Capítulo ciento cuarenta y tres "Una loba de verdad"

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Un rato más tarde, el agua ya estaba tibia, lo que indicaba que era hora de terminar de bañarme.

—Es hora de salir, ¿no crees? —preguntó Scott, su aliento chocando suavemente contra mi cuello erizando mi piel.

—Sí —bostecé, sintiendo cómo el cansancio se acumulaba en cada músculo—. Estoy agotada.

Scott salió de la tina con cuidado, el agua goteando por su cuerpo. Buscó una toalla y la ató alrededor de su cintura. Su sonrisa era tranquila, complacida, mientras se inclinaba para darme un beso rápido en la frente.

—Voy a buscar otra toalla para ti —dijo suavemente, acariciando mi mejilla antes de salir del baño.

Lo observé salir y cerrar la puerta detrás de él. Me quedé sola en la bañera, el agua todavía tibia rodeándome, y me dejé caer hacia atrás, cerrando los ojos mientras me sumergía completamente. El agua me envolvió, apagando el mundo exterior, y por un momento disfruté de la paz y la calma que brindaba el aislamiento.

Pero entonces, en ese silencio bajo el agua, las voces empezaron. Al principio eran suaves, apenas un susurro. Pero se fueron intensificando, como si estuvieran más cerca, más urgentes. Sentí un escalofrío recorrer mi columna, a pesar del calor del agua.

—¡No me olvides! —escuché una voz gritar. Era mi voz, pero sonaba lejana, distorsionada—. ¡Scott, no me olvides! ¡No olvides, "eternidad"!

Las palabras resonaron en mi mente, repetidas una y otra vez, cada vez más desesperadas. Era como si me estuviera llamando a mí misma desde algún lugar lejano, un lugar oscuro y lleno de miedo. Podía sentir la angustia, la desesperación en cada palabra.

—¡Scott, por favor! —la voz suplicó, rompiéndose en un sollozo—. ¡Prométeme que no olvidarás! ¡No me olvides!

Escuché otras voces también, algunas gritando, otras sollozando. Era una cacofonía de desesperación, un tumulto que hacía que mi corazón latiera con fuerza. No podía identificar de dónde venían las voces, pero sentía que me arrastraban hacia ellas, como si quisieran llevarme a algún lugar profundo y oscuro.

Mi pecho empezó a doler por la falta de aire, y me di cuenta de que llevaba demasiado tiempo bajo el agua. Con un esfuerzo, rompí la superficie, jadeando por aire, el sonido de las voces desapareciendo de repente. Me apoyé en el borde de la bañera, tratando de calmar mi respiración mientras mi corazón martilleaba en mi pecho.

El baño parecía normal, la luz suave y el vapor en el aire. Pero las palabras seguían resonando en mi mente, la sensación de que algo estaba terriblemente mal aún colgando en el aire.

Scott entró en el baño en ese momento, con otra toalla en la mano. Al ver mi expresión, su sonrisa se desvaneció, reemplazada por preocupación.

—¿Estás bien? —preguntó, acercándose rápidamente y arrodillándose junto a la bañera. Su mano se posó en mi brazo, cálida y reconfortante, pero mi piel seguía erizada.

Lo miré a los ojos, tratando de encontrar mi voz. —Escuché... escuché voces. Y la mía... —tragué saliva, tratando de darle sentido a lo que había oído—. Mi voz, te estaba pidiendo que no me olvidaras, que no olvidaras "eternidad". —llevé una mano a mi tatuaje por incercia —Scott, sentí como si algo terrible fuera a pasar.

Él frunció el ceño, su expresión volviéndose seria. —No va a pasar nada malo, te lo prometo —dijo, su voz firme—. Estoy aquí, contigo. Nada nos va a separar.

Asentí, pero la sensación de inquietud seguía ahí, como una sombra persistente. Me aferré a su mano, buscando consuelo en su presencia, mientras las palabras seguían resonando en mi mente. "No me olvides... no olvides la eternidad."

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