La tutela de Candice White Ardlay ha sido revocada por su tutor en favor de su padre biológico. Neal está buscando cobrarse su venganza y Arthur Mc Bride sigue obsesionado con destruir a su antiguo enemigo de la universidad. No sólo busca arruinar...
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Edimburgo, 1850
Rory estaba esperando impaciente por el caballero que le había demandado una pieza junto con otras damas más veteranas. Sentada en una de las sillas dispuestas cerca de la pista de baile, intentaba disimular sus sentimientos mientras respondía con comentarios insulsos a las observaciones superficiales de las mujeres sobre los atuendos de los bailarines que evolucionaban sobre la inmensa pista de baile de aquel majestuoso palacio. Se había apostado en una posición estratégica, cerca de sus padres y lo suficientemente alejada de miradas indiscretas. Desde allí podía observar a los integrantes de la orquesta y evitar ser molestada por otros jóvenes ansiosos por ganar sus favores.
Miró su carnet de baile y se dio cuenta con el corazón en un puño de que la pieza comprometida con Jamie Bruce de Annandale era la siguiente. Aguardaba con ansiedad que su pareja de baile se aproximara a ella y la sacara a bailar aquel vals que tanto le gustaba.
De pronto, lo vio al fondo hablando con una chica muy hermosa y sintió una quemazón indescriptible. Preguntó a la dama que se sentaba cerca de ella y le susurró:
—Se trata de la heredera Poppy Seymour. Su familia está emparentada con la realeza...
Rory sintió una punzada de aprensión en el corazón. Era angustioso darse cuenta de la realidad.
Ella no tenía nada que hacer en cuanto a belleza y distinción. A su lado se sentía diminuta, insignificante. Cuanto más la miraba, más le dolía darse cuenta de su situación. Comparada con ella, Rory se sentía un adefesio. Su porte ya era de por sí impresionante y tenía que reconocer que hacían una bella pareja.
Desesperada, ocultó su turbación tras el abanico e intentó pensar en otra cosa. El corazón le galopaba en el pecho. Cuando la música empezó a sonar el joven que le había robado los pensamientos se acercó a ella y Rory contuvo el aliento incapaz de pensar con coherencia.
—Me había prometido este baile ¿ Recuerda?—le dijo mirándola intensamente.
Rory contempló la expresión impasible de sus padres que observaron discretamente la escena y se mordió los labios indecisa.
Pero su corazón habló por ella.
—Sí, por supuesto...—dijo levantándose con una brusquedad impropia de una dama, consciente del poder que aquellos ojos ejercían sobre ella.
El joven la observaba con la diversión escrita en su atractivo rostro.
—Bien, pues vayamos a la pista, milady—sugirió ofreciéndole su brazo.
Murmullos se abrieron a su paso, bocas tapadas con abanicos, ojos llenos de malicia y envidia la torturaron por un instante. Rory sentía esos puñales en la espalda, pero no podía pensar en otra cosa que no fuera estar en los brazos de aquel hombre.