahí?
No había hablado con ella desde hacía meses, desde esa única vez que se vieron en persona y cuando Yuqi había sido un completo desastre... no era una buena primera reunión, y con la escasa cercanía que Soyeon y esa chica tenían, era extraño que estuviera detrás de su puerta
Su pecho se tensó.
¿De qué quería hablarle?
Soyeon se quedó quieta, con la mano a medio camino de la perilla, indecisa.