Subimos al jeep después de la intensa búsqueda, sintiéndonos exhaustos física y emocionalmente. Mientras Scott encendía el motor, yo me acomodé en el asiento del copiloto, cerrando los ojos por un momento, intentando liberar algo de la tensión acumulada.
—Estoy muerta —murmuré, dejándome caer contra el respaldo del asiento, mi cuerpo se sentía pesado.
Scott lanzó una pequeña sonrisa, tratando de levantar el ánimo a pesar de la situación. —Aún no —bromeó, manteniendo los ojos en el camino mientras arrancaba el jeep.
Abrí un ojo para mirarlo, y aunque estaba agotada, no pude evitar sonreír apenas. —¿Estamos chistositos ahora? —le dije, con un toque de sarcasmo, pero con cariño.
Scott se encogió de hombros, su sonrisa suave pero cansada. —Si no podemos reír un poco, nos volveremos locos, ¿no crees?
Suspiré, sabiendo que tenía razón. —Supongo. Pero en este momento, lo único que quiero es llegar a casa, ponerme algo cómodo y dormir por una semana.
—Eso suena bien —Scott asintió, sus ojos brillando levemente con la misma idea.
Miré hacia el asiento trasero, donde Melody seguía dormida, su respiración tranquila. Al menos, por ahora, estaba a salvo. Con eso en mente, volví a cerrar los ojos, dejando que el suave rugido del motor me arrullara, sabiendo que este pequeño momento de paz no duraría mucho tiempo.
Sentí un ligero vaivén y, al abrir apenas mis ojos, me di cuenta de que estaba en los brazos de Scott. Su respiración era constante y calmada mientras caminaba hacia la casa. Me había quedado dormida en el jeep y él, sin decir una palabra, me había cargado.
—¿Scott? —murmuré, con la voz suave, algo confundida pero reconfortada por su calidez.
—Shh, todo está bien —respondió en voz baja, sin detenerse—. Solo te estoy llevando adentro, sigue durmiendo.
Apoyé mi cabeza contra su pecho, sintiéndome segura, y dejé que el agotamiento volviera a vencerme. Aunque el caos seguía rodeándonos, en ese momento, me permití olvidar por un instante todo lo que habíamos enfrentado.
En cuanto mi cuerpo tocó el mullido colchón y sentí que la cercanía de Scott se alejaba un poco, murmuré adormilada, pero con un toque de diversión:
—¿No me darás mi beso de buenas noches?
Scott se detuvo por un segundo, y pude imaginar su sonrisa a través de la penumbra. Regresó y, con suavidad, se inclinó hacia mí.
—¿Cómo podría olvidarlo? —susurró, antes de plantar un beso suave en mi frente.
Sonreí al sentir el contacto cálido, dejándome caer nuevamente en el sueño, sabiendo que él estaba allí.
—Mmm... quería mi beso en otro lugar —hice un mohín, jugando con la situación.
Soltó una pequeña risa y se inclinó un poco más, con un brillo travieso en sus ojos.
—¿Aquí, tal vez? —dijo, acercándose más, y plantó un beso suave en mis labios.
El gesto fue dulce y reconfortante, y mi corazón se sintió un poco más ligero en medio de toda la confusión que nos rodeaba.
—Perfecto —respondí, sonriendo mientras me acomodaba en la cama, sintiendo que el mundo exterior se desvanecía, al menos por un momento.
Con algo de cansancio, me quité los pantalones y la camisa, quedando en mi remera de tirantes y ropa interior. Cada movimiento se sentía lento, como si el agotamiento pesara en cada parte de mi cuerpo. Las luces suaves de la habitación apenas iluminaban el espacio, pero me brindaban esa sensación de calma que siempre encontraba en este lugar, en nuestra cama. Dejé caer la ropa al suelo sin pensar demasiado en ordenarla; no tenía fuerzas ni para eso.
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AMHES
FanfictionDos adolescentes, sin saberlo, comparten un vínculo trascendental: en una vida pasada, fueron amantes y padres de la diosa de los lobos, Ahmes. A medida que el destino los empuja a revivir esa conexión en la época actual, descubren sus roles divinos...
