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capítulo 2,7

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  -y además... ¡Huyhuy! -cuchicheo el silfo nocturno -¡si no, no te diremos la dirección!
  -¿con quien estas hablando? -gruño el comerrocas.
  Porque la verdad era que el fuego fatuo no había oido ya las últimas palabras de los otros mensajeros, sino que se alejaba por el bosque a grandes saltos.
  -bueno dijo -urckuck, el diminutense echandose el sombrero de copa hacia atras-, como alumbrado de carretera, un fuego fatuo quizá no hubiera sido de todas formas lo adecuado.
  Al mismo tiempo salto ala silla de su caracol de carreras.
  -también yo -declaro el silfo nocturno llamando con un suave ¡huyhuy! a su murciélago -preferiria que cada uno viajará por su cuenta. ¡Al fin y al cabo,voy por el aire!
Y ¡zas! desaparecio.
  El comerrocas apago la hoguera golpeándola simplemente unas cuántas veces con la palma de la mano.
  -También yo lo prefiero -se le oyó rechinar en la oscuridad-. Asi no tendré que preocuparme de no aplastar cualquier cosa diminuta.
  Y se le oyo penetrar en el bosquecillo sobre su potente bicicleta,

   Y se le oyo penetrar en el bosquecillo sobre su potente bicicleta,

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Con toda clase de clujidos y chasquidos. De vez en cuando chocaba sordamente contra algun gigante arbóreo y se le oia rechinar y gruñir. Lentamente el estrépito se alejó en la oscuridad
  Uckuck, el diminutense se quedó solo. Cogio las riendas de hilo de plata i dijo:
  -Bueno veremos quien llega antes. ¡Vamos, viejo, vamos!
  Y chasqueo la lengua
  Y luego no se oyo nada mas que el viento tempestuoso, que rugía en las copas de los arboles del bosque de haule

El reloj de la torre próxima dio las nueve.
  Solo de mala gana volvieron ala realidad los pensamientos de bastian. Le alegraba que la historia interminable no tuviera nada que ver con esa realidad
  No le gustaban los libros en que, de mal humor y de forma avinagrada se contaban acontecimientos totalmente corrientes

la historia  sin finHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora