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capítulo 2,6

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El lugar se hizo cada vez mayor. Cada vez faltaba algo más en la región. El supersapo sumpf, que vivía con su pueblo en el lago de calidocaldo, desapareció de repente. Otros habitantes comenzaron a huir. Pero poco a poco empezó también en otros lugares de podrepantano. A veces era al principio muy pequeño, una cosa de la nada, del tamaño de un huevo de gallina pero esos lugares se ensanchan. Si alguien, por descuido, ponia el pie en ellos, el pie... O la mano... O lo que hubiese entrado allí desaparecia también. Por lo demas, no es doloroso...  Lo único que pasa es que, al que sea, le falta un pedazo. Algunos hasta se han tirado dentro intencionalmente, al ver que la nada se les acerca demaciado. Tiene una fuerza de atracción irresistible, que se hace tanto más intensa cuanto mayor es el lugar. Ninguno de nosotros podia explicarse qué era cosa horrible, de donde venia ni que se hacer contra ella. Y, como por si sola no desaparecía, sino que se extendía cada vez más, finalmente se decidió enviar un mensajero a la emperatriz infantil para pedirle consejo y ayuda. Y ese mensajero soy yo.
  Los otros tres miraban ante si en silencio
  -¡huyhuy! -se oyo decir al cabo de un rato a la voz lastimera del silfo nocturno -alli de donde yo vengo ocurre exactamente lo mismo. Y estoy aquí con la misma misión... ¡huyhuy!
  El  diminutense volvió el rostro hacia el fuego fatuo. -cada uno de nosotros -gorjeó- viene de un pais distinto de fantasía. Nos hemos encontrado aquí por pura casualidad. Pero todos traemos el mismo mensaje para la emperatriz infantil.
  -lo que quiere decir -gimio el comerrocas- que fantasía entera está en peligro.
  El fuego fatuo los miro uno tras otro, con un susto de muerte.
  -entonces -exclamó poniéndose de pie de un salto-, ¡no hay tiempo que perder
  - de todas formas, íbamos a marcharnos ya -explicó el diminutense-. Solo habíamos hecho un alto a causa de la impenetrable oscuridad de este bosque de haule. Pero ahora que esta con nosotros blubb, podra iluminarnos.
  -imposible -exclamó el fuego fatuo- no puedo esperar a alguien que monta en un caracol.
  -¡pero si es un caracol de carreras! -dijo el diminutense un tanto molesto.

la historia  sin finHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora