112 | Asuntos pendientes

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ASUNTOS PENDIENTES

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ASUNTOS PENDIENTES

—Puedes dormir aquí —Liam prendió la luz de su habitación y metió sus maletas.

La película fue un fiasco y cuando Patricia llegó con la comida nadie pudo culparla por excusarse, incluso la mujer notó la tensión en la pareja.

—Es tu habitación, puedo dormir en la de invitados —negó.

No quería dormir en la cama de Liam sin él. No se lo había dicho, no tuvo que decírselo, pero ella sabía que su novio no dormiría ahí esa noche.

—Está bien, necesitas más espacio para tus cosas.

Su excusa era ridícula, para empezar todas las habitaciones de su casa, incluyendo la de invitados, eran enormes.

—No me molesta dormir ahí.

—Alexis, —la interrumpió, le dio esa mirada de agotamiento y suspiró —duerme acá, ¿Si?

—Si.

Liam le dejó un beso en la frente y se fue, cerrando la puerta tras de él, ese debió ser el mayor contacto del día.

—Mátame —refunfuñó su queja.

Fue al armario de Liam y de ahí sacó su pijama, la había olvidado la última vez que estuvo ahí, pero Liam la guardó por ella.

Era la noche más larga, sin duda no podría dormir. Su mente viajaba a mil por hora y se preguntaba cómo llegó a este punto.

Su estómago gruñó por la falta de alimento, ella pensó que era por no haber comido nada sólido en más de veinticuatro horas, ni siquiera las barritas energéticas que acostumbraba a comer antes de un show.

Quizás fue la mezcla de emociones, su propio cansancio o la ansiedad que sentía, pero algo la motivó a bajar por comida. Ella no era la clase de persona que titubea ante esto, tiene mucha fuerza de voluntad, sin embargo, ahí estaba, caminando por los pasillos de la casa de su novio descalza.

En la cocina, del refrigerador sacó un plato con lo que debió ser su cena, lo observó por algunos segundos antes de convencerse que por una vez no pasaba nada.

Y comió, lo comió todo.

Tan pronto como hubo saciado su hambre vino el arrepentimiento, la culpa y los nervios. Es débil por caer ante la tentación.

Se dio asco.

Rápidamente lavó el plato y se apresuró a salir, quería ir al baño y ocuparse de su asunto

Esta vez corrió escaleras arriba, debió hacer mucho ruido abajo porque en el último escalón superior estaba Liam, el cabello en todas direcciones y los ojos apenas abiertos.

—¿Alex? —susurró con la voz ronca, aún mantenía los ojos entrecerrados.

—Hola, Li.

—¿Qué haces despierta? —él arrastró las palabras, pero abrió los ojos.

Alexis sonrió al verlo en ese estado, le encantaba la imagen mañanera de su novio, ósea, es muy lindo.

—Necesitaba aire, ¿Y tú?

—Me despertó un ruido, debiste ser tu —murmuró, el sueño comenzó a irse de su cuerpo y empezó a ser más consiente de la chica —¿No podías dormir?

—No, en realidad no, tengo insomnio —confesó, sorprendiéndose inmediatamente después de decirlo.

¿Lo iba a hacer? ¿Le diría a Liam todos sus problemas?

—¿En serio? —él no se lo creía bien —Creería que por el cambio de horario tendrías mucho sueño —agregó luego, pinchando la esperanza de Alexis.

No quería decírselo, quería que él lo descubriera pese a que ella nunca dejaba ver sus miedos.

—¿Bebé, podemos hablar? —dijo ahora Liam, en un tono más dulce y paciente —Si no puedes dormir y yo estoy despierto, ¿Podríamos hablar sobre... Eso?

Alexis se quedó sin aire, pero asintió.

—Vamos —su chico le cogió la mano y caminaron.

Liam la llevó a un balcón hermoso, aquel dónde se pasaron una tarde completa dedicándose canciones.

—No debí irme —dijo, cortando el silencio.

Ambos miraban la vista de la parte trasera del terreno, todo a oscuras.

—No sabía que Beck estaría ahí —comentó, no podía quitarse la sensación de incomodidad.

—¿Sabes? Sabía que tendría que verlo en algún momento, —admitió pensativo —pero no imaginé que me dolería tanto.

—No quería que vieras eso —dijo con la misma intención, le dolía el pecho, más de lo que lo había hecho en mucho tiempo.

—Tendría que haber reaccionado mejor —se quejó de sí mismo.

—Lamento que vieras eso.

—Está bien —negó entristecido.

—Es lo que yo siento cuando te veo con Sophie —musitó recelosa, ese asunto aún la tenía mal.

—Ella es mi amiga, Alex, no me pasa algo con ella —se apresuró a negar.

—Ya lo sé, es que así me siento.

En algún momento las palabras sobraron, querían sentir.

Sus manos se buscaron, pronto se envolvieron en un fuerte abrazo y se apretaron tanto como quisieron.

Él inició el primer beso, ella lo siguió. Aquel primer beso se convirtió en segundo, vino el tercer y luego el cuarto, hasta que dejaron de contarlos, pues ya no tenía sentido. Liam llevó una mano por debajo de la blusa de su pijama y se separó del beso.

—¿Podemos seguir? —preguntó, manteniendo sus frentes juntas. 

Él siempre preguntaba antes.

—Si.

Alexis lo besó, devoró sus labios como si se tratara del más delicioso elíxir, y cuando ya no pudo dominar más permitió que Liam lo hiciera, de esa forma tan suave y apasionada que tenía para serlo.

¿Quién dijo que Niall es el mejor besador del grupo? Esa persona nunca besó a Liam Payne.

Sus pechos se tocaron y eso fue todo, se perdieron en los cuerpos del otro de la forma más divina.

A la mañana siguiente, Alexis abrió los ojos y se quejó por la luz del día que atravesaba la ventana, era tonto porque ese sol no se compara al de LA, pero aún así interrumpió su sueño.

—¿Cómo estás? —Liam preguntó.

Liam estaba sentado en el colchón, su espalda contra el espaldar de la gran cama, no tenía puesto ninguna camiseta y su pecho al descubierto albergaba su propio cuerpo. Él la tenía abrazada contra su pecho y le acariciaba los brazos.

Notó en ese instante que ella usaba la camiseta que Liam llevaba antes de pijama.

—Cansada —respondió, acomodándose mejor para dejar su cabeza un poco más arriba y así poder darle un beso en el cuello al muchacho.

—¿Tienes hambre? —sus dedos recorrían la piel de sus hombros, el tacto era mágico —Puedo pedirle a Patricia que nos traiga el desayuno.

—Que vergüenza —chilló para gracia de Liam —, mejor bajemos.

—Bien.

—Bien.

—Te amo, hún.

—Yo te amo, luv.

No se movieron, solo se quedaron en esa posición un rato más, después de todo, nadie se muere por desayunar tarde.

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