Capítulo ciento cincuenta y ocho "La marca del alfa"

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—Cariño, ¿puedes revisar mi cuello? —pregunté, tocando el lugar donde Scott me había mordido, aún sintiendo el cosquilleo de la mordida.

Scott frunció el ceño, preocupado, mientras sus dedos recorrían suavemente la zona que había mordido. El contacto de sus manos era cálido y reconfortante, pero aún notaba su preocupación.

—Lo siento, por lo de la mordida —dijo en un tono bajo—. Yo... no sé por qué lo hice.

Lo miré a los ojos, notando que aún tenían ese brillo rojizo intenso, pero ahora había un toque de arrepentimiento en ellos. Le acaricié la mejilla suavemente.

—Hey, no tienes que disculparte —susurré—. Fue... intenso, sí, pero no me dolió. No sé qué significa todo esto, pero no me asusta. Estamos juntos en esto.

Scott suspiró y bajó la mirada antes de besar mi frente de nuevo.

—Nunca quiero hacerte daño, Han. Me aterra perder el control contigo.

—No lo has hecho —le aseguré, abrazándolo más fuerte—. Estoy bien. Siempre estoy bien contigo.

—Debemos ir con Deaton —dijo Scott, con el ceño fruncido y preocupación en su voz—. Nunca había visto que una mordida de lobo se viera así.

—¿Viste muchas? —le pregunté, alzando una ceja mientras trataba de aliviar la tensión.

Sonrió de lado, encogiéndose de hombros.—Bueno, las pocas que vi —admitió—. Pero ninguna con ojos rosa metálico.

Solté una risa suave, pero en el fondo entendía la seriedad del asunto. Algo extraño había ocurrido, y aunque no me sentía mal, era mejor asegurarnos.

—¿Cómo se ve la mordida? —pregunté, tocando mi cuello con cuidado, sintiendo una mezcla de curiosidad y preocupación.

Scott se inclinó hacia mí, moviendo mi cabello hacia un lado para poder examinarla mejor. Su expresión cambió rápidamente, sus cejas se fruncieron más, y un leve suspiro escapó de sus labios.

—Es... diferente —murmuró, casi en un susurro—. No parece una mordida de lobo normal. El área está... como si brillara. La piel alrededor de la mordida tiene un resplandor rosado, y no parece infectada ni herida, pero definitivamente no es algo común.

Sentí un escalofrío recorrer mi espalda al escuchar eso, pero me esforcé por mantener la calma. No era el momento de entrar en pánico, aunque las palabras de Scott me dejaban intranquila.

—¿Brillando? —repetí, algo incrédula—. ¿Desde cuándo las mordidas brillan?

Él negó con la cabeza, aún observando el área de la mordida como si buscara alguna respuesta en el patrón extraño que ahora cubría mi piel.

—No lo sé, Han. Nunca he visto algo así.

Sentí su preocupación crecer y, aunque trataba de hacerme la valiente, la incertidumbre comenzaba a invadirme.

Nos vestimos con rapidez y nos dirigimos a la clínica veterinaria para hablar con Deaton. Al llegar, él nos miró con curiosidad.

—¿Qué ocurre? —preguntó Deaton.

—Bueno, pues—dije, mientras me apartaba el cabello para mostrarle la mordida en mi cuello—. Se trata de esto.

El druida frunció el ceño al examinar la marca en mi piel, y luego levantó la vista hacia Scott.

—¿Cómo ocurrió esto? —preguntó, mirando a Scott con una mezcla de curiosidad y preocupación.

El castaño se sonrojó un poco, mirando hacia abajo antes de responder.

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