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SEDIENDO A LAS PRESIONES

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SEDIENDO A LAS PRESIONES

Alexis entró a la habitación y azotó la puerta al pasar, gritó de frustración y lanzó su bolso al suelo, estaba lista para recogerlo y buscar sus antidepresivos cuando notó un movimiento de roejo, se volteó y suspiró de inmediato. No había peligro.

—¿Estás bien? —preguntó Liam, acercándose con cuidado, no deseaba alterarla más —Parece que fue un día largo —él llegó a su lado y puso sus manos sobre los hombros de ella.

—Si, bien, solo estoy estresada —suspiró, muy agradecida con los mimos.

Pero Liam se rio. No fue positivo en esta ocasión, parecía más bien el tipo de risa sarcástica.

—¿Qué? —ella musitó, repentinamente tensa.

—Nada —negó, no quería generar un problema.

—Dime.

Pero ella insistió. Alexis estaba lo suficientemente tensa con todo.

—Es solo que —dudó por un momentito, pero continuo, tal vez era hora de enfrentar la situacione —esa es tu respuesta todo el tiempo —volvió a reírse sin humor —y cada vez creo menos que ese sea el motivo.

¿Qué decir en ese punto?

Alexis no deseaba tener esa conversación con Liam, aunque tampoco quería mantener la espina.

Dios.

Había sido un día tenso para Liam. De principio a fin.

Fue a América para visitar a su novia hace dos días y no pararon de discutir a partir de ese mal reencuentro. No han hablado desde entonces porque lo siguiente que hizo Liam pudo haberse pensado mejor.

—Podríamos comunicarnos mejor, ¿Sabes? —inclinó la cabeza, quería que ella sintiera su honestidad —Solo tienes que decirme la verdad —insistió una vez más.

—Es que esa es la verdad —su murmuro estaba cargado de sentimientos, ella se frotó la frente para tratar de sacarse el ceño fruncido que solo se profundizaba más a cada segundo.

—Ambos sabemos que no es cierto —negó, cruzando sus brazos sobre su pecho.

Liam estaba harto de que Alexis lo deje fuera todo el tiempo, como si él no tuviera que saber acerca de sus problemas.

—¡Entonces no sé que quieres que te diga! —exclamó, levantando sus brazos en el aire —¿Qué quieres oír?

—Quiero que me hagas parte de tu vida —exclamó, evitando gritar, pero claramente enojado —, no quiero que me cuentes lo bonito o divertido, quiero saber todo. —llevó sus manos hasta la cara de su novia y presionó suavemente sus mejillas para que lo viera —No me dejes fuera.

—Ahora soy yo la que no entiende, —murmuró, ya enfadada, soltándose del agarre de él —dices que no te deje fuera, pero eres tú el que lo hace.

—¿De qué hablas? —dejó caer sus brazos sin fuerza.

—Hablo de Simon, —murmuró, recuperando su postura a la defensiva —de la gerencia y de toda su mierda, Liam, ¿¡Cómo no me dijiste!? —ella miró sus ojos, estaba intentando buscar alguna pista entre sus bellos ojos.

—¿Cómo lo sabes? —respondió en pregunta después de un rato, cortando el pequeño silencio que se había formado.

—¿Y eso qué importa? Quiero saber por qué nunca me lo dijiste —exigió, apuntándolo con la mano e inclinando su cabeza.

—Tenía un contrato de confidencialidad, Alexis no podía decírselo a nadie —trató de razonar, podía sentir el peso de la culpa cayendo a sus hombros nuevamente, de verdad tuvo que decirle cuando pudo.

—¿Yo soy nadie? —se le quedó mirando, por la mirada que él le daba podía saber que estaba sin palabras —¿Yo, tu novia, soy nadie? —se apuntó y lo apuntó a él, acusadoramente —¿No creíste que querría saberlo?

—No quería preocuparte por algo que no podría cambiar.

—No puedo creer que me mintieras así. Eso fue tan egoísta de tu parte

—¿Qué querías que hiciera? Dímelo y lo hago —él también perdió la paciencia.

Bien. Todo lo que pudo salir mal, salió mal.

Sabía que Alexis tenía un carácter de temer. Desde el principio lo supo, es decir, no tenía que verla enojada para saber que era una chica ruda. Y siempre amó en ella que supiera defenderse y que no necesitara a nadie que la protegiera, sin embargo, jamás creyó que ella le hablaría así.

Fue tan shockeante.

Alexis fue tierna y gentil con él, procurando ser atenta y amorosa, ella era la chica que nunca lo defraudaba y nunca lo abandonaba. Ahora su mente estaba en una especie de reinicio, porque no entendía bien su forma de perder los estribos con él.

Si él nada más quería que se comunicaran, quería que hablaran, que se sinceraran y pusieran las cartas sobre la mesa. No importaba que ella se lo jurara, Liam sabía que algo no estaba bien, había que ser un ciego para no verlo. Lo que más quería era que ella le dijera que estaba mal, que confiara en él para ayudarla a solucionar las cosas, pero ella no lo hacía. Nunca solucionaba nada, prefería ponerlo debajo de un tapete en lugar de enfrentar ese problema.

No es que ella sea cobarde, es una de las personas más valientes que conoce, puede ser que no sepa resolver dilemas amorosos por sus malas experiencias con los chicos. Alexis simplemente evitaba lo que sabía que podría generar un problema; no lo hablaba, aunque si que lo pensaba, lo pensaba todo el tiempo, todo el día, se ahogaba en un vaso con agua.

Y no le permitía entrar.

¿Cómo ayudas a alguien que no quiere ayuda?

La cabeza estaba por explotarle.

—¿Todo bien, Payno? —el cuerpo de Zayn se dejó caer a su lado, traía una botella con agua en la mano y su teléfono en la otra —Luces fatal —medio bromeó.

—No, discutí con Alexis y ahora no hablamos —murmuró sin humor, ni sonrisa o expresión, ignorante de que el resto de los muchachos comenzaron a llegar, ni siquiera vió cuando Zayn les pidió silencio —, y lo peor de todo es que estoy furioso con ella.

—¿Por qué estás furioso? —preguntó el chico de Bradford, realmente intrigado y preocupado.

—Porque ella... —se debatió mentalmente si debía contarles sobre sus problemas de relación —Tiene la costumbre de evadir los problemas, —reveló finalmente, frotándose los ojos —nunca quiere decir cuando algo le molesta o si le pasa algo, siempre quiere... —se calló y negó.

—¿Qué quiere? —intervino Louis, sentándose más cerca de los dos muchachos.

—Siempre quiere tener el control de las cosas —respondió en medio de un suspiró, demostrando todo su agotamiento mental —, asegurarse de que nada saldrá mal y evita las discusiones que podrían terminar mal.

—¿Eso no es bueno?

—No cuando no lo habla, se calla y lo entierra, jamás quiere hablarlo conmigo —suspiró y pasó una mano por su cabello.

—¿Has intentado acercarte a ella? —sugirió Harry con una bella sonrisa llena de positivismo, al lado de un Louis ansioso.

—Si, y luego discutimos, ¿Dónde han estado los últimos dos minutos?

—Hey, no tienes que hablarle así —Louis defendió su pareja, fruncía el ceño y hacía una mueca.

—Está bien —murmuró Harry.

—Lo siento... Ya me voy.

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