—Va uno, faltan quince —contó en voz baja mientras depositaba cuidadosamente su botín dentro de una caja oculta en un compartimento secreto en el suelo, camuflado bajo un viejo tapete de diseño gastado. La trampa era perfecta: nadie sospecharía que allí se escondía algo de tanto valor.
La voz de Zip resonó en su comunicador con su habitual tono burlón y confiado.
—Vaya, es increíble. Ese lugar tenía muchísima seguridad. Tienes suerte de tener a tu leal y sumamente atractivo hacker cuidando tus narices.
—¿Atractivo? —cuestionó ella, arqueando una ceja con escepticismo.
—Solo admítelo, soy irresistible.
Ella soltó un suspiro exasperado. Zip era un genio, nadie lo negaba. Sus habilidades como hacker la habían salvado en más de una ocasión, pero su ego... era otra historia. Podía agotar la paciencia de cualquiera.
—Ah, casi lo olvido: tu padre envía saludos —agregó Zip con un tono más informal.
—Mándale besos de mi parte —respondió con ligereza mientras colocaba el tapete sobre el compartimento, ocultando de nuevo la entrada. Luego se incorporó y estiró los hombros.
—¡¿Y qué hay de mí?! ¿No hay ningún beso para mí?
Rodó los ojos, ignorando el comentario.
—¿Cuál es el siguiente blanco? —preguntó con firmeza, volviendo al foco de la misión.
—Una tienda de antigüedades en la Caverna Comercial —contestó Zip. Sabía que no debía insistir. Ella tenía sus límites, y uno de ellos era su tolerancia a las bromas en momentos serios.
—¿Alguna noticia del Shane?
—Nada, pero después de hoy... ándate con ojo.
—Bien. Estoy segura de que él se convertirá en una molestia tarde o temprano.
Hubo un breve silencio en la línea, luego Zip no pudo evitar insistir:
—¿Vas a contarme por qué tanto misterio con el Shane? Ese tema me tiene dando vueltas. ¿Por qué tanto interés en él? Nunca has estado en ese lugar, así que no entiendo por qué tanta reserva.
—Tú solo limítate a hacer tu trabajo, Zip —ordenó con voz firme y sin dejar espacio a discusión.
—Descuida. Eres casi imposible de detectar. Y si alguien intenta rastrearte, lo sabré al instante. Mmmm... yo que tú esperaría un poco. Dos robos seguidos levantarían sospechas.
—No, Zip. Quiero acabar con esto lo más rápido posible.
El plan era simple: entrar, salir, sin levantar demasiada atención. Cuanto más tiempo pasara allí, más aumentaban los riesgos. No podía permitirlo. Todavía necesitaba saber si su nueva amenaza era real... o solo una falsa alarma. Y había una manera de averiguarlo.
—¿Tienes lo que te pedí?
—Lo estoy enviando a tu PDA —confirmó él con rapidez.
—Bien. Descansa, Zip. Es todo por hoy.
—Descansa, preciosa.
***************
—Vaya, es un honor tener a la banda de Shane en mi humilde morada —exclamó el señor Ricobich abriendo los brazos con teatralidad mientras sonreía con agrado al verlos.
—Buenas noches, señor Ricobich —saludó Eli con cortesía.
—Supongo que están aquí por mi alerta de robo.
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Secretos de un Shane
FanfictionComenzó a acercarse a la puerta hasta que distinguió la voz de una persona murmurar. -Lo siento, Will Shane, pero ya no puedo seguir callando esto. Tu hijo merece saberlo. Un segundo... ¡¿Qué acababa de decir?! -¿Profesor?- habló Eli, quién ya había...
