CAPÍTULO 57

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Media hora de Cornualles a Surrey. La noche ya había caído y el frío era cada vez más intenso.

Twila se había encargado de resguardar la empuñadura de la espada en una caja sellada que iba en la parte trasera de la furgoneta junto con la banda y el profesor.

Vladimir parecía ya más calmado después del susto de haber sido secuestrado por uno de los mercenarios de Rutland.

No había esperado que esos mercenarios de pacotilla la sorprendieran en la entrada del museo. ¿Pero qué esperaba? Ya le había parecido demasiado extraño que ni Samantha ni Rutland la hubieran apercibido desde su salida de Kazajistán. Y ahí estuvo su respuesta.

Pero aquello, al fin y al cabo, había sido un imprevisto menor. Lo que no lograba comprender era qué rayos pintaba la tal Llave de Ghalali en todo el embrollo.

Desde que se enteró de su existencia había estado exprimiéndose los sesos para intentar averiguar qué cosa era esa llave.

Mucho antes de si quiera ir a Bajoterra investigó todo lo relacionado con la espada, todas las leyendas y mitos, toda su mitología, y nunca encontró absolutamente nada acerca de esa llave. Y para lo que a ella concernía, aquella cosa no existía. Así que no tenía idea de cómo o dónde proceder.

Y mucho peor, por qué estaría en África en primer lugar.

¡Es que simplemente no tenía sentido!

El templo en Ghana no tenía conexión alguna con el mito artúrico, y aunque la espada estuviera en funcionamiento mucho antes de Arturo, tampoco observó nada que le indicara que alguna cultura africana la usara.

Los días anteriores había hablado con su padre, y él le contó que su viaje a aquel lugar había sido por mera diversión. Una en la que Miranda había perdido su preciado broche. Uno que, para variar, había reemplazo con una piedra circular artísticamente decorada que su madre había encontrado semienterrada entre el polvo de varios miles de años, y qué, para rematar, se había perdido en Nepal.

Twila había creído que al solo juntar las cuatro piezas la espada quedaría otra vez ensamblada. Pero ya no estaba tan segura.

¿Y si realmente necesitaba de aquella llave?

¿Cómo le diría a Eli que ya no sabía de alguna otra manera de ensamblarla y acceder a Ávalon?

¿Cómo le diría que todo el tiempo estuvieron buscando algo que de todos modos no iba a funcionar?

¿Cómo se tomaría él la noticia de que tal vez ya no podría encontrar a Will Shane?

«¡Maldita sea!».

**********

«Diselo», pensó, «los secretos son destructivos y perderás su confianza», no podia silenciar la voz de su cabeza, y lo peor era que Eli sabía que su conciencia tenía razón.

Ya no quería seguir guardándole aquel secreto a Twila.

Tenía que decirle que estaban interviniendo la línea.

No sabía cómo se lo tomaría, pero ya no quería seguir guardándose aquello. No cuando ella ya le había demostrado su confianza.

Secretos de un ShaneHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora