14,PERELIN, LA SELVA NOCTURNA

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Muy suave dijo otra vez Bastián en la oscuridad: <<¡Hija de la luna! ¡Voy!>>. Sentía que de ese nombre brotaba una fuerza indescriptiblemente dulce y consoladora, que lo llenaba por completo. Por eso dijo aún para sí unas cuantas veces:

<<¡Hija de la luna! ¡Hija de la luna! ¡Voy, hija de la luna¡ Enseguida estoy ahí.>>

Pero. ¿Dónde estaba?

No podía ver el menor resplandor, pero lo que le rodeaba no era ya la helada oscuridad del desván sino una oscuridad aterciopelada y caliente en la que se sentía feliz y seguro.

Todos sus miedos y congojas lo habían abandonado. Sólo los recordaba como algo que hubiera ocurrido hacia mucho tiempo. Se sentía de un humor tan alegre y ligero que hasta reía en voz baja.

-Hija de la luna, ¿dónde estoy? -preguntó.

No sentía ya el peso de su propio cuerpo. Tanteó con sus manos a su alrededor y se dio cuenta de que floraba. No había ya colchonetas ni suelo firme.

Era una sensación maravillosa y desconocida, un sentimiento de ingravidez y de una libertad sin fronteras. Nada de lo que antes lo había oprimido y coaccionado podía afectarlo ahora.

¿Frotaba al final de alguna parte del universo? Pero en el universo había estrellas y Bastián no podía ver nada parecido. Sólo aquella oscuridad aterciopelada en que se sentía mejor de lo que se había sentido en su vida. ¿Estaría muerto?

-hija de la luna, ¿Dónde estás?

Y entonces oyó una voz delicada como la de un pájaro, que le respondía y quizá le había respondido ya varias veces antes sin que se hubiera dado cuenta. Se oía muy cerca y, sin embargo, no hubiera podido decir de dónde venia:

-Aquí estoy, Bastián.

-Hija de la luna ¿Eres tú?

Ella se rió de una forma curiosamente cantarina.

-Quién iba a ser sino? Acabas de darme ese bonito nombre. Gracias. Bienvenido, salvador y héroe mío.

-¿Dónde estamos, hija de la luna?

-Yo estoy contigo y tú estás conmigo.

Era una conversación en sueños y, sin embargo, Bastián estaba totalmente seguro de que estaba despierto y no soñaba.

-Hija de la luna -susurró-: ¿es esto el final?

-No -respondió ella-, es el principio.

-¿Dónde está fantasía, hija de la luna? ¿Dónde están todos los demás? ¿Dónde están Atreyu y Fújur? ¿Es que ha desaparecido todo? ¿Y el viejo de la montaña errante y su libro? ¿No existen ya?

-fantasía nacerá de nuevo de tus deseos, Bastián, que se harán realidad a través de mí.

-¿De mis deseos? -repitió Bastián asombrado.

-ya sabes -oyó decir a la dulce voz- que me llaman la señora de los deseos. ¿Que deseas para ti?

Bastián reflexionó y preguntó luego cautamente:

-¿Cuántos deseos puedo formular?

-Tantos como quieras... Cuanto más mejor, Bastián. Tanto más rico y variado será fantasía.

Bastián estaba sorprendido y emocionado. Pero, precisamente porque de pronto se veía ante una infinidad de posibilidades, no se le ocurría ningún deseo.

-No sé -dijo finalmente.

Durante un rato reinó el silencio y luego oyó la voz delicada como la de un pájaro:

-Mala cosa.

-¿Por qué?

-porque entonces no habrá fantasía.

Bastián calló confundido. Su sensación de una libertad sin límites se veía poco a poco disminuida por el hecho de que todo dependiera de él.

-¿Por qué está todo tan oscuro, hija de la luna? -preguntó

-Los comienzos son siempre oscuros, Bastián.

-Quisiera verte otra vez, hija de la luna. ¿Sabes? Como en el instante aquel en que miraste.

Otra vez oyó la risa suave y cantarina.

-¿Por qué te ríes?

-porque estoy contenta.

-¿Por qué?

-acabas de formular tu primer deseo.

-¿Y lo cumplirás?

-Si, ¡Extiende la mano!

Lo hizo y sintió que ella le ponía algo en la palma. Era diminuto pero, extrañamente, pesaba mucho. Daba frio y era duro y muerto al tacto.

-Qué es esto, hija de la luna?

-un grano de arena -respondió ella-. Es todo lo que ha quedado de mi reino sin fronteras. Te lo regalo.

la historia  sin finHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora