El jefe III

99 5 2
                                        

El silencio en la oficina se prolongó, pero ya no era un silencio tenso, sino uno que se sentía extrañamente íntimo. Ana sostuvo la mirada de Harry por unos segundos, buscando algún rastro de la arrogancia de siempre, pero solo encontró una calma sincera que la descolocó.

-Tengo hambre -admitió Ana de repente, rompiendo el trance y soltando una pequeña risa para aligerar el ambiente-. El estrés de salvar el backend me abrió el apetito.

Harry parpadeó, sorprendido por el cambio de tema, y luego sonrió. Una sonrisa de verdad, de las que hacían que se le marcaran hoyuelos en las mejillas, algo que Ana no le había visto hacer jamás.

-Bueno, dudo que los restaurantes de cinco estrellas del centro tengan servicio de entrega a las dos y media de la mañana en medio de un apagón -dijo él, revisando su teléfono, que milagrosamente había recuperado una línea débil de señal-. Pero conozco un lugar de hamburguesas veinticuatro horas a unas diez calles. No es... a lo que estoy acostumbrado, pero dicen que son las mejores de la ciudad. ¿Te arriesgas?

Ana lo miró, incrédula.

-¿El gran Harry Styles comiendo hamburguesas de un local de mala muerte? Eso tengo que verlo.

Decidieron bajar las escaleras de emergencia. Harry usó la linterna para guiarla, manteniéndose un paso adelante para asegurarse de que ella no tropezara en la penumbra. Cuando salieron a la calle, el aire fresco de la madrugada los recibió. Caminaron uno al lado del otro, despojados de sus roles de jefe y empleada.

El lugar resultó ser un carrito luminoso con un par de mesas de plástico en la vereda. Harry, todavía con su traje de diseñador pero con las mangas arremangadas, se sentó en una de las sillas baratas sin quejarse ni una sola vez. Pidieron dos hamburguesas completas con papas fritas.

-Entonces -dijo Ana, apoyando los codos en la mesa y mirándolo con curiosidad mientras esperaban la comida-, si la opulencia es solo tu escudo... ¿quién es el verdadero Harry cuando se quita el traje de corporativo millonario?

Harry jugueteó con una servilleta de papel, pensativo.

-Alguien a quien solía gustarle la música, la fotografía y las cosas simples -confesó en voz baja, mirándola a los ojos-. Alguien que empezó este negocio en el garaje de su amigo porque nos apasionaba programar, no porque quisiéramos acumular millones. Pero el éxito llegó demasiado rápido. Te rodeas de gente que solo te dice lo que quieres escuchar, te vuelves paranoico, te pones una máscara de frialdad para que nadie te pase por encima... y un día te despiertas y te das cuenta de que te convertiste en un imbécil exigente que trata mal a la ingeniera que va a arreglarle la computadora.

Ana sonrió de lado, sintiendo cómo esa coraza que ella misma había construido contra él empezaba a desmoronarse.

-Bueno, al menos admites lo de la computadora. Eso es un avance.

-Fue patético, lo sé -se rió él, contagiado por su tono-. Estaba tan estresado por esa junta que ni siquiera pensé en revisar el cable. Cuando me respondiste de esa manera, me dio un golpe de rabia, pero también... fue como un balde de agua fría. Nadie me habla con esa honestidad, Ana. Hace mucho tiempo que nadie me ponía en mi lugar.

El mesero dejó las hamburguesas sobre la mesa. Eran enormes, chorreantes de queso y envueltas en papel encerado. Ana atacó la suya sin ningún tipo de protocolo, lo que hizo que Harry soltara una carcajada limpia. Él imitó su gesto, dándole un mordisco a la suya y manchándose un poco de salsa en la comisura de los labios.

-Vaya... -admitió él, limpiándose con una servilleta-. Tenían razón. Esto está increíble.

-Te lo dije. Hay placeres que el dinero no puede comprar, Styles.

A partir de ahí, la conversación fluyó con una facilidad que ninguno de los dos esperaba. Hablaron de todo y de nada. Ana le contó sobre los desafíos de trabajar en un mundo tecnológico siendo mujer, sobre sus días en la universidad y cómo extrañaba las charlas literarias que solía tener con sus padres en la mesa de la cocina.

Harry, por su parte, le habló de sus frustraciones, de lo mucho que extrañaba la libertad de crear código por pura diversión y de cómo la presión de la junta directiva lo estaba asfixiando.

Ana descubrió que, debajo de la fachada de tipo duro y superficial, Harry era un hombre sumamente inteligente, sensible y con un sentido del humor bastante agudo que encajaba perfectamente con el sarcasmo de ella.

Cuando terminaron de comer, la madrugada empezaba a dar paso a los primeros tonos claros del amanecer. Caminaron de regreso hacia el edificio de la empresa para buscar sus pertenencias, pero el ritmo de sus pasos era mucho más lento.

No querían que la noche terminara.
Se detuvieron frente a la entrada principal. Las luces del edificio ya habían vuelto a la normalidad, indicando que el mundo corporativo estaba listo para reanudarse.

-Gracias por la cena, Harry. Y por la charla. Me alegra haber descubierto que no eres un caso perdido -dijo Ana con una sonrisa juguetona, dándose la vuelta para entrar.

Harry la tomó suavemente del antebrazo, deteniéndola. El contacto físico envió una descarga eléctrica directo al pecho de ambos.

Ella se giró, quedando a escasos centímetros de él. Harry la miró con una intensidad que le cortó la respiración; ya no la miraba como a una empleada brillante, sino como a la mujer que acababa de poner su mundo de cabeza.

-Ana -dijo él, su voz un octava más baja, rozando la intimidad-. El lunes, en la oficina, voy a tener que seguir siendo el CEO ante los demás. Pero... no quiero que lo que pasó esta noche se quede solo en esta noche. Me gustaría volver a verte. Fuera de aquí. Sin trajes, sin pantallas, sin contratos. Solo tú y yo. ¿Me darías esa oportunidad?

Ana miró sus ojos verdes, tan sinceros y desarmados, y sintió que el corazón le daba un vuelco. El jefe exigente y arrogante seguía existiendo, pero el hombre que tenía enfrente valía totalmente la pena el riesgo.

-Solo si prometes que la próxima vez la comida la elijo yo -respondió ella, con una sonrisa que iluminó su rostro.

Harry sonrió de oreja a oreja, aliviado, y asintió.

-Trato hecho.

Holaaa. Una nueva parte de esta hermosa historia. Se viene una parte dramática a continuación. 🫣

Mil gracias por su apoyo y sus comentarios.

A. S.

One Shots H. S. (+18)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora