Capítulo ciento cuarenta y cinco "La mejor pareja"

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A la mañana siguiente, me desperté sintiéndome mejor de lo que me había acostado la noche anterior. La tristeza se había disipado, y me había propuesto disfrutar al máximo el tiempo que me quedaba con Stiles antes de que se fuera a Washington. Tenía que aprovechar cada momento y no desperdiciar ni un segundo lamentándome.

Además, hoy era un día especial: tomarían la foto para nuestro último anuario, y por coincidencia, también lo harían en la primaria de Melody. Me encantaba la idea de que ambas tendríamos recuerdos fotográficos de este día. Con ese pensamiento en mente, comencé a preparar a Melody para que luciera preciosa en su primera foto de anuario. Le cepillé el cabello con cuidado, haciendo que sus rizos cayeran suavemente sobre sus hombros, y le pregunté qué quería ponerse.

—¿Qué dices, Melly? —le pregunté mientras sostenía un vestido color lavanda en una mano y un conjunto de falda y blusa en la otra—. ¿Cuál de los dos te gusta más?

Melody me miró con sus grandes ojos brillantes, pensativa por un momento, antes de sonreír.

—El vestido me gusta —dijo con entusiasmo, señalando el vestido color lavanda—. ¡Es mi favorito! Me hace sentir como una princesa.

Sonreí al ver su emoción y asentí.

—El vestido, entonces. Vas a estar hermosa, mi pequeña princesa —dije mientras comenzaba a ayudarla a ponérselo.

Mientras le colocaba el vestido, ella me observaba con una expresión de emoción en su rostro. No podía evitar sonreír al verla tan feliz. Después de vestirla y asegurarme de que todo estaba en su lugar, le di un último vistazo y la giré hacia el espejo.

—¡Mira lo hermosa que estás! —exclamé, arrodillándome a su altura.

Melody se miró en el espejo y sonrió, girando un poco para que el vestido se moviera con ella.

—¡Soy una princesa, mamá! —dijo riendo, y mi corazón se llenó de alegría.

—Eso eres, mi amor. Ahora, vamos a asegurarnos de que mamá también luzca bien para su foto, ¿de acuerdo? —dije, y Melody asintió con entusiasmo.

Me giré hacia mi propio armario, pensando en qué ponerme para la foto del anuario. Mientras lo hacía, podía escuchar a Melody tararear una canción alegre para ella misma. Su felicidad era contagiosa, y me hizo sentir más segura y feliz también. Opté por un vestido sencillo pero elegante color lavanda, sin mangas, con escote cuadrado y acampanada a medio muslo, con tirantes finos. Para cerrar con el look, el collar de luna qué Scott me regaló descansando en medio de mis clavículas.

Hoy iba a ser un día especial, un día para recordar, y quería asegurarme de que ambos tendríamos hermosas fotos para mirar y recordar estos momentos juntos.

Después de colocarme el vestido, me apliqué un poco de maquillaje para resaltar mis facciones y me peiné con cuidado, dejando caer mi cabello en suaves ondas. Quería que mi look combinara con el de mi pequeña, así que también me aseguré de agregar un toque de brillo con un pasador delicado en mi cabello.

Una vez que estuve lista, me giré hacia Melody, quien me observaba desde la cama con una sonrisa expectante. Sus rizos brillaban bajo la luz del sol que entraba por la ventana, y su carita reflejaba la misma emoción que yo sentía por el día de hoy.

—¿Y tú? —le pregunté acercándome con un peine en mano—. ¿Cómo te gustaría que te peine?

Ella se quedó pensativa por un momento, frunciendo ligeramente el ceño mientras consideraba sus opciones. Finalmente, una sonrisa se extendió por su rostro, iluminando sus ojos.

—Quiero una trenza, mamá —dijo con decisión—. Pero de esas que tienen muchas trencitas pequeñitas y se juntan en una sola, como una corona.

Sonreí ante su elección. Melody siempre había tenido un sentido del estilo sorprendentemente sofisticado para su edad. Asentí, contenta de cumplir su deseo.

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