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El diagnóstico V

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Seis meses después, el departamento de Harry ya no era solo su refugio.

Había pequeños rastros de Ana por todas partes: un par de zapatos de tacón junto a sus botas de cuero en la entrada, su perfume floral mezclándose permanentemente con el sándalo que impregnaba el ambiente, y una colección de libros de literatura que ahora compartían espacio con los gruesos manuales de psicología clínica en la estantería del salón.

Era sábado por la tarde. El sol comenzaba a caer, tiñendo el cielo de la ciudad de un naranja cobrizo que se colaba por los amplios ventanales.

Tenían una cena en menos de una hora con algunos colegas de Harry -incluida la doctora Clara Evans, quien ahora era una excelente amiga de ambos-, pero en la habitación principal, el tiempo parecía haber perdido por completo su significado.

Ana estaba de pie frente al gran espejo de cuerpo entero, ajustándose un vestido de seda rojo oscuro que se adhería a sus curvas como una segunda piel. La tela caía con fluidez, dejando su espalda completamente desnuda hasta el nacimiento de la cadera. Se estaba aplicando un labial carmesí cuando sintió el cambio en la densidad del aire.

Harry apareció en el marco de la puerta del baño. Llevaba unos pantalones de traje negros, pero su camisa de seda negra aún estaba completamente desabotonada, exhibiendo el lienzo de sus tatuajes y la definición de su abdomen.

Se quedó allí, apoyado en el marco, con un vaso de bourbon a medio terminar en la mano, observándola en silencio.

Ana levantó la vista y sus ojos se encontraron a través del espejo. La mirada de Harry no era la de un hombre que llevaba medio año de relación tranquila; era la de un depredador que acababa de encontrar su presa favorita. Oscura, hambrienta, insaciable.

-Si sigues mirándome así, vamos a llegar tarde a la cena -advirtió ella con una sonrisa ladeada, aunque su propia respiración ya había empezado a acelerarse.

Harry dio un sorbo lento a su vaso, sin romper el contacto visual en el espejo, y luego lo dejó sobre la cómoda. Caminó hacia ella con pasos pausados, silenciosos como los de un felino.

-Clara sabe perfectamente que soy un hombre impuntual -murmuró él, deteniéndose justo detrás de Ana.

El calor que irradiaba el cuerpo de Harry chocó contra la espalda desnuda de ella. Él levantó las manos y, con una delicadeza que contrastaba con la intensidad de sus ojos, apartó el cabello de Ana hacia un lado, dejándolo caer sobre su hombro derecho. Se inclinó y presionó sus labios contra la curva sensible de su cuello, justo donde latía su pulso.

Ana cerró los ojos y soltó un suspiro tembloroso, dejando caer el labial sobre el tocador. La sensación de la boca caliente de Harry sobre su piel, combinada con el roce sutil del lino de su pantalón contra la seda de su vestido, fue un cortocircuito instantáneo en su cerebro.

-Harry... -susurró, intentando aferrarse a un último vestigio de compostura-. Arruinarás el maquillaje.

-Entonces no lleves maquillaje -respondió él, con la voz ronca vibrando contra su piel.

Sus manos, grandes y firmes, descendieron por los brazos de Ana hasta entrelazar sus dedos con los de ella, levantándolos ligeramente para inmovilizarlos a los costados de su cuerpo. La obligó a abrir los ojos y a mirarse en el espejo.

-Mírate, Ana -le ordenó en un susurro grave, apretando su cadera contra la de ella desde atrás, haciéndole sentir la dura evidencia de su excitación contra su retaguardia-. Mira lo que provocas en mí con solo estar de pie frente a un maldito espejo.

Ana tragó saliva. La imagen frente a ella era puramente erótica: el contraste del vestido rojo con la camisa negra abierta de Harry, sus manos tatuadas apresando las suyas, y la forma en que él devoraba su cuello con besos húmedos mientras la mantenía anclada a él.

Ya no quedaba ni un rastro de la mujer asustada que temía que su mente fuera demasiado oscura. Ahora, Ana se nutría de esa oscuridad, la abrazaba y la exigía.

-Te quiero dentro de mí. Ahora -exigió ella, con una voz cargada de una voracidad que hizo sonreír a Harry contra su piel.

Él soltó sus manos y, en un movimiento rápido y brutalmente pasional, la giró para que quedara frente a él. La tomó por la cintura y la levantó en vilo. Ana enredó las piernas alrededor de su cadera de inmediato, aferrándose a sus anchos hombros. Harry dio un par de pasos firmes hasta acorralarla contra la pared, junto al espejo.

No hubo preliminares lentos, ni palabras suaves. La urgencia que los consumía no lo permitía. Harry levantó la falda del vestido de seda roja, amontonándola alrededor de la cintura de Ana, y apartó a un lado la fina tela de su ropa interior con dedos impacientes. Ella, con manos igual de desesperadas, buscó el cierre de los pantalones de él.

Cuando Harry la penetró, lo hizo de un solo empuje, profundo y total.

Ana echó la cabeza hacia atrás, golpeando suavemente contra la pared, y ahogó un grito que sonó más como una súplica rota. La fricción fue tan intensa que le robó el aire de los pulmones. Estaba húmeda, lista, ardiendo por él desde el momento en que sus miradas se cruzaron en el reflejo.

-Dios, Ana... -gruñó Harry, escondiendo el rostro en el hueco de su cuello, respirando agitadamente mientras comenzaba a moverse.

El ritmo fue implacable desde el primer segundo. Harry sostenía el peso de ella sosteniéndola firmemente por los muslos, empujándola contra la pared con cada embestida. El sonido de sus pieles chocando llenaba la habitación, eclipsando por completo el ruido del tráfico de la ciudad afuera.

Ana se aferró a los rulos de la nuca de Harry, tirando de su cabello para obligarlo a mirarla.

-Más duro, Harry. No te detengas -le exigió, con las pupilas dilatadas, entregándose por completo a la intensidad que la devoraba.

Él obedeció con una fiereza que le aceleró el corazón. Aumentó el ritmo, sus caderas golpeando contra las de ella con una fuerza que la hacía vibrar desde la coronilla hasta la punta de los pies. Harry la miraba directamente a los ojos mientras lo hacía, reclamando cada jadeo, cada espasmo de placer que cruzaba por el rostro de Ana.

Le fascinaba verla perder el control, saber que él era el único capaz de llevarla a ese estado de locura absoluta donde el pudor no existía.

La presión en el vientre bajo de Ana se acumuló con una velocidad vertiginosa. Sentía a Harry tan profundo, llenándola de manera tan perfecta, que la línea entre dónde terminaba su cuerpo y dónde empezaba el de él se desdibujó por completo.

-Harry... me vengo... -sollozó ella, clavando las uñas en los hombros desnudos de él.

-Hazlo para mí, mi amor. Suéltate -le ordenó él con la mandíbula tensa, empujando con aún más fuerza, golpeando exactamente el punto que la hacía enloquecer.

El orgasmo la atravesó como un rayo. Ana gritó su nombre, apretando las paredes de su interior alrededor de él en contracciones violentas que arrastraron a Harry directo al abismo con ella. Él soltó un rugido sordo, cerrando los ojos con fuerza, y se derramó dentro de ella con embestidas cortas y finales que lo dejaron temblando de pura extenuación.

Harry apoyó la frente contra la de Ana, intentando recuperar el aliento. Sus pechos subían y bajaban al unísono, pegados el uno al otro. El vestido rojo de ella estaba arrugado, el labial ligeramente corrido, y la camisa negra de él pendía desastrosamente de sus hombros.

Se quedaron así durante largos minutos, suspendidos en la pared, saboreando la réplica del placer en sus cuerpos.

Lentamente, Harry abrió los ojos, esbozando esa sonrisa de medio lado, perezosa y satisfecha, que Ana tanto adoraba. Le acarició el pómulo con el pulgar.

-Definitivamente vamos a llegar tarde a la cena -susurró él, robándole un beso suave, saboreando el labial rojo mezclado con su propia piel.

Ana soltó una risa ahogada, aflojando ligeramente el agarre de sus piernas pero sin ninguna intención real de soltarlo.

-Que nos esperen -respondió ella, pasándole los brazos por el cuello y pegándolo más a su pecho-. El doctor Styles todavía tiene que ayudarme a arreglarme el vestido.


Holaaaaa. ¿Cómo están? Espero que muy bien, con ganas de más one shot. ¿Qué les pareció este?

Mil gracias por todo su apoyo. Son lo más. 💗

A. S.

One Shots H. S. (+18)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora