El jefe

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La pantalla de la computadora de Ana parpadeó, mostrando una línea de código impecable, justo antes de que la voz de la secretaria del piso 40 interrumpiera su concentración.

-Ana, el señor Styles necesita que subas a su oficina. Ahora. Su computadora no enciende.

Ana contuvo un suspiro de frustración. Era ingeniera en software senior, encargada del backend de la plataforma de inteligencia artificial más importante de la empresa, no el servicio técnico de soporte.

Sin embargo, en Styles Tech, desobedecer una orden directa del CEO era firmar tu propia carta de renuncia. Y Ana necesitaba conservar su trabajo.

Tomó su kit de herramientas básicas y subió en el ascensor privado. Cuando las puertas se abrieron, se topó con el estereotipo perfecto de la élite de Silicon Valley: Harry Styles.

Era ridículamente guapo, ridículamente rico y, según los rumores, ridículamente exigente. Llevaba un traje a medida que costaba más que tres meses de su sueldo y miraba la pantalla de su laptop como si esta le hubiera insultado a su madre.

-¿Eres la de sistemas? -preguntó Harry, sin siquiera mirarla a los ojos cuando entró-. Llevas cinco minutos de retraso. Esta porquería no arranca y tengo una junta con los inversionistas de Tokio en diez minutos. Arréglalo.

Ni un "hola", ni un "por favor". Ana apretó los dientes, tragándose el comentario sarcástico que tenía en la punta de la lengua.

-Con permiso -dijo ella de forma cortante.

Se inclinó sobre el escritorio, percibiendo el costoso perfume de Harry, lo cual solo logró fastidiarla más. Tras presionar un par de comandos y revisar la fuente de alimentación, Ana descubrió el gran "problema" del genio de la tecnología. Conectó un cable que se había soltado bajo el escritorio y presionó el botón de inicio. La pantalla brilló de inmediato.

-Estaba desconectada de la corriente, señor -dijo Ana, enderezándose y mirándolo con una ceja alzada-. Un error complejo de ingeniería, como puede ver.

Harry la miró fijamente, con sus ojos verdes entrecerrados, visiblemente molesto por el tono de la ingeniera. No estaba acostumbrado a que nadie le respondiera, y mucho menos una empleada con jeans y tenis.

-Puedes retirarte -replicó él de forma gélida, ignorando su sarcasmo-. Asegúrate de que no vuelva a pasar.

Ana dio media vuelta y se marchó. Definitivamente, el jefe era un imbécil.

Tres semanas después, se celebró la gala anual de la empresa. El evento era una demostración obscena de opulencia en un hotel de cinco estrellas. Ana asistió solo por compromiso, vistiendo un sencillo vestido negro que contrastaba con los diamantes y los vestidos de alta costura que la rodeaban.

A mitad de la noche, se vio atrapada en un círculo de directivos donde Harry Styles era el centro de atención. Él estaba en su elemento, sosteniendo una copa de champán y hablando de su nueva adquisición.

-...el viñedo en la Toscana es un pasatiempo, en realidad -decía Harry con una sonrisa arrogante-. Pero cuando tienes los recursos, lo importante es el estatus. El dinero no es para guardarlo, es para demostrar que juegas en otra liga.

Ana sintió que el estómago se le revolvía. Sus padres eran profesores de escuela pública en un barrio humilde; personas que habían trabajado toda su vida no para ostentar, sino para ayudar a su comunidad, enseñándole que el valor de una persona radicaba en su intelecto y su empatía, no en su cuenta bancaria.

Escuchar a ese hombre presumir de su riqueza como si fuera un dios le resultó patético. Sin poder evitarlo, Ana dejó escapar una risa seca, un poco más alta de lo que pretendía.

El grupo se silenció. Harry giró la cabeza, localizándola de inmediato. Sus ojos verdes brillaron con reconocimiento y una pizca de desafío.

-¿Dije algo divertido, ingeniera...? -Harry arrastró las palabras, buscando su nombre.

-Ana -respondió ella, sosteniéndole la mirada sin un ápice de intimidación-. Y no, señor Styles. Solo pensaba que algunas personas necesitan comprar viñedos enteros para llenar espacios muy pequeños. Con permiso.

Dio un trago a su copa, la dejó sobre la bandeja de un mesero y se alejó con la frente en alto, dejando atrás un silencio sepulcral en el círculo de ejecutivos.

Harry la vio irse, estupefacto. Nadie en su sano juicio le hablaba así. Pero mientras la veía desaparecer entre la multitud, una extraña y peligrosa sonrisa comenzó a formarse en sus labios. Por primera vez en años, alguien en esa empresa se volvía interesante.

Holaaa. Nuevamente por aquí, con una nueva historia.

Mil gracias por su apoyo y por su paciencia. Espero subir más seguido.

A. S.

One Shots H. S. (+18)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora