La heredera IV

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El trayecto en la ambulancia privada hacia la clínica fue un suplicio de silencio y luces de neón que se filtraban por los vidrios esmerilados. Leo se quedó profundamente dormido a mitad de camino, agotado por el llanto y el shock, con su pequeña mano aún aferrada a la de Ana.

Harry no se atrevió a sentarse cerca de ella. Permaneció en el extremo opuesto del cubículo, observando cada movimiento de los paramédicos con una atención neurótica, como si un solo parpadeo suyo pudiera empeorar las heridas de Ana.

Quiso hablarle, quiso pedirle perdón otra vez, pero la línea rígida de la mandíbula de ella y su mirada fija en el techo le indicaron que cualquier palabra suya sería un insulto a su dolor.

Una vez en la clínica, el poder del apellido Sterling aceleró todo. En menos de dos horas, Ana ya estaba instalada en una suite privada del último piso. Los médicos confirmaron que la fractura en su brazo izquierdo era limpia y no requería cirugía, solo inmovilización absoluta, y que el corte en su frente sanaría sin dejar una marca profunda.

Cuando el sedante suave que le administraron empezó a hacer efecto, la habitación quedó en una penumbra pacífica. Leo dormía en un sofá individual, tapado con una manta que una de las enfermeras le había llevado.

Harry aprovechó ese momento para acercarse a la cama. Se sentó en la silla metálica, sintiéndose el hombre más miserable del planeta.

Su traje gris, antes impecable, estaba manchado de barro y agua de lluvia; su cabello rizado estaba completamente desordenado. Se apoyó los codos en las rodillas y hundió el rostro en las manos, dejando escapar un suspiro que sonó a derrota.

-Deberías irte a casa, Harry -la voz de Ana lo sobresaltó. Era un susurro apenas audible, ronco por los medicamentos, pero mantenía esa distancia gélida que a él le partía el alma.

Harry levantó la cabeza. Sus ojos, enrojecidos y cansados, buscaron los de ella.

-No me voy a ir, Ana. Ya te lo dije -respondió con suavidad, temiendo que si levantaba la voz ella se alteraría-. No voy a dejarte sola. Sé que estás aquí solo por Leo, y respeto eso, pero... necesito saber que estás bien.

Ana giró la cabeza lentamente hacia él, con esfuerzo. La luz de la luna que entraba por la ventana iluminaba el vendaje de su frente.

-Estoy bien. O lo estaré cuando dejes de mirarme como si fuera de cristal -dijo ella, con una pizca de su habitual ironía, aunque no había calidez en su tono-. Cumplí mi palabra con Leo. Mañana, cuando me den el alta, iré a la mansión a instalarme hasta que pueda valerme por mí misma. Pero quiero que dejes algo claro, Harry: no lo hago por ti. Lo hago porque no quiero que ese niño pase otra noche pensando que su familia lo abandonó.

Cada palabra de Ana era un clavo en el orgullo de Harry, pero él aceptó el castigo de buena gana. Se inclinó un poco hacia adelante, estirando la mano como si quisiera tocar la sábana cerca de ella, pero se contuvo a mitad de camino, recordando que ya no tenía ese derecho.

-Lo sé -confesó él, con una honestidad descarnada-. Sé que me odias, y tienes toda la razón del mundo para hacerlo. Fui un cobarde, Ana. Me pasé la vida rodeado de tiburones corporativos, cuidándome las espaldas de gente que solo quería una tajada de mi apellido, y cuando apareciste tú... tan real, tan entera, tan jodidamente inmune a todo este dinero... me dio pánico.

Ana parpadeó, sorprendida por la vulnerabilidad en su voz. La atracción magnética que siempre los había rodeado seguía ahí, latente en la penumbra de la habitación, una corriente eléctrica que hacía que a ambos les costara respirar.

-Te dio pánico que no pudieras controlarme, que es diferente -replicó ella en voz baja.

-Me dio pánico lo que me hacías sentir -corrigió Harry, mirándola fijamente a los ojos, dejando que ella viera todo el dolor y el arrepentimiento que cargaba-. Me di cuenta de que no tenías precio, y eso te hacía la persona más peligrosa del mundo para mi estructura. Quise buscar una grieta en ti para convencerme de que eras como los demás, y al hacerlo, rompí lo único valioso que había entrado en esta familia en años.

One Shots H. S. (+18)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora