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- Thanks a ton, Louisa, call me if anything comes up - Poe se aferra al teléfono antes de dejarlo en el mesón. Con su dado cansancio, se desploma sobre este ahora haciendo que su cabello se esparza sobre el mármol.

En el otro extremo, pacientemente, Fukuzawa calienta agua y en otro recipiente prepara una mezcla. No produce palabra alguna hasta que apaga el fogón y se da la vuelta para acercarse a Poe.

- Poe-san.

Sin despegar la mejilla del frío material, levanta la mirada e intenta precisar la razón de su llamado.

- Diga..- Murmura este, alcanza a ver como el albino le pone enfrente una taza. Sin embargo, una arcada lo ataca y este se zarandea de lado a lado para encontrar un baño.

Tras halar la palanca y deshacerse del vómito espectorado, Edgar se devuelve a donde está su suegro.

- Discúlpeme, ahora sí dígame - Vocifera el menor, pero en vez de realmente contestarle, Fukuzawa le presenta la previa taza.

- Tómala, es para aliviar malestar de embriaguez - Él lo recibe y agradece la porcelana frente suyo. Su semblante es serio como de costumbre. Excepto que cree Allan que es el titileo del reloj de fondo, los distantes ruidos de autos rondando y las respiraciones ajenas que lo tensan.

Le infligen un sentimiento de culpabilidad y este pinchazo lo siente ahora al recibir la bebida. Después de un sorbo, se vuelve insoportable y pone la cerámica con fuerza sobre la mesa y chasquea su lengua .

- Lo lamento mucho, Fukuzawa-san - Sale más como un gruñido, este se merge con rabia interna e impotencia. Bien sabe que el hombre al frente suyo es capaz de reconocer esto.

- ¿Qué lamentas?

- Todo esto - Replice en suspiro - De no haberme ido Ranpo estaría bien.

- Él está bien.

- No sé si sea el mismo caso para Kibi - Con algo de más fuerza impactan sus palabras, sus puños llegaron a apretarse y sus uñas se encargan de enterrar en la piel de sus palmas.

- ¡Y yo-! Bueno, él ni siquiera nació y ya le fallé...

Fukuzawa muestra su palma extendida al lado suyo y exhala, su expresión es calma y comprensiva, apenas transitando su mirada del té a Poe.

- No hables como si se hubiera muerto. No presenciaste el choque, Ranpo estaba delante y el otro auto impactó en el baúl, Yosano-sensei fue a quien le cayeron los vidrios rotos de la vitrina a la que rompieron. Así que déjame asegurarte que nadie murió.

- Usted no es doctor - Reprocha Edgar, ganándose un cambio en el rostro ajeno que levanta las cejas al ser tomado por sorpresa.

- El alcohol te da más actitud, vaya.

Poe espabila y se endereza siendo más consciente - ¡Gah, discúlpeme yo...!

- Poe.

- ¿S-Sí...?

- Yosano-sensei fue quien me lo dijo, así que por favor mantén la calma. Además, por nada del mundo te consideres responsable, no fue tu culpa. Estando en Japón o en América, no hubieses podido impedir que alguien se volara el semáforo.

No hubo respuesta alguna, en vez, Poe digería el líquido caliente a tiempo lento, cuando llegó al fondo, suspira saciado.

- Gracias, Fukuzawa-san.

El menor le sonríe sin espera del mismo gesto de vuelta. Sin embargo, nota en el rostro ajeno como los músculos de sus mejillas tiemblan ligeramente. Tanta gracia le hizo, que su sonrisa se tornó más grande.

Si tan sólo su rostro no se hubiera desplomado contra la mesa...

Fukuzawa asiente y se pone de pie antes de ir hasta detrás del pelo oscuro y tomarle por el espacio entre cada uno de sus brazos y el torso.

Con delicadeza lo carga hasta la habitación de Ranpo, donde lo tiende sobre el colchón con cuidado, acomoda su cuerpo de tal manera de que no se pudiese ahogar en su sueño y le cubre con una cálida manta. El restante tiempo fue servido saliendo del cuarto para terminar en el propio.

Removiendo sus prendas para quedar tan solo en ropa interior y luego vestir su jimbei, Fukuzawa no deja de pensar en lo mismo.

En el vasto mar que es la población, hay una variedad inmensa que permite encontrarse con todo rango de personas; buenas y malas. Es tan complicado encontrar una persona ideal entre tantos, que te ame tal como eres incondicionalmente, en las buenas y en las malas. Además, que los sentimientos sean mutuos.

Ranpo...No hay persona que te afirme sin la mentira en boca que él es fácil de tratar.

Fue un niño grosero y terco, que si es honesto consigo mismo, no lo imaginaba estableciendo la clase de vínculos que hizo con el pasar de los años.

Las personas cambian, bien sabe. Pero es imposible negar que Edogawa se ganó la lotería con un hombre como Edgar.

Las personas cambian... Tan sólo se pregunta por qué él mismo no ha podido trascender, siendo que incluso Ranpo pudo.

Quizás no tuvo la misma suerte que aquellos otros dos tuvieron al cruzar caminos en la vida. El amor fue admitido y cualquier barrera impuesta la rompieron.

¿Por qué para Mori y para él no pudo ser así?

El sentimiento quema, perfora, marchita cada tejido en su corazón y siente como segundo por segundo le demacra más. Con el consumo de su energía de viejo, poco queda como para permitirse vivir en el mismo insoportable ciclo.

Fukuzawa gruñe y pasa una mano por su rostro en un invisible intento de remover la pasadez que el pensamiento le impone.

No es correcto.

Pero en su corazón eso es lo correcto.

Perdido en el dilema, su cuerpo gira para pegarse a la manta.

Oh vamos...

La imagen es tentadora, bajo la misma estrella, brazos enlazados, sus cabellos mergiéndose por apoyarse entre ellos...

La fantasía cae, cae, cae...

Otro gruñido, ahora cegado por la oscuridad de su habitación, Fukuzawa cierra los ojos y deja que su imaginación corra. Inconscientemente, extiende su brazo y lo lleva apuntando al techo. Allá se ubica aquella estrella.

Hoy brindo dos peculiaridades, Fukuzawa sonriendo y el despechado. ¿Qué tal?

Gracias por leer, voten y comenten, les veo el miércoles.

♡𝚅𝚎𝚛 𝚝𝚞 𝚂𝚘𝚗𝚛𝚒𝚜𝚊♡Donde viven las historias. Descúbrelo ahora