Capítulo ciento setenta "A ciegas"

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Una vez que llegamos a casa, subimos a nuestra habitación. Scott fue directo al baño y yo me quedé parada en medio de la habitación, sintiendo todo el peso de lo que había ocurrido hoy con Harwin. Saqué la bala de mi bolsillo y la miré mientras me sentaba en la cama, mis sentimientos eran un torbellino en ese momento.

Oí el agua correr desde el baño y, de repente, tuve la urgencia de estar cerca de Scott. Dejé la bala a un lado y me dirigí hacia él.

Cuando entré, lo vi frente al lavabo, lavándose las manos. Cerró la canilla y se secó con una toalla. Se la saqué de las manos con suavidad y empecé a limpiar sus palmas, que estaban manchadas de sangre de la profesora de biología, que había salido herida momentos antes.

—Gracias —murmuró, soltando un suspiro.

Miré su camisa, donde tenía un par de botones desabrochados justo en el pecho, manchado de sangre. Acerqué la toalla y traté de limpiar la sangre de allí.

—Estoy muy sucio —dijo él, con una expresión de frustración.

Dejé de tallar y lo miré a los ojos. —Deberías darte una ducha, es demasiada sangre.

Miró la ducha y luego a mí. —Sí —se aclaró la garganta, como si intentara organizar sus pensamientos.

—¡Oh, por favor! —rodé los ojos—. Tenemos una hija —le recordé—. Ya te he visto desnudo. —Reí y él también. —y me has visto desnuda.

Me incliné y prendí la ducha. Cuando regresé a mirarlo, él estaba terminando de desabotonar la camisa y se la quitó con cuidado.

—Tienes suerte de que no sea una loba, porque... definitivamente esto me pondría en celo permanentemente —dije, sin filtro, sabiendo bien que lo sorprendería.

Scott soltó una carcajada, el sonido ligero pero lleno de incredulidad.

—No puedo creer que hayas dicho eso —replicó, negando con la cabeza.

 Sonreí, sintiendo un cosquilleo de complicidad entre nosotros. Desabotoné mi camisa y también mi sostén.

Él me miró con sorpresa y una sonrisa divertida en sus labios. —¿Qué? ¿Necesito una invitación para ducharme contigo?

Scott sonrió, y esa sonrisa iluminó la habitación, aliviando un poco la tensión del día. Se acercó un paso más, y el ambiente cambió, la preocupación se disipó por un momento, y todo lo que quedaba era nosotros, aquí y ahora.

—Tal vez deberíamos compartir la ducha —dijo, su tono más ligero ahora, acercándose aún más.

—Definitivamente —respondí, sintiendo que en ese instante, la conexión que compartíamos era más fuerte que cualquier desafío que enfrentáramos.

Ya sin nada que nos separara, me acerqué a él, sintiendo el calor de su piel antes incluso de tocarla. Mi mano rozó su cuello y, sin más preámbulos, uní nuestros labios. Lo que comenzó como un beso suave rápidamente se tornó apasionado, una chispa que encendía cada fibra de mi ser. Poco a poco, nos deslizamos bajo el agua, el vapor envolviéndonos mientras Scott bajaba sus labios a mi cuello.

Incliné la cabeza hacia atrás, dándole más acceso, y dejé escapar un suspiro. El sonido del agua cayendo, combinado con el roce de sus labios sobre mi piel, creaba un ambiente que se sentía irreal, como si todo lo que había sucedido antes —la sangre, la batalla, la muerte— se hubiera desvanecido en la niebla que nos rodeaba.

Sentí sus manos recorrer mi espalda, sus dedos dejando un rastro de calor allí donde tocaban, y me perdí en la sensación, en la necesidad de olvidarlo todo, al menos por un momento, y solo sentir.

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