➽ "Era demasiado joven para saber que lo tenía todo contigo"
Muchas cosas pueden pasar si tienes diecinueve años y una carrera musical en Hollywood. La vida como rockstar puede ser complicada si te enamoras de alguien que pertenece al mismo medio. P...
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SIN TIEMPO PARA ADOLECER
El cinco de Octubre fue su último concierto en Edmonton, luego de eso su vuelo estaba programado para dos horas más tarde, tenía tres días antes el siguiente concierto en Tampa.
No había tiempo de ser cautelosos y planear su viaje con el mayor misterio posible como siempre, la mañana del seis de Octubre los paparazzi y fans la captaron mientras salía del aeropuerto en Jackson.
Y ella entró en pánico, se metió a la sala privada y no salió de ahí hasta que le aseguraron que lograron vaciar un camino por el que pudiera salir a salvo. Se ocultó en su capucha y gafas, y solo con el respaldo de Tyler se atrevió a salir. Una camioneta idéntica los seguía, dentro llevaba a algunos guardaespaldas.
En la seguridad de la camioneta polarizada, hizo una llamada.
—¿Steve, dónde están? —omitió el saludo inconscientemente.
—¿Eh? ¿En la casa? —dudó, entendía que tenía la voz raspada —¿Por qué?
—Acabo de llegar a Medford, —explicó rápidamente —¿Los veo en casa?
—Ah, si, claro —tartamudeó el chico.
—Bien.
Esos cuarenta minutos fueron los más intensos desde el conteo para su primer concierto. En la entrada de su casa habían mucho autos estacionados y pudo reconocer las figuras de los hermanos y padres de su padre en el porche.
—Señorita Blake, me parece que debería arreglarse un poco, para no preocupar a su familia.
—No hay tiempo, Tyler.
Sabía que se refería a la falta de maquillaje en su rostro, que estaba pálido y parecía un papel por lo blanco que lucía.
Alexis solo abrió la puerta y salió, pero no se movió un paso adelante, no fue hasta que escuchó a Tyler abrir la cajuela que reaccionó, entonces sacó su bolso y comenzó a caminar, sabiendo que Tyler la seguía con sus maletas atrás.
—No puede ser —su tía Esther se cubrió la boca al notarla acercarse.
Su tío y abuelos voltearon siguiendo su mirada y, por sus expresiones, fue muy claro que estaban igual de sorprendidos que su tía.
—¡Princesa! —la abuela Laura le dio el alcance a mitad del camino y la envolvió en sus brazos —Mi amor, ¿No estabas en Canadá, cielo?
Sus tíos y el abuelo llegaron con ellas.
—Regresé esta mañana, —respondió, con la voz ahogada contra el cuello de la mujer —tengo unos días antes de Tampa y tenía que venir —se separó, observó a la parte paterna de su familia.
—A los años, sobrina —fue su tío Christopher el que habló, el hermano mayor de su padre.