Purpúrea caia la luz, en lentas oleadas, sobre el suelo el suelo y las paredes de la estancia. Era una habitación de seis esquinas, padecida a una gran celdilla de abeja. En una pared si y otra no había puertas,y las tres paredes intermedias estaban cubiertas de extrañas pinturas. Eran paisajes quiméricos y criaturas que parecían medio plantas y medio animales. Por una de las puertas había entrado Bastián y las otras dos quedaban a su derecha y a su izquierda. La forma de todas las puertas era idénticas, pero la de la izquierda era negra y de la derecha blanca. Bastián decidió por la blanca.
En la estancia continua la luz era amarillenta. Las paredes mostraban la misma disposición. Las pinturas representaban toda clase de utensilios que Bastian no lograba identificar. ¿Eran herramientas o armas? Las dos puertas que, a izquierda y derecha, conducían más allá,tenían el mismo color; eran amarillas, pero la de la izquierda era alta y estrecha y la de la derecha, en cambio, baja y ancha. Bastián atravesó la de la izquierda.
La estancia en que penetró era como las dos anteriores,hexagonales, pero tenían una luz azulada las pinturas de las paredes mostraban adornos retorcidos o caracteres de algún alfabeto extraño. Aquí las dos puertas eran dela misma forma pero de distinto material: Una de madera y la otra metálica. Bastián decidió por la de madera.
Es imposible describir todas las puertas y estancias que atravesó Bastián vagabundeando por el templo de las mil puertas. Había portones que parecían grandes agujeros de cerradura y otras que semejaban a la entrada del infierno; había puertas doradas y oxidadas, alcochadas y chaveteadas, delgadas como papel y gruesas como puertas de caja de caudales. Había una que parecía la boca de un gigante y otra que se abría como un puente levadizo, una que se semejaba una gran oreja y otra hecha de pan de especias y una que tenia la forma de una puerta de horno y otra que había que desabrochar. A veces las dos puertas de salida de una habitación tenían algo en común -forma, material tamaño o color-, pero había siempre alguna cosa que las diferenciada esencialmente.
Bastián había pasado ya muchas de una estancia hexagonal a otra. Cada decisión que tomaba lo ponía ante una nueva decisión, la cual, a su vez lo arrastraba a otra nueva. Pero todas aquellas decisiones no cambiaban en nada el hecho de que estaba en el templo de las mil puertas... Y seguiría estando en él. Mientras andaba y andaba, comenzó a pensar en cuál podía ser la causa. Su deseo había bastado para llevarlo al laberinto pero, evidentemente no era suficiente para hacer encontrar la salida. Bastián había deseado compañía. Pero se daba cuenta de que, al hacerlo no se imaginaba nada en concreto. Y eso no lo ayudaba en nada en decidir entre una puerta de cristal y otra de mimbre. Hasta entonces había elegido al buen tuntún, sin pensarlo mucho... En realidad, cada vez hubiera podido elegir igualmente la otra puerta. Pero de esa forma nunca saldría de allí.
Estaba precisamente en una habitación de luz verdosa. En tres de sus seis paredes había pintadas figuras de nubes, la puerta de la izquierda era de madreperla blanca; la de la derecha, de ébano negro. Y Bastian supo de pronto lo que deseaba: ¡Atreyu!
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la historia sin fin
FantasíaBastian Baltasar Bux es un chico tímido al que le encanta leer y tiene una portentosa imaginación. en un extraño libro averigua que el reino de fantasía esta en peligro y asombrado, lee que Bastian Baltasar Bux debe unirse a Atreyu, un vali...
