Era domingo. Solo quería dormir hasta tarde, lo anhelaba profundamente. Pero no era un domingo cualquiera.
Me escabullí con cuidado de la cama, procurando no despertar a Scott. Respiraba tranquilo, completamente ajeno a mis movimientos. Le dejé un beso suave en la sien antes de salir de la habitación.
El pasillo estaba en penumbras, apenas iluminado por la luz que se filtraba por la ventana del cuarto de las niñas. Empujé la puerta despacio y entré.
Me acerqué a la camita de Melody, que dormía hecha un ovillo, con una pierna fuera de la frazada y un mechón de rizos pegado en la frente.
—Mel, cariño… —susurré, sentándome en el borde del colchón—. Despierta, es el día del padre.
—Cinco minutos más… —murmuró, girándose apenas.
Sonreí.
—Bueno, supongo que Lexie y yo le prepararemos el desayuno especial a papi —dije, poniéndome de pie con fingido desinterés.
—¿Panqueques con forma de lobo? —se incorporó de golpe, con los ojos entrecerrados y la voz aún arrastrada por el sueño.
Solté una pequeña risa.
—Lo podemos intentar.
—Y uno con la forma de su tatuaje visto desde arriba —añadió emocionada, haciendo gestos con las manos—. Las dos rayas de distinto grosor en su brazo, como cuando se lo dibujé con marcador.
—Por supuesto. —Asentí, mientras su entusiasmo me contagiaba.
Se levantó enseguida, descalza y despeinada, con esa energía que parecía activarse apenas escuchaba la palabra "papá".
Me acerqué entonces a la cuna de Lexie. Pero no estaba acostada. Estaba sentada, con su osito en brazos y los cachetes redondos todavía sonrojados del sueño. Al verme, extendió los bracitos.
—¡Mamááá! —balbuceó en voz baja, como si entendiera que aún debíamos hacer silencio.
La levanté y la apoyé sobre mi cadera.
—Buenos días, mi amor —le susurré, besándole la frente—. Hoy vamos a hacerle un desayuno muy especial a papi. ¿Quieres ayudar?
Ella asintió con su típica euforia, lo cual significaba que en lugar de ayudar probablemente haría un desastre, pero ya estaba acostumbrada.
Y así, mis dos pequeñas aliadas y yo emprendimos nuestra pequeña misión: llenar de amor —y probablemente de harina— la cocina, para celebrar al mejor papá del mundo.
Bajamos las escaleras en puntitas de pie, Melody iba delante con su bata color violeta arrastrándose un poco detrás de ella, y yo llevaba a Lexie en brazos, que se aferraba a su osito como si no pudiera formar parte del plan sin él.
La cocina aún estaba en penumbra. Dejé a Lexie sentada en su sillita alta con un tazón de cereales para entretenerla —y mantenerla ocupada— mientras Melody y yo preparábamos todo.
—¿Qué necesitamos primero? —preguntó Melody, ya con su delantal puesto.
—Harina, huevos, leche… y una pizca de paciencia —dije sonriendo mientras ataba el mío.
Sacó los ingredientes con rapidez, poniéndolos uno por uno sobre la mesada. Estaba decidida a hacer de ese desayuno el mejor que Scott hubiese recibido jamás.
—¿Vamos a hacer los panqueques con forma de lobo primero o el del tatuaje? —preguntó con seriedad, como si se tratara de un asunto diplomático.
—Empecemos con el lobo —respondí—. El tatuaje puede ser el toque final.
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AMHES
FanfictionDos adolescentes, sin saberlo, comparten un vínculo trascendental: en una vida pasada, fueron amantes y padres de la diosa de los lobos, Ahmes. A medida que el destino los empuja a revivir esa conexión en la época actual, descubren sus roles divinos...
