Cuando Bastian, seguido de su gente, entró en el gran salón encantado, Xayide se levantó de su trono de coral rojo. Era mucho más alta que Bastian y muy hermosa. Vestía una larga túnica de seda violeta, sus cabellos eran rojos como el fuego y los llevaba recogidos en un extraño peinado de trenzas y coletas. Su rostro era pálido como el mármol y pálidas eran sus manos largas y delgadas. Su mirada era extraña y y turbadora, y Bastian necesito algún tiempo para comprender a qué se debia: tenía dos ojos distintos, uno verde y el otro rojo. Parecía tener miedo a Bastian, porque temblaba. Bastian desafió su mirada y ella bajo sus largas pestañas.
La habitación estaba llena de toda clase de extraños objetos, cuya finalidad no podía adivinarse, grandes esferas con imágenes pintadas, relojes siderales y péndulos que colgaban del techo. Entre ellos había preciosos pebeteros, de los que brotaban nubes espesas de distintos colores que, como una niebla, flotaban sobre el suelo.
Bastian no había dicho nada hasta entonces. Y aquello pareció hacer perder la serenidad a Xayide, que repentinamente corrió a sus pies y se postró ante el. Luego cogió uno de los pies de Bastian y lo puso sobre su cabeza.
-Señor y maestro -dijo con voz profunda y aterciopelada y, de un modo impreciso, oscura-, nadie puede oponerse a ti en fantasía. Eres más poderoso que todos los poderosos y más peligroso que todos los demonios. Si te place vengarte de mi porque fui suficientemente necia para no comprender tu grandeza, puedes aplastarme con tu pie. He merecido tu cólera. Sin embargo, si quieres demostrar la generosidad que te ha dado fama, incluso con un ser tan indigno como yo, permite que me someta a ti como esclava obediente y prometa servirte con todo lo que soy, poseo y sé. Enséñame a hacer lo que creas conveniente y seré tu discípula humilde, obedeciendo cada gesto de tus ojos. Me arrepiento de lo que quise hacer contigo e imploro tu compasión.
-¡Levántate, Xayide! -dijo Bastian. Había estado furioso con ella, pero el discurso de la hechicera le había gustado. Si realmente sólo había actuado así por no saber quién era él y si de verdad estaba amargamente arrepentida, hubiera sido indigno por su parte castigarla. Y, puesto que estaba incluso dispuesta a aprender de él lo que considerase oportuno, no había razón para rechazar su súplica.
Xayide se había levantado y estaba ante él con la cabeza baja.
-¿Me obedecerás incondicionalmente -le preguntó Bastian-, aunque te resulte difícil hacer lo que te mande... sin réplica ni protesta?
-Lo haré, señor y maestro -respondió Xayide- y ya verás cómo, con mis artes y tú poder, podremos lograrlo todo.
-Está bien -contestó Bastian-, entonces te tomo a mi servicio. Dejarás este castillo y vendrás conmigo a la torre de marfil, donde tengo la intención de entrevistarme con la Hija de la luna.
Los ojos de Xayide, rojo y verde, resplandecieron durante una fracción de segundo, pero inmediatamente bajó otra vez sobre ellos sus largas pestañas y dijo:
-Te obedezco señor y maestro.
Todos bajaron y salieron del castillo.
-Antes que nada, tenemos que encontrar a los otros compañeros de viaje -decidió Bastian-, ¡quién sabe por dónde andaran!
-No muy lejos de aquí -dijo Xayide- yo los he extraviado un poco.
-Por última vez... -contestó Bastian.
-Por última vez, señor -repitio ella-, pero, ¿Cómo avanzaremos? ¿Tendré que ir a pie? ¿De noche y por ese bosque?
-Fujur nos llevará -ordenó Bastian-. Es suficientemente fuerte para volar con todos.
Fújur levantó la cabeza y miró a Bastian. Sus ojos de color rubí centellaron.
-Suficientemente fuerte si que soy, Bastian Baltazar Bux -retumbó su voz de bronce-, pero no llevaré a esa mujer.
-Lo harás -dijo Bastian- porque te lo mando yo,
El dragón de la suerte miró a Atreyu, quien asintió im-perceptiblemente. Bastian, sin embargo, lo vio.
Todos se subieron a la espalda de Fújur, que inmediatamente se elevó por los aires.
-¿A dónde? -preguntó.
-¡Simplemente adelante! -dijo Xayide.
-¿A dónde? -pregunto Fújur como si no la hubiera oído.
-¡Adelante! -le grito Bastian-. ¡Ya lo has oído!
-¡Hazlo! -dijo Atreyu en voz baja, y Fújur lo hizo
Media hora más tarde -amanecia ya- vieron bajo de ellos muchas hogueras, y el dragón de la suerte tomo tierra. Entretanto habían llegado más fantasios y muchos habían traído tiendas de campaña. El campamento parecía una verdadera ciudad de tiendas, que se extendía desde el lindero del bosque de orquídeas por un prado cubierto de flores.
-¿Cuántos somos ya? -quiso saber Bastian, e Illuán, el yinni azul, que entretanto había mandado la comitiva y ahora había venido a saludarlos, le dijo que no había podido contar exactamente a los participantes, pero sin duda debían de ser ya cerca de mil. Por lo demás , pasaba otra cosa bastante rara: poco antes de haber acampado, es decir, todavía antes de medianoche, habían aparecido cinco de aquellos gigantes blindados. Sin embargo, habían comportado amistosamente, manteniéndose apartados. Naturalmente, nadie se había atrevido a acercárseles. Y habían traído con ellos una gran litera de coral que, no obstante, se encontraba vacía.
-Son mis porteadores -dijo Xayide en tono suplicante a Bastian-. Los envié por delante ayer por la noche. Es la forma más agradable de viajar: Si tú me lo permites, señor...
-No me gusta -la interrumpió Atreyu.
-¿Por qué no? -pregunto Bastian-. ¿Que tienes en contra?
-Ella puede viajar como quiera -respondió Atreyu fríamente-, pero el hecho de que enviase ya ayer la litera significa que sabía de antemano que ella vendrá aquí. Todo es un plan suyo, Bastian. Tu victoria es en realidad una derrota. Te ha dejado ganar intencionadamente a fin de ganarte para si a su manera.
-¡Basta! -grito Bastian rojo de cólera-. ¡No te he preguntado tu opinión! ¡Tus eternos consejos me ponen malo! ¡Ahora quieres discutir incluso mi victoria y dejar en ridículo mi generosidad!
Atreyu quiso replicar algo, pero Bastian le gritó:
-¡Cállate y déjame en paz! ¡ Si no les gusta lo que hago y cómo soy marchensen! ¡Yo no los detengo! ¡Marchensen a dónde quieran! ¡Estoy harto de ustedes!
Cruzó los brazos sobre el pecho le dio a Atreyu la espalda. La multitud que había alrededor contuvo el aliento. Atreyu se quedó un rato muy ergido y en silencio. Hasta entonces, Bastian no lo había reprendido nunca delante de otros. Sentía la garganta tan apretada que solo con esfuerzo podía respirar. Espero un momento, pero como Bastian no se volvió de nuevo hacia él, Atreyu dio la vuelta lentamente y se fue. Fújur lo siguió.
Xayide sonreía. No era una sonrisa agradable.
En Bastian, sin embargo, se extinguió en aquel momento el recuerdo de que, en su mundo, había sido un niño.
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la historia sin fin
FantasyBastian Baltasar Bux es un chico tímido al que le encanta leer y tiene una portentosa imaginación. en un extraño libro averigua que el reino de fantasía esta en peligro y asombrado, lee que Bastian Baltasar Bux debe unirse a Atreyu, un vali...
