Tres días habían transcurrido desde que la banda visitó la biblioteca de Colina Topo. En ese corto pero intenso lapso, se habían registrado dos robos más: uno en la bulliciosa Caverna Comercial y otro en la tranquila y remota Caverna Campo Callado.
En ambos casos, el objeto sustraído era idéntico al que desapareció de la mansión del señor Ricobich: una enigmática reliquia, aparentemente sin valor aparente. Lo más inquietante de todo era que, al igual que en el primer caso, ninguna cámara de seguridad captó al responsable. Era como si el ladrón se desvaneciera entre sombras, como si se tratase de un espectro imposible de rastrear.
La banda estaba desconcertada. La naturaleza del ladrón, su objetivo y su forma de actuar desafiaban toda lógica. La pregunta persistente era: ¿por qué alguien se tomaría tantas molestias por algo que, supuestamente, no valía nada?
Durante esos días también hubo avances. Kord logró contactar al profesor Ian Cromwell, un eminente experto en lenguas antiguas e historia, reconocido por su labor en la Universidad Babosaturia, ubicada en la Caverna Futuria. Para alivio de todos, el académico accedió a ayudarlos con el misterioso libro que hallaron en Colina Topo.
La banda llegó temprano por la mañana a la universidad, un imponente edificio de arquitectura clásica mezclada con tecnología subterránea avanzada. Tras una breve conversación con la rectora, quien les indicó que el profesor se encontraba en la biblioteca del campus, comenzaron a recorrer los largos y silenciosos pasillos.
El lugar tenía un aire solemne, con estanterías que se alzaban hasta el techo y una iluminación suave que confería al entorno un ambiente casi mágico. Al llegar frente a la puerta de la biblioteca, Eli llamó suavemente.
—Pase —respondió una voz desde el interior.
Eli empujó la puerta y entró, seguido de cerca por el resto de la banda.
—Buenos días, profesor —saludó con respeto al ver al hombre mayor, de unos sesenta años, cabellos canosos y rostro sereno, sumergido entre un mar de libros.
El profesor Ian Cromwell levantó la mirada, se puso de pie y caminó con paso tranquilo hacia ellos.
—Buenos días, banda de Shane. Supongo que están aquí para que los ayude con el libro que encontraron en Colina Topo.
—Así es. Kord dijo que usted podría ayudarnos —respondió Eli, mientras sacaba cuidadosamente el libro de su mochila para entregárselo.
El profesor lo recibió con visible interés. Abrió el volumen con delicadeza, como si se tratara de un objeto sagrado, y comenzó a revisar sus páginas con atención.
—Hmm... Esta es una escritura muy compleja, pero sin duda, pertenece a las Gemas —murmuró mientras sus ojos se movían de símbolo en símbolo.
—¿Usted sabe algo sobre ellas? —preguntó Eli, esperanzado. Cada vez sentía más curiosidad por aquella misteriosa especie. Para alguien que había crecido devorando historias de ciencia ficción, la idea de criaturas con poderes avanzados y artefactos ocultos era fascinante.
—Sé lo mismo que el resto del mundo —respondió Cromwell con tono serio—. Las Gemas son un enigma. Seres muy antiguos, creadores de artefactos poderosos que decidieron desaparecer sin dejar rastro. Los pocos objetos que dejaron fueron ocultados tras trampas mortales, como si quisieran que jamás fueran encontrados.
—Tenemos la esperanza de que este libro nos ayude a hallar alguno de sus artefactos. Y en cuanto a las trampas... —Eli se frotó la barbilla con una leve sonrisa confiada—. Estoy seguro de que podremos con ellas —afirmó. Burpy, posado en su hombro, asintió enérgicamente con su pequeña cabeza.
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Secretos de un Shane
FanfictionComenzó a acercarse a la puerta hasta que distinguió la voz de una persona murmurar. -Lo siento, Will Shane, pero ya no puedo seguir callando esto. Tu hijo merece saberlo. Un segundo... ¡¿Qué acababa de decir?! -¿Profesor?- habló Eli, quién ya había...
