044 | Intereses compartidos

52 9 5
                                        

INTERESES COMPARTIDOS

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

INTERESES COMPARTIDOS

Sin importar cuan grandioso fue su tiempo con Beck lejos, ante los demás ellos eran una pareja, así que debían verse en algún momento.

Las revistas amarillistas comentaban la forma en que él se había tomado un descanso de sus grabaciones para pasar año nuevo con ella. Alexis prefería perder el ojo antes de tener que pasar un momento más a su lado.

—Saldrán y se tomarán de la mano hasta llegar a la cafetería, —les recordó el manager de Beck, alguien con quién Alexis nunca había tenido verdadera habla —desayunarán y harán todo eso de pareja ahí, ¿Está bien?

—Claro —aceptó Beck, sus ojos no se despegaban de la ventana.

La actitud de Beck había cambiado desde que se vieron antes de las fiestas, dejó de coquetearle e insinuar cosas, ahora parecía medio ido.

—¿Cuánto tiempo debemos estar ahí? —preguntó la castaña, jugando con un mechón de color.

—Cuarenta minutos, media hora, lo que tarden en comer y en ser vistos —contestó el hombre, de traje pulcro y fino.

—Bien.

El auto los dejó en una esquina poco concurrida, de ahí salieron y caminaron lado a lado. Ambos iban sencillos, aunque a la moda, y andaban cogidos de la mano. No hablaban.

Cada vez que se encontraban con un fan lo atendían como se debía, actuaban cariñosos con el otro y hasta se hacían los atentos. Sin embargo, cuando volvía a estar solos la historia cambiaba, solo seguían en silencio.

Eligieron un pequeño local en Beverly Hills con comida orgánica. Lo único bueno de tener a Beck como promance era que tenían los mismos gustos culinarios.

Hicieron una pequeña escena en el mostrador, la chica de caja los reconoció enseguida y casi saltó para abrazarlos.

—¿Qué ordenarán? —la rubia adolescente, que apenas había logrado controlarse, estaba sonrojada y sus ojos lagrimeaban.

—Yo quiero jugo de apio y uvas, además quiero un panini de jamón y tomates, gracias —le dijo Beck, obviando la reacción de una fan.

—Pensé que eras alérgico al queso, —interrumpió la chica rubia, un poco preocupada y sorprendiendo a los artistas —el panini tiene mucho.

—¿En serio? —frunció el ceño el actor, al ver el asentimiento de ella, Beck volvió a mirar el menú —Entonces, quiero huevos revueltos con espinaca y tomates.

—Yo quiero un smoothie de piña, mango y naranja, por favor, —intervino Alexis, sonriéndole a la rubia —y tostadas con aguacate.

—Bien, alguien les llevará su pedido a la mesa doce.

Se despidieron corteses de la muchacha, quien por cierto fue muy considerada con ellos, y tomaron asiento en la mesa señalada con el número que les habían indicado.

—No me agrada esta situación más que a ti, pero ¿Qué te pasa? —interrumpió el silencio incomodo entre ellos Alexis, usualmente era Beck quien formaba la conversación —No es normal que no digas una palabra desde que nos saludamos.

Beck se limitó a mirarla intensamente, casi sin parpadear.

—Creí que preferías que no dijera nada, —comentó apartando la mirada por un pequeño momento, viendo como los autos pasaban fuera del local —pensé que no te caía bien.

Alexis se rio sin gracia y miró en otra dirección.

—Que no me simpatices no significa que me encanta verte como perro triste —responde a la defensiva, jugando con sus manos ansiosa.

El chico frente a ella levantó una ceja y la sonrisa coqueta, que Alexis detestaba, volvió a su rostro.

—Me alegra saber que te preocupas por mi —dice juguetonamente, pestañando concurridas veces —, pero no es importante.

—Si estás tan seguro de eso, ¿Por qué no has coqueteado conmigo desde que nos vimos? —preguntó con apariencia desinteresada, aunque por dentro tenía verdadera curiosidad.

—Creí que tienes novio.

—Y lo tengo, —asiente, ese juego de tira y afloja que se tenían era fascinante —pero me has dado mucho que pensar esta última hora.

—¿Cómo qué? —Beck cruzó los brazos y los apoyó en la mesa, acercando su cara a la de la chica.

—Pensaba en cuál sería el motivo por el que estás tan misterioso —admitió, sin vergüenza.

—Alexis, amor, que soy misterioso fue la razón por la que me escogieron para ser tu novio —dijo con obviedad, bajando un poco su tono de voz para evitar cualquier cosa.

—No hagas como si no estuvieras encantado —negó con la cabeza, reprochando.

—Oh, que todo el mundo sepa que mi novia es una de las artistas del momento más atractivas... —murmuró soltando sus brazos e inclinándose para atrás, suspiró en su propio silencio —Si, es un sueño hecho realidad.

Pese a que sus palabras se oían halagadoras, Alexis entendió el sarcasmo en ellas.

—Tu carrera comenzó a despegar hace menos de dos años y ya sales con una estrella que está en la cima —defendió casi ofendida, él era un alucinado.

—Vaya, así que esta es la verdadera Alexis Blake —dijo lentamente, casi como si quisiera ver detalladamente la reacción de la nombrada a sus palabras —, no la humilde pueblerina que nos hizo creer a todos.

—No me conoces, —negó apresuradamente, necesitaba defenderse de esa acusación —no tienes idea de quién soy o de todo lo que he hecho para estar aquí.

—¿Y qué hiciste? —el tono con el que lo dijo tenía algo de intriga, parecía que pensaba en las razones más oscuras —Me pregunto, ¿Qué clase de trapos sucios tienes debajo de la alfombra?

—¿Acaso me estás acusando de algo? —inclinó la cabeza mientras su ceño fruncido comenzaba a visualizarse.

—Solo digo, —mostró sus manos a la altura de sus hombros e hizo un sonido de expectación —todos tienen secretos.

—Yo no tengo ésa clase de secretos —musitó enfadada con sus acusaciones. —, nunca caería tan bajo.

—Bien.

—Bien.

El tenso silencio volvió a estar presente entre ellos, ninguno se dignaba a hacer otra cosa que no fuera pretender que la existencia del otro no está ahí, lo cual era bastante inmaduro de ambos lados.

Para cuándo un mesero llegó con su pedido, le agradecieron y procuraron comer rápido para salir pronto de la situación.

Conversaron de temas al azar al notar que los fotógrafos ya habían llegado. Estuvieron unos quince minutos comiendo, para cuando se dirigían a la salida, los más jóvenes empleados del local los interceptaron.

Se quedaron otros veinte minutos en el lugar firmando autógrafos, tomándose fotos y atendiendo a sus fans. Dos de esos adolescentes siguieron con la tradición de sus blakers, ella les dio una plática de los más comprensiva sobre la aceptación propia y el perdón.

Por alguna razón que Alexis prefirió ignorar, Beck no apartó la mirada de ella en todo momento.



No puedo creer que ya estemos aquí y ustedes sigan, muchísimas gracias por todo el cariño. Y con esto terminamos el maratón de Mr. Styles

SpacesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora