Hemos actualizado nuestras Pautas de Contenido.
Consulta las pautas más recientes para seguir compartiendo historias de forma segura.

capítulo 2,2

253 3 3
                                        

En una montaña... Pero no sólo vivian en esa montaña, sino también de ella, por que se la iban comiendo poco a poco. Se alimentaban de rocas. Afortunadamente, eran muy frugales y un solo bocado de ese alimento, para ellos sumamente nutritivo, les bastaba para semanas y meses. Ademas, no habia muchos comerrocas y, por otra parte la montaña era muy grande. Pero como aquellos seres vivían allí desde hacía mucho tiempo- eran mucho mas viejos que la mayoría de las criaturas de fantasia -la montaña, con el paso de los tiempos, habia adquirido un aspecto muy raro. Parecía un gigantesco queso de  emmental lleno de agujeros y cavernas. Sin duda por eso la llamaban la montaña de los túneles.
  Pero los comerrocas no sólo se alimentaban de piedras, sino que hacían de ella todo lo que necesitaban :muebles, sombreros, zapatos, herramientas..., hasta relojes de cuco. Y por eso no resultaba muy sorprendente que aquel comerrocas tuviera detras una especie de bicicleta totalmente hecha del material citado, con dos ruedas que parecian robustas piedras de molino. En conjunto, la bicicleta parecía una apisonadora con pedales.
  El segundo personaje que se sentaba ala derecha de la hoguera era un pequeño silfo nocturno. Como mucho, era dos veces mayor que el fuego fatuo y parecía una oruga negra como la pez, cubierta de piel, que se había puesto de pie. Gesticulaba vivamente al hablar, con sus dos diminutas manitas de color rosa, y alli donde, bajo unos pelos negros y revueltos debia de tener la cara, ardían dos grandes ojos, redondos como la  lunas.
  Silfos nocturnos, de las formas y los tamaños más variados, habia en fantasia por todas partes y, por eso, no se podia saber a primera vista si aquel habia llegado de cerca o de lejos. De todos modos, parecía estar también de viaje porque la montura habitual de los silfos nocturnos -un gran murciélago -corgaba boca abajo, envuelta en sus alas como un paruaguas cerrado, de una rama situada detrás de él
  Al tercer personaje del lado de la hoguera sólo lo descubrió el fuego fatuo al cabo de un rato, porque era tan pequeño que, desde aquella distancia sólo podia verse con dificultad. Pertenecia a la especie de los diminutenses y era un tipejo muy fino, con un trajecito de colores y un sombrero de copa rojo en la cabeza.

la historia  sin finHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora