El aire en la habitación parecía haberse solidificado. Harry no la tocó; no era necesario. La sola proximidad de su cuerpo plateado emanaba una frecuencia que hacía que los sentidos de Ana se distorsionaran. Ella podía sentir el latido del corazón de él, no con los oídos, sino a través de la piel, un ritmo constante y poderoso que exigía sincronía.
-¿Por qué me miras así? -susurró Ana, con la voz apenas audible-. Como si fuera lo único que importa en este mundo de cristal.
-Porque para mi linaje, lo eres -respondió Harry, dando un paso más, eliminando el último espacio de aire entre ellos-. Mis otras mujeres son la armonía de Zyrathol, pero tú eres la melodía que me faltaba. Eres el caos que mi orden necesita para no morir.
Él levantó una mano y, con una lentitud que era casi una tortura, rozó la mejilla de Ana con el dorso de sus dedos. El contacto fue eléctrico; Ana cerró los ojos, incapaz de evitar que su cabeza se inclinara hacia el toque. Era un calor metálico, una textura que se sentía como seda y poder a la vez.
En ese momento, las puertas de la cámara se deslizaron silenciosamente y un grupo de mujeres del harén entró. Ana, por primera vez, no sintió el impulso de cubrirse o huir. Se quedó allí, atrapada en la mirada de Harry, mientras las mujeres comenzaban a rodearlos.
Lyra se acercó a Ana por detrás y, con una suavidad experta, deslizó la túnica de seda de sus hombros. La prenda cayó al suelo sin ruido. Ana se encontró desnuda frente al Rey y frente a las mujeres que la observaban con una adoración que ya no le parecía insultante, sino contagiosa.
-Míralas, Ana -murmuró Harry, bajando su mano hacia el cuello de ella-. Ellas no te juzgan. Ellas celebran que finalmente has dejado de luchar contra tu propia naturaleza.
Una de las mujeres se arrodilló y comenzó a besar los muslos de Ana, mientras otra rodeaba la cintura de Harry, acariciando su torso plateado.
El erotismo ambiental de Zyrathol, ese que tanto había horrorizado a Ana, empezó a filtrarse en sus venas como un narcótico. Vio a dos de las concubinas besarse apasionadamente a un costado, sus cuerpos entrelazándose en una danza de sombras y luz, y sintió que una barrera interna se rompía.
La vergüenza, ese peso terrestre que la había mantenido prisionera, se disolvió bajo el calor de la mirada de Harry.
Harry la tomó por la nuca, obligándola a mirarlo mientras él también se despojaba de su autoridad. Su dotación, ya plenamente excitada por la cercanía de Ana, se reveló ante ella con toda su magnitud alienígena.
Ana no apartó la vista. Por primera vez, observó con hambre la anatomía que estaba destinada a reclamarla.
-Quiero que me poseas -dijo Ana, y las palabras le sorprendieron incluso a ella-.
Harry soltó un gruñido bajo, un sonido que vibró en el suelo de cristal.
Él la levantó con una facilidad asombrosa y la llevó hacia el lecho central.
Las mujeres del harén los siguieron, posicionándose alrededor de ellos para servirlos, para tocarlos y para participar en la energía que estaba a punto de desatarse. Ana sintió las manos de las mujeres recorriendo su espalda mientras Harry se posicionaba sobre ella.
Ya no había miedo, solo una urgencia biológica que la hacía arquear el cuerpo hacia él. Cuando Harry finalmente se hundió en ella, el choque fue tan intenso que el mundo de Ana se volvió blanco.
Era el inicio de la unión que lo cambiaría todo: el momento en que la humana dejó de existir para dar paso a la soberana de un imperio estelar. El placer, compartido y sin secretos, fue el sello final de su nueva vida.
El primer contacto total fue un estallido de sensaciones que Ana no pudo procesar. Al ser su primera vez con un ser de la anatomía de Harry, el impacto físico fue colosal.
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One Shots H. S. (+18)
FanfictionHarry , Anna y Niall, una pareja nada convencional, una pareja de tres.
