Bastian se preguntó cuánto tiempo podía aguantar un hombre sin comer ¿Tres dias? ¿Dos? ¿Se sentían alucinaciones ya al cabo de veinticuatro horas? Bastian contó con los dedos el tiempo que llevaba allí. Diez horas o incluso algo más. ¡Si se hubiera guardado el bocadillo del colegio o, por lo menos, la manzana!
Al tembloroso resplandor de las velas, los ojos de cristal del zorro, la lechuza y la enorme águila real parecían casi vivos. La sombras de los animales se agitaban enormes en la pared del desván.
El reloj de la torre dio siete campanadas.
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Atreyu salió otra vez a la calle y vagó sin rumbo por la ciudad. Ésta parecía muy grande. Atravesó barrios en donde en todas las casas eran pequeñas y bajas, de forma que, de pie, llegaba al arelo de los tejados, y otros barrios en donde se alzaban Palacios de muchas plantas y fachadas decoradas con estatua. Sin embargo, todas esas estatuas representadan esqueletos o figuras demoníacas que, con sus rostros grotescos, miraban fijamente al solitario vagabundo.
Y entonces se quedó de pronto clavado en el suelo.
En algún sitio, muy cerca sonó un aullido ronco y gutural que parecía tan desesperado, tan inconsolable, que a Atreyu se le partió el corazón. Todo el.abandono, toda maldición de las criaturas de las tinieblas estaban en aquel lamento, que parecía no querer acabar nunca y era devuelto como un eco por los muros de edificios cada vez más lejanos, hasta que finalmente sonó como una manada dispersa de gigantescos lobos.
Atreyu se dirigió hacia aquel sonido, que se hizo cada vez más suave y se extinguió por fin en un ronco sollozo. Pero tuvo que buscar algún tiempo. Atravesó una entrada, llego aun patio y sin luz, cruzó un arco y llegó por fin a un patio interior, húmedo y sucio. Y alli, encadenado ante un hueco del muro, habia un enorme hombre-lobo, medio muerto de hambre. Se le podia contar las costillas bajo la sarnosa piel, las vértebras de su espina dorsal sobresalian como dientes de sierra y la lengua le colgaba de las fauces semiabiertas.
Atreyu se acercó a él sin hacer ruido. Cuando el hombre-lobo lo vio, levantó con una sacudida su formidable cabeza. En sus ojos se encendió una luz verde.
Durante un rato, se miraron finalmente sin decir palabra ni hacer ruido alguno. Por fin, el hombre-lobo dejó oír un rugido suave, sumamente peligroso:
-¡Vete ¡Déjame morir tranquilo!
Atreyu no se movió. Igual de suave, respondió:
-He oído tu llamada y por eso he venido.
El lobo echó hacia atrás la cabeza.
-No he llamado a nadie -gruñó-: era mi lamento fúnebre.
-¿Quién eres? -Preguntó Atreyu, dando otro paso adelante.
-Soy Gmork, el hombre-lobo
-¿Por qué estás aquí encadenado?
-Se olvidaron de mí al marcharse.
-¿Quiénes?
-Los que me pusieron estas cadenas.
-¿Y a dónde fueron?
Gmork no respondió. Miró a Atreyu expectante, con los ojos semicerrados. Tras un largo silencio dijo:
-Tú no eres de aquí, pequeño extranjero, ni de esta ciudad ni de este pais. ¿Qué buscas?
Atreyu bajo la cabeza.
-No sé cómo he llegado hasta aquí. ¿Como se llama esta ciudad?
-Es la capital del más famoso pais de fantasía -digo Gmork-. Sobre ningún otro pais o ciudad corren tantas historias. Estoy seguro de que también tú habrás oído hablar de la ciudad de los espectros, en el pais de la gentuza, ¿no?
Atreyu asintió lentamente.
Gmork no había perdido de vista al muchacho. Le extrañaba que aquel chico de piel verde pudiese mirarlo tan tranquilo con sus grandes ojos negros sin mostrar ningún miedo.
-¿Y tú... quién eres tú? -Preguntó.
Atreyu pensó un poco antes de responder:
-Soy nadie.
-¿Qué quiere decir eso?
-Quiere decir que en otro tiempo tenía un nombre. Ese nombre no debe ser ya pronunciado. Por eso soy nadie.
El hombre-lobo descubrió un poco los labios, dejando ver su tremenda dentadura, lo que sin duda equivalía a una sonrisa. Conocía tinieblas del alma de todas clases y sentía que, de algún modo, estaba ante un igual.
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la historia sin fin
FantasyBastian Baltasar Bux es un chico tímido al que le encanta leer y tiene una portentosa imaginación. en un extraño libro averigua que el reino de fantasía esta en peligro y asombrado, lee que Bastian Baltasar Bux debe unirse a Atreyu, un vali...
