CIII

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El lazo era simplemente hermoso. La mordida que Harry había dejado en el cuello de Louis era perfecta, una marca clara de su unión. Harry no podía estar más orgulloso, sabiendo que ahora eran uno, unidos por algo mucho más fuerte que palabras. Esa sensación de pertenencia y protección lo envolvía mientras observaba a Louis moverse por la cocina.

Verlo así, con una de sus camisetas que le quedaba grande en los hombros, dejando al descubierto la marca, lo llenaba de una satisfacción difícil de describir. Esa camiseta, desgastada y de un color neutro, caía sobre Louis de manera casi casual, y aunque su vientre estaba abultado por el embarazo, se veía increíblemente cómodo, hermoso. La mordida resaltaba en su cuello, un recordatorio visual del vínculo que compartían, algo que Harry adoraba ver.

Louis, con una mano descansando en su vientre, masajeaba lentamente la zona tensa de su piel, en un gesto de cuidado y amor hacia su cuerpo y el pequeño que crecía dentro. Mientras lo hacía, preparaba un té con movimientos tranquilos, como si todo el mundo fuera más lento, más suave.

Harry se apoyó en el marco de la puerta, sin querer interrumpir la escena, simplemente observando a su omega. Había algo tan íntimo y cálido en ese momento, que su corazón se sintió lleno hasta rebosar. Cada detalle, desde la forma en que Louis tocaba su vientre hasta cómo el vapor del té ascendía lentamente en el aire, le recordaba lo afortunado que era de tener a Louis en su vida, de haber construido esa familia que tanto soñaban.

Se acercó silenciosamente, envolviendo a Louis en un suave abrazo desde atrás, posando sus manos sobre las de él, justo donde estaba el bebé.

—Te ves perfecto —susurró Harry contra su oído—. Nuestra vida es perfecta.

Louis sonrió al sentir los brazos de Harry rodearlo por detrás, sus manos cálidas sobre las suyas, descansando sobre su vientre. El aroma de Harry lo envolvía, dándole esa seguridad que tanto necesitaba. El sonido suave del té burbujeando y el crujir de la madera bajo sus pies completaban la escena perfecta de calma que compartían.

—Me haces sentir perfecto —respondió Louis, inclinando ligeramente la cabeza hacia el hombro de Harry, dejándose llevar por la tranquilidad del momento—. Nunca pensé que me sentiría así... tan completo.

Harry besó suavemente la marca que aún brillaba en el cuello de Louis, el símbolo de su vínculo más fuerte que nunca. Cerró los ojos, disfrutando el contacto, sintiendo cómo sus corazones latían en sincronía. Todo parecía tan natural, como si hubieran sido hechos el uno para el otro, y ahora el mundo finalmente estaba alineado con ese hecho.

—Ojalá pudiéramos quedarnos así para siempre —murmuró Harry contra su piel, pero algo en su mente lo hizo recordar que el día no estaba completamente libre de responsabilidades—. Pero... cariño, tengo que buscar a nuestros padres en el aeropuerto.

Louis se tensó un poco, recordando lo que había olvidado por completo. Anne y su padre estarían llegando en cuestión de horas, y a pesar de lo emocionado que estaba por verlas, había una pequeña parte de él que temía cómo reaccionarían a la noticia de su embarazo y la unión que habían consolidado.

—Es cierto... ya casi es hora —respondió, aunque no pudo evitar una pequeña risa nerviosa—

Harry giró a Louis para mirarlo a los ojos, su expresión llena de ternura y tranquilidad.

—No te preocupes. Lo entenderán. Nos apoyan, siempre lo han hecho.

Louis asintió, mordiéndose el labio mientras acariciaba de nuevo su vientre.

—Espero que tengas razón.

Harry besó su frente suavemente y sonrió, acariciando el rostro de Louis con el dorso de sus dedos.

Erotic MelancholiaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora