CAPÍTULO 82

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Cada palabra que leía lo intrigaba y lo molestaba más de lo que ya estaba.

-¿Pero en qué está metido este mocoso? -preguntó.

-No hay forma de saberlo. Los registros están totalmente limpios. Lo único que pude conseguir son rumores sin fundamentos -le respondió Marc.

Adrián arrugó el entrecejo y volvió a mirar los informes, que no habían llegado a sus manos de forma meramente legal, y fotografías de aquella familia. ¡Y le molestaba saber que ellos eran, sino igual de adinerados que él, tal vez lo eran más!

Dirigió la mirada a los papeles. Especialmente a los que hablaban de esa mujer que venía acompañando a Eli.

-Una arqueóloga -dijo-. Apenas tiene dieciocho y ya tiene grandes reconocimientos en este sector. ¿Cómo es eso posible?

-Esa mujer tiene bastantes contactos, y su padre los tiene aún más. Intenté investigar todo lo que pude, pero todo dato anterior a hace una década es confuso.

Adrián levantó la mirada.

-¿A qué te refieres?

-A que la información es verdaderamente exigua. De él solamente encontré que inició como microempresario en el mundo del vino. Su marca creció en popularidad en pocos años. Fue profesor tres años en un instituto de alto prestigio en Inglaterra. Uno en el que solo asistían los miembros de la nobleza inglesa y no tardó en demostrar ser un gran arqueólogo, pero en cuanto a dónde estuvo esa pequeña empresa, quiénes son sus padres, en dónde nació. De eso no se sabe nada.

Adrián se exasperó:

-¿Y de ella?

-Nada salvo que fue adoptada por él cuando ella tenía ocho años. Y como era lo esperable, siguió sus pasos.

-¿Es adoptada?

-Eso indican los papeles de adopción.

-Curioso. Si este sujeto ya tiene una hija, ¿por qué adoptar otra mujer y no un varón? Es algo extraño. Pero pensándolo bien, una mujer es una buena alternativa para un matrimonio por conveniencia. Quizá este sujeto pensó a futuro...

-Tal vez, pero no creo que el tal Richard Croft esté interesado en casar a ninguna de sus hijas.

-¿Por qué?

-Porque las dos ya han recibido varias de esas propuestas, y si no los rechazan ellas, entonces los rechaza él.

Adrián cada vez se sentía más intrigado. Rio. Supo en ese mismo instante que sus objetivos principales eran esas dos personas. En cuanto a la tal Aurora y a la esposa del tal Richard, no tenían gran peso para él... todavía.

-Tal vez entiendo a este sujeto. Lo más seguro es que no le haya llegado una propuesta lo suficientemente beneficiosa como para que tuviera el interés de aceptarla -tomó un sobre con varias fotografías, las sacó y observó a detalle las fotografías de la mujer extraña de ojos azules-. Vaya adopción esta -tomó en la otra mano una fotografía de Richard Croft-. Y vaya padre que es este tipo. La mujer no solo da tumbos por el mundo como un gamberro, sino que también tuvo la valentía de enlistarse en el Ejército Británico. Recuérdame por qué salió.

-Lo información general dice que por recoger al Primer Ministro en un tanque. Aunque...

-Aquí dice que por sucesos extraños que sucedían alrededor de ella y que terminó asustando a sus superiores -lo cortó el tomando otro documento.

Marc intentó agregar algo más. No pudo, soltó el aire y dijo:

-Así es.

Adrián tomó otra carpeta.

-Pero resulta que toda esa información. Todo lo que podría resultarme útil... -tomó la primera hoja, la levantó y se la mostró a Marc-. Clasificado -añadió-. Fíjate. No me han dejado acceso a muchos detalles sobre ella. Información delicada, dicen. Secretos de Estado, dicen. Clasificado. Secreto. Censurado -cerró la carpeta de golpe-. ¿Quién o qué es ella, Marc?

Marc dejó escapar el aire. Esa situación ya estaba comenzando a estresarlo.

-Alguien peligroso. Ella y el padre.

-¿Ah, sí? -le respondió Adrián súbitamente calmado-. Me los estás pintando como si fueran inmortales. Y gracias al cielo, hay muchas maneras de lidiar con gente como nosotros.

-No lo entiendes, Powell. Esa gente no creo que sea fácil de sacarla del camino. Y esa mujer. Ella, por lo que pude averiguar, conoce a demasiada gente. Y no hablo de policías y políticos, aunque también los tiene. Habló de gente muy peligrosa. Maleantes, matarifes y mafiosos.

Adrián rodó los ojos.

-No seas exagerado. ¿No viste lo insignificante que se mira ella? Puede que haya tenido la suerte de ser adoptada por esta persona. Incluso tal vez por puro capricho de la esposa para que su otra hija tuviera compañía. Pero es más que evidente que sus logros solo son producto del capricho y de lo consentida que seguramente este tal Richard la tiene. Mira que comprarle un abogado como el que tiene -rio-. Estoy más que seguro de que Eli debe ser otro de sus caprichos. La diferencia de edad entre los dos no es tanta y el mocoso no tiene tan mala apariencia. Quizá Eli, como el muerto de hambre que es, se ha rebajado a ser su gigoló personal a cambio de que le peleé esa tonta emancipación.

-¿Estás seguro de eso?

-¿Qué más interés puede tener una mujer rica que no sea uno sexual? Y viéndola a detalle, dudo mucho que a Eli le cueste demasiado acostarse con ella. ¡Qué digo! Si Richard tiene dos hijas. No hay duda de que este niño ha estado muy ocupado -soltó una carcajada-. Ahora entiendo por qué llegó tan adiestrado al juzgado. Esta jovencita debe de tenerlo bien educado.

-¿Y qué vas a hacer ahora?

-A ella nada. Puede que me resulte útil si es que consigo que el testarudo de mi hijo vuelva a Canadá. Un matrimonio de esta magnitud no se puede desaprovechar. Pero sí necesito que ella deje de intervenir en mis propósitos. Perder esa casucha no me interesa, sin embargo, no puedo dejar que se lleven ningún documento que me pueda interesar. Quiero descubrir qué es eso que los Shane ocultan. Y si Eli, haciendo gala de lo que sea que esa chica vio en él, la convence de vaciar esa propiedad. Eso sí me haría enfadar.

-¿Entonces?

-Entonces me desharé de Eli y a ella le daré un buen susto para que vuelva a Inglaterra. Luego de eso descubriré por qué los Shane desaparecen constantemente, y una vez lo sepa, arreglaré con el padre de esa mujer el que mi hijo se case con ella.

-¿Y si Iker no quiere volver? Recuerda que tu relación con él no es tan buena.

Adrián sonrió.

-Un matrimonio así no se puede desperdiciar. Si Iker no quiere casarse con ella, no veo por qué yo no pueda hacerlo. Al fin y al cabo, necesito una esposa. Y a pesar ser una consentida; es guapa, lista y adinerada. Justo lo que necesito.

-¿Y la diferencia de edad?

-Eso no es problema. Hablaré con ella primero. Si no la convenzo, hablaré con el padre y le propondré algo que no pueda rechazar. Se ve que esta chica lo obedece a rajatabla -sonrió-. Estoy seguro de que aceptará. Y si luego mi hijo se niega, no me disgustará cansarme yo con ella.

Secretos de un ShaneHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora