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Con Akutagawa observándole de cerca, el albino aceleraba su paso; estaba a punto de llover y aún no llegaban a donde su mentor, menos aún estaba cerca de su hogar.

—Jinko, va a llover.

—Eso lo tengo claro —habló, rodando los ojos, Atsushi, señalando la gran nube oscura sobre ellos.

—Yo detesto el agua —replicó, esta vez deteniendo su paso. Atsushi lo notó y se devolvió hacia él. —Mi apartamento está cerca.

Ahora, conectando los puntos, Nakajima le entregó la bolsa del mercado; lo último que necesitaba era que su paquete se empapara. —Está bien, pero hazme un favor, guarda esto en tu refrigerador hoy; en el mío no cabe tanto. Mañana se lo llevamos a Dazai-san.

El azabache canturreó y tomó en sus manos el paquete, inocentemente esperando otro comentario.

Ya sintiendo frías gotas golpeando su ropa, el albino supo que debía partir lo más pronto posible, o no llegaría a tiempo.

No sabía si decir un "adiós", así que solo se echó a correr. Aún estaba muy lejos de su apartamento, y aunque pudiera alcanzar la más cercana estación de tren y allí esperar a que escampe, de seguro pescaría un resfriado.

Eso cruzaba su mente hasta que fue halado hacia atrás bruscamente.

—¿A dónde crees que vas? —llamó Akutagawa—. Te quedarás en mi apartamento.

—¿¡Eh!?

(...)

—Muchas flores florecen ahora, incluso si está lloviendo —murmuró Ranpo, acurrucándose a Poe, quien ahora sí lo acompañaba en la cama.

(...)

Para ser un mafioso... No, mejor dicho, para ser el perro de la mafia, inmutable, aterrador, Akutagawa Ryuunosuke no era lo que Atsushi creía que era. Al menos, no su hogar.

Era un espacioso apartamento moderno, en el que lo primero que te encontrabas era el living. Una pequeña pero decente cocina a su derecha, que en su totalidad, como en la sala, era iluminada por tenues luces calientes.

Dudosamente, dejó sus zapatos en el genkan, examinando el lugar, viendo dónde podría esconderse o por dónde huir en caso de que todo esto hubiese sido una trampa. Sin embargo, el azabache frente a él se veía lo más neutro posible, y no en el aura atemorizante que tiene habitualmente.

Si es que puede darse el lujo de decirlo, eso alivió a Atsushi.

—Puedes tomar una ducha allí —señaló al baño que estaba en el costado de la cocina—. Te traeré una pijama.

Él acató, pero aún no procesaba.

Al sumergirse en la bañera, Atsushi optó por averiguar si ahogarse era así de fabuloso como Dazai lo describía, hundiendo su cuerpo completo en el agua tibia que llenaba la tina.

Era lo único que le reconfortaba en el momento. Disfrutar de los lujos que tenía la casa del azabache, sin poder sacar de su mente la voz que le repetía: "Me podría acostumbrar a esto".

¡Vaya que lo enloquecía! Ahora quería gritar como un loco, pues no sabe por qué razón se siente así al entrar en la intimidad que es el hogar del mafioso.

Atsushi no entendía por qué de repente estaba actuando de tal manera; tanto él como Akutagawa. Hace unos meses le cortó las piernas múltiples veces; lo lanzaba por el aire como un pedazo de papel, sin ser blando; le trataba como una mierda.

Pero el gran corazón del albino le susurraba: "Tal vez ya no te odia", pero por más que intentara no inmutarse, el pensamiento solo era posible de callar con un fuerte gruñido, mejor dicho, un grito.

♡𝚅𝚎𝚛 𝚝𝚞 𝚂𝚘𝚗𝚛𝚒𝚜𝚊♡Donde viven las historias. Descúbrelo ahora