Capítulo 78: Flores de otoño III

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Candy se sentía débil y mareada cuando llegó a la mansión

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Candy se sentía débil y mareada cuando llegó a la mansión. Se apoyó en el brazo de Stephan, quien la sujetó antes de que que pudiera caerse.

—¡Candy...!—exclamó preocupado haciendo fuerza.

—Estoy bien...—dijo ella con un hilo de voz.

Su madre salió a recibirla angustiada y enfadada.

—¡Esta niña! Haber salido al jardín con la que estaba cayendo. ¡Me vas a matar de un disgusto...!— recriminó Clarice pálida mientras se les acercaba y le tocaba la frente a su hija.

La princesa Ada y el abuelo también acudieron.

—No la juzgues tan duramente, Clarice. Tu niña estaba sufriendo mucho. Las emociones han debido traicionarla y solo necesitaba tomar un poco de aire, nada más — Dijo Ada mientras observaba preocupada el rostro enrojecido de la muchacha.

James meneaba la cabeza con desaprobación.

—Ha sido tan impulsiva que no ha tenido en cuenta la tormenta...— reprochó sin disimular su malestar.

La joven sentía que le zumbaban los oídos y las voces de sus familiares la molestaban.

—No importa, estoy bien, de veras. Ahora me voy a acostar ¿de acuerdo?

Dijo mientras subía las escaleras en dirección a su cuarto en el segundo piso.

—¿Seguro que estás bien, Candy?— inquirió su madre—. Me parece que tienes fiebre  —observó preocupada la mirada febril que le dirigió su hija.

Pero Candy negó con la cabeza e intentó que su voz sonara neutra.

—Seguro, mamá. No me pasa nada, ya sabes que soy enfermera, que soy fuerte y que no soy dada a enfermar —afirmó mientras se despedía con la mano y subía la escalinata de mármol que daba a las habitaciones de la segunda planta.

Se quedaron de brazos cruzados algunos, meneando la cabeza con disgusto otros, mientras Stephan se servía una copa de brandy y se sentaba en el sofá preguntándose de qué material estaba hecha aquella temperamental muchacha.

[***]


Necesitaba dormir, necesitaba olvidarse de todo. Sentía el cuerpo débil y su alma estaba aún peor. Los escalofríos pronto invadieron su cuerpo y ella se dijo que la próxima vez se abrigaría más. No era la primera vez que se mojaba por culpa de la lluvia y tampoco iba a ser la última.

" Todo se tiene que terminar ya... Tanta angustia me es insoportable. Mañana mismo le escribo una carta a ese descarado. Le diré todo lo que pienso de él, de su actitud conmigo. Aunque me rompa el corazón...", pensó tratando de contener las lágrimas.

Abrió la puerta de su habitación y las luces estaban encendidas.

"¡Qué extraño...!...", pensó mientras pasaba adentro.

Esmeraldas bajo un cielo sin nubes [Libro 2 ] Tu destino: Mi suerte  [Libro 3]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora