Capítulo ciento dieciséis "Muñeca"

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Pov Hannah:

La mañana transcurrió entre risas y lágrimas de felicidad, pero por la tarde, cuando el doctor entró a la habitación con una propuesta seria, mi corazón comenzó a latir más rápido.

—Hannah, los estudios que te realizamos han salido bien. Si todo sigue así, mañana te daremos el alta. Pero necesitamos que intentes levantarte y caminar un poco hoy.

La noticia del alta debería haberme llenado de alegría, pero en lugar de eso, sentí una ola de miedo recorrerme. Miré a Scott, buscando su apoyo. Cuando el doctor se fue y quedamos solos, se acercó a mí con esa mirada de determinación que siempre me había dado fuerza. —Cariño, sé que tienes miedo, pero quiero que lo intentes. Yo te voy a ayudar. No voy a dejar que te caigas.

Suspiré, mi resistencia comenzando a desmoronarse ante su seguridad. —Scott, no sé si puedo hacerlo —confesé, mi voz apenas un susurro.

Él me miró con ternura y una sonrisa tranquilizadora. —No voy a dejar que te caigas. Te voy a sostener todo el tiempo, te lo prometo.

Respiré hondo y asentí, decidiendo confiar en él. Con cuidado, me quité la sábana que me cubría y me senté en el borde de la cama, dejando que mis piernas colgaran. El frío del piso era un contraste doloroso con el calor de la cama.

—¿Estás lista? —me preguntó Scott, su voz llena de una mezcla de aliento y preocupación.

—Sí —respondí, aunque no estaba completamente segura.

El castaño se acercó y rodeó mi cintura con sus fuertes brazos, levantándome despacio. Me aferré a él, sintiendo su calidez y fuerza. Mis pies tocaron el frío piso, y un temblor recorrió mis piernas. Scott intentó alejarse un poco para darme espacio, pero el pánico se apoderó de mí, y me resistí a dejarlo ir.

Alcé la mirada, nuestras frentes se juntaron —no puedo —negué con la voz quebrada.

—claro que puedes, sé que sí —acarició mi cintura reconfortandome —¿Confías en mí?

—Confío en tí —asentí, tratando de mover mis piernas.

—Tranquila, Annieh. Respira —dijo suavemente, tratando de calmarme. —Te tengo.

Intenté relajarme, pero sentí mis piernas empezar a fallar. Scott, siempre rápido en sus reflejos, intentó hacer una broma para aliviar la tensión. —Creo que tienes que darles una buena charla a tus piernas. No están haciendo su trabajo.

A pesar de todo, no pude evitar una pequeña sonrisa. Tomé sus manos fuertemente, y con su aliento, intenté dar un pequeño paso. Sin embargo, mis piernas no tenían la fuerza, y antes de que pudiera darme cuenta, me desplomé. Scott me sostuvo firmemente, evitando que cayera al suelo.

Las lágrimas llenaron mis ojos, una mezcla de frustración y alivio por no haberme lastimado. —Lo siento —susurré, mi voz quebrándose.

Scott me sostuvo con fuerza, levantándome de nuevo con cuidado —No tienes nada que sentir, mi amor. Esto es solo el comienzo. Lo más importante es que lo intentaste. Vamos a seguir intentando, juntos.

Sentí el calor de su amor y apoyo envolviéndome. —Gracias —murmuré, apoyando mi cabeza en su hombro. Las lágrimas caían silenciosamente, pero sabía que con Scott a mi lado, enfrentaría cualquier desafío.

Mientras me sostenía por la cintura, me abrazó más fuerte contra él y, bromeando, comenzó a moverme de un lado a otro, mis piernas se movían como su fueran de ule. —Ahora eres mi muñeca,— dijo con una sonrisa juguetona.

No pude evitar una pequeña sonrisa. —¿Cuántos años tienes? ¿Cinco? No es gracioso —le dije, aunque la sonrisa en mis labios lo desmentía.

Scott me miró con una expresión seria, sus ojos reflejando una mezcla de amor y tristeza. —En serio, Annah. Te he extrañado tanto. Tenerte de vuelta es lo mejor que me ha pasado.

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