Como una brújula misteriosa. El signo habia dirigido su voluntad y sus decisiones en la dirección adecuada. Ahora en cambio era distinto: ya no había ninguna fuerza secreta que lo guiara.
Sólo para quedarse paralizado, se obligó a sí mismo a seguir a la comitiva de espectros, cuyo sordo tamborileo podía oírse aun ela lejanía.
Mientras avanzaba ligero por la niebla -teniendo cuidado siempre de mantener una distancia prudente con el último rezagado- intentó ver clara su situación
¿Por qué, ay, por qué no habría escuchado a Fujur cuando le aconsejó que volviesen inmediatamente a la emperatriz infantil? Le hubiera trasmitido el mensaje de Uyulala y le hubiera devuelto el esplendor. Sin AURIN y sin Fujur no podría llegar hasta ella, la emperatriz infantil lo esperaría hasta el último instante de su vida, confiando en que llegara creyendo que traería la salvación para ella y para fantasía... ¡pero sería en vano!
Eso sólo era ya suficientemente malo, pero peor era lo que había sabido por los gigantes de los vientos: que no habia fronteras. Si era imposible salir de fantasía, era imposible también pedir ayuda a una criatura humana de más alla de sus fronteras. ¡Precisamente porque fantasía era infinita, su fin era inevitable!
Mientras seguía andando a traspiés por el desigual empedrado, a través de los jirones de niebla, oyó mentalmente la suave voz de Uyulala y una minúscula chispa de esperanza se encendió en su corazón.
En otro tiempo habian llegado seres humanos a fantasía para dar a la emperatriz infantil nombres siempre nuevos y magníficos..., habia cantado Uyulala. Por lo tanto, ¡habia un camino para pasar de un mundo a otro!
<<Si no podemos, ninguno,
Ellos pueden al momento. >>
Si, ésas habian sido las palabras de Uyulala. Lo que pasaba era que los seres humanos habian olvidado ese camino. Pero ¿no podría ser que uno, solo uno, lo recordase otra vez?
El que para si mismo no hubiera esperanza no le preocupaba nada a Atreyu. Lo único importante era que una criatura humana oyese el llamamiento de fantasía y viniera... como habia ocurrido en todos los tiempos. Y quizá, ¡quizá alguno se habia puesto ya en marcha y esta en camino!
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-Si, si, -gritó Bastian. Se asustó de su propia voz y añadió más bajo:
-¡Yo iría a ayudaros si supiera cómo¡ No sé el camino, Atreyu. De veras que no lo sé.
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El sordo redoble del tambor y los estridentes pitidos habian callado y, sin darse cuenta, Atreyu se había acercado tanto a la procesión que casi tropezó con las últimas figuras. Como estaba descalzo, sus pasos no hacían ningún ruido... pero no fue eso lo que hizo que aquellas gentes no le hicieran caso. Hubiera podido saltar también con botas de suela de hierro y dar gritos, y nadie se hubiera preocupado.
Ya no formaban una comitiva, sino que estaban, muy dispersos, en un campo de hierba gris y lodo. Muchos se tambaleaban ligeramente de un lado a otro, otros estaban de pie y se acurrucaban inmóviles, pero todos los ojos, en los que habia un empañado brillo calenturiento, miraban en la misma dirección.
Y entonces vio Atreyu lo.que miraban en una especie de éxtasis horrible: al otro del campo estaba la nada.
Era tal como Atreyu la habia visto ya antes con los trolls de la corteza desde la copa del árbol o en llanura donde habian estado las puertas mágicas del oráculo del sur, o a gran altura, desde las espaldas de Fujur..., pero hasta entonces sólo la habia visto desde lejos. Ahora, sin embargo, estaba de improviso muy cerca de ella; la nada llenaba el paisaje entero, era gigantesca y se acercaba lenta, muy lentamente, pero sin pausa.
Atreyu vio que las figuras espectrales del campo que había ante él comenzaban a estremecerse, retorcían sus miembros como acometidas por calambres, y tenían la boca abierta, como si quisieran gritar o reir, aunque reinaba un silencio de muerte. Y entonces -como si fueran hojas secas arrastadas por un golpe de viento- todas se precipitaron al mismo tiempo hacia la nada y cayeron, se desplomaron o saltaron dentro de ella.
Apenas habia desaparecido el último de aquél tropel espectral, en silencio y sin dejar rastro, Atreyu vio con espanto que también su cuerpo comenzaba a moverse, con pequeñas sacudidas, hacia la nada. Un deseo irresistible de precipitarse igualmente en ella quiso apoderarse de él Atreyu puso en juego toda su fuerza de voluntad y resistió se forzó a permanecer inmóvil. Lenta, muy lentamente, consiguió volverse y abrirse camino hacia adelante, paso a paso, como si luchara contra una poderosa corriente invisible. La resaca se hizo más débil y Atreyu corrió, corrió tan deprisa como pudo sobre el empedrado del camino. Se resbaló, cayo,se levantó otra vez y siguió corriendo, sin pensar a dónde lo llevaría aquel camino entre la niebla.
Siempre corriendo, siguió sus vueltas absurdas y sólo se detuvo cuando ante él surgieron de la niebla los altos muros de una ciudad, negros como la pez. Detrás se alzaban algunas torres torcidas contra el cielo gris. Las gruesas hojas de madera de la puerta de la ciudad estaban podridas y descompuestas, y colgaban oblicuamente de sus oxidadas bisagras.
Atreyu entró.
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Cada vez hacía más frio en el desván. Bastian comenzó a helarse y a tiritar.
Y si se pusiera enfermo ahora... ¿que sería de él? Por ejemplo, podia coger una pulmonía como willi, el mas joven de su clase. Entonces tendría que morirse en el desván completamente solo. No habría nadie para para ayudarlo.
Le hubiera alegrado mucho en ese momento que su padre lo encontrara y lo salvara.
Pero volver a casa... No, eso podia hacerlo. ¡Antes la muerte!
Cogió el resto de las mantas militares y se envolvió con ellas cuidadosamente por todos lados.
Poco a poco, fue entrando en calor.
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la historia sin fin
FantasyBastian Baltasar Bux es un chico tímido al que le encanta leer y tiene una portentosa imaginación. en un extraño libro averigua que el reino de fantasía esta en peligro y asombrado, lee que Bastian Baltasar Bux debe unirse a Atreyu, un vali...
