El jefe V

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El lunes por la mañana, la atmósfera en el piso de ingeniería se sentía extrañamente pesada.

Ana llegó a su hora de siempre, con un café en la mano y la mente fija en el trabajo. Se prometió a sí misma que lo sucedido el sábado no afectaría su rendimiento. Su intelecto y su carrera estaban por encima de los complejos de inferioridad de un millonario.

A las diez en punto, tal como estaba programado, subió al piso 40 para la reunión semanal de avance del proyecto.

Cuando entró a la sala de juntas, Harry ya estaba allí. Tenía un aspecto impecable, como siempre, pero Ana notó de inmediato las sutiles sombras oscuras bajo sus ojos verdes y la forma en que se enderezó en su silla en cuanto ella cruzó la puerta. La miró con una mezcla de ansiedad y súplica.

Ana, sin embargo, no pestañeó. Caminó con paso firme, se sentó al extremo opuesto de la mesa y abrió su computadora.

-Buenos días, señor Styles -dijo, con una voz tan clara y profesional que pareció congelar el aire de la habitación.

Harry sintió el impacto de ese "señor Styles" directo en el pecho.

-Buenos días, Ana... -comenzó él, buscando desesperadamente su mirada-. Yo quería...

-Si le parece bien, empezamos con el estado de la migración de datos -lo interrumpió ella, con una cortesía implacable-. Implementamos los parches de seguridad tras el incidente del jueves y la arquitectura del backend está corriendo al cien por ciento de su capacidad. No prevemos retrasos para la entrega final.

Durante los siguientes veinte minutos, Ana expuso los gráficos, las métricas y el código con una brillantez absoluta. Harry apenas podía concentrarse en los números; solo podía mirarla, maravillado y a la vez aterrorizado por la fría indiferencia de la mujer que apenas unas horas antes se reía con él en una pizzería de barrio.

No había rastro de enojo en ella, y eso era lo que más le asustaba: el enojo demuestra que te importa; la fría profesionalidad significa que ya te dejaron ir.

-Eso sería todo por mi parte, señor Styles -concluyó Ana, cerrando la pantalla de su laptop de un golpe seco-. ¿Tiene alguna duda técnica?

-Ana, por favor, basta -pidió Harry en un susurro, mirando hacia la puerta acristalada para asegurarse de que nadie los escuchaba. Se levantó de su silla y rodeó la mesa, acercándose a ella-. Lo del sábado... fui un estúpido, un cobarde. Estaba bloqueado y no supe cómo reaccionar. No quise decir que fueras solo una ingeniera, tú eres...

-Usted dijo lo que sentía en ese momento, señor Styles, y fue muy honesto -lo cortó Ana, levantándose también y colgándose el bolso al hombro. Sostuvo su mirada sin un ápice de flaqueza-. No hay nada que discutir. Usted cuida sus negocios y su estatus, y yo cuido mi trabajo y mi dignidad. Las líneas quedaron claras.

-No me importa el estatus, te lo juro...

-A mí tampoco me importa el suyo -sentenció ella-. Si no hay más preguntas sobre el software, me retiro a mi área. Buen día.

Dio media vuelta y caminó hacia la salida.

-¡Ana! -la llamó él, con un tono de desesperación que jamás había usado con nadie en esa empresa. Ella se detuvo con la mano en el picaporte de la puerta, pero no se giró.

-Por favor... dame una oportunidad para enmendarlo. Solo una.

Ana respiró hondo, procesando el dolor que le causaba escuchar el quiebre en su voz, pero se mantuvo firme. Sabía que si cedía tan fácil, él nunca aprendería a valorarla de verdad.

-El despliegue final del proyecto es en dos semanas -dijo Ana en voz baja, aún de espaldas-. Hasta entonces, mi único vínculo con usted es este código. Con su permiso.

One Shots H. S. (+18)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora