Capítulo ciento veinticinco "Magia"

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Mi corazón dio un vuelco cuando noté a Donovan, quien ya no parecía humano en absoluto. Había algo profundamente perturbador en su apariencia, una esencia de wendigo que me hizo estremecer. Sus ojos brillaban con una intensidad cruel y su presencia era palpable, oscura y amenazante.

Donovan empezó a atacar a Stiles con una brutalidad que me hizo sentir un miedo visceral. Luché para mantenerme firme, enfocándome en el hechizo que necesitaba para apartarlo, pero antes de que pudiera hacer mucho, Donovan me agarró. La sensación de su mano en mi hombro fue como si un parásito se estuviera alimentando de mi energía, mordiendo y desgarrando la piel.

—¡Hannah! —gritó Stiles, la desesperación en su voz.

El dolor era agudo, y el grito que se escapó de mis labios fue una mezcla de angustia y terror. Me desplomé en el suelo, mi visión se nubló mientras el tipo seguía atacando a Stiles. El wendigo, si eso era lo que era, parecía tener un objetivo claro: destruirnos. La oscuridad que emanaba de él era casi tangible, envolviéndonos en una pesadilla de terror.

Mientras yacía en el suelo, intentando recuperar el aliento, vi a mi hermano en un estado desesperado. Con Donovan aún en su espalda, trató de alcanzar la llave francesa en el jeep, su mano temblando de dolor y esfuerzo. Donovan estaba decidido a matarnos, y era evidente que necesitábamos una estrategia para salir de allí con vida.

A pesar de las agujas de dolor que me atravesaban el hombro, extendí mi brazo con la esperanza de ayudar a Stiles. La llave francesa estaba justo fuera de su alcance. Utilicé la magia con la última energía que me quedaba, intentando dirigir la herramienta hacia él. La concentración me dolía, pero no podía rendirme.De repente, Stiles logró dar un codazo poderoso en la mandíbula de Donovan, haciéndolo tambalear hacia atrás.

Aprovechando el momento, Stiles agarró la llave y, con un golpe decidido, la usó para noquear a Donovan. El cuerpo de Donovan cayó al suelo, inmóvil.

—¡Corre, Hannah! —me ordenó, su rostro pálido y sudoroso pero lleno de determinación. Con un poco de esfuerzo y ayuda del auto a mi espalda, me puse de pie.

Sin dudarlo, Stiles corrió hacia mí, tomándome de la mano. La adrenalina nos impulsó mientras corríamos juntos hacia la escuela, el eco de nuestros pasos resonando en la oscuridad que nos envolvía. A medida que nos alejábamos del jeep y de Donovan, sentí que el peso del pánico empezaba a desvanecerse, aunque el dolor persistía en mi hombro.

Mientras cruzábamos la entrada de la escuela, me sentí aliviada al saber que estábamos a salvo, al menos por ahora. La valentía de Stiles, su rapidez para reaccionar y la forma en que luchó por ambos, me dieron un profundo agradecimiento y admiración por él.

Mientras corríamos por los pasillos de la escuela, el eco de nuestros pasos retumbaba en la estructura vacía. Sabía que Donovan no estaba muy lejos, y el pánico se apoderaba de mí cada vez que escuchaba el crujido de las puertas y el sonido de algo moviéndose tras nosotros. La presión en mi pecho era casi insoportable, pero sabía que no podíamos permitirnos detenernos.Al llegar a la puerta de la biblioteca, el corazón me dio un vuelco cuando noté que estaba cerrada. La desesperación se reflejaba en el rostro de Stiles mientras intentaba empujar la puerta sin éxito.

—¡Stiles! —grité con urgencia—. ¡Tiene seguro!

Mi mellizo miró rápidamente el sensor junto a la puerta, como si acabara de notar su presencia. Sacó la tarjeta de acceso que siempre mantenía en su billetera y la pasó por el lector. El suave pitido de la puerta desbloqueándose fue un alivio momentáneo.Con un último vistazo hacia atrás para asegurarnos de que Donovan no estuviera en nuestros talones, Stiles empujó la puerta y entramos en la biblioteca.

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