El aire acondicionado del supermercado local no era suficiente para mitigar la humedad y el calor bochornoso del ambiente, pero Ana llevaba una camisa de seda beige, cerrada hasta el último botón a pesar de que el termómetro rozaba los 35°C.
Mientras recorría las góndolas con movimientos mecánicos, sentía el roce de la tela contra la base de su cuello, justo donde Harry le había dejado una marca violácea, un sello de propiedad que latía con cada uno de sus latidos.
Se sentía observada por cada vecino, como si el secreto que cargaba en su vientre y en su piel fuera transparente. Cada vez que alguien la saludaba, Ana forzaba una sonrisa, sintiéndose una impostora. La imagen de la mujer respetable chocaba frontalmente con la sensación de plenitud que todavía sentía entre sus piernas.
Su celular vibró en el bolsillo del pantalón. Un mensaje corto, directo, sin espacio para la duda:
Harry: Sé que te pusiste la camisa cerrada para tapar lo que te hice. No importa. Yo sé lo que hay debajo. Te espero en 20 minutos en el camino viejo, bajo los sauces. Traje el auto.
Ana sintió un vuelco en el estómago. Dejó el carrito a medio llenar en un pasillo y salió del supermercado con las mejillas encendidas. No era una invitación, era una orden, y lo más aterrador para ella era que no deseaba nada más que obedecerla.
El auto de Harry estaba estacionado donde la sombra de los sauces era más espesa, oculto de la vista de cualquier curioso que pasara por la ruta provincial. Los vidrios polarizados, negros como el azabache, reflejaban el follaje, convirtiendo el vehículo en una cápsula impenetrable.
Ana entró y el golpe de aire frío del climatizador la recibió, pero la tensión eléctrica que emanaba de Harry era mucho más potente. Él estaba reclinado en el asiento del conductor, observándola con esa seriedad de acero que la desarmaba.
No dijo "hola". Solo estiró la mano y desprendió los dos primeros botones de la camisa de Ana, exponiendo la marca que él mismo había tatuado con sus labios el día anterior.
—Te queda bien —susurró él, su voz vibrando en el espacio reducido—. Te recuerda a quién le perteneces cuando estás sola.
Ana no pudo más. La mezcla de la culpa acumulada y el deseo voraz que Harry despertaba en ella la llevó a hacer algo que nunca había imaginado. Se deslizó del asiento del acompañante y se arrodilló en el estrecho espacio frente a él. Harry se tensó, sus manos aferrándose al volante con una fuerza que hizo que sus nudillos se pusieran blancos.
—Ana... ¿qué hacés? —preguntó, aunque su respiración ya se había vuelto errática.
Ella no respondió con palabras. Sus manos, expertas y decididas, desabotonaron el pantalón de Harry. Cuando lo liberó, se encontró con la magnitud de su deseo, una evidencia física de que él la esperaba con la misma urgencia.
Ana se entregó a la tarea con una pasión que lo dejó sin habla. El sonido de su respiración, el vaho que empezaba a empañar los vidrios negros y la sensación de tener el control, por primera vez, sobre el placer de ese hombre que la dominaba por completo, la llenó de una euforia salvaje.
Harry soltó un gruñido profundo, echando la cabeza hacia atrás. Sus dedos se enterraron en el cabello de Ana, guiándola, perdiendo por un momento esa compostura imperturbable.
—Mierda, Ana... me vas a volver loco —logró articular entre jadeos, mientras el placer lo llevaba al borde del colapso.
Antes de que él llegara al final, Harry la tomó por los hombros y la levantó con una fuerza bruta, obligándola a sentarse sobre él, a horcajadas.
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One Shots H. S. (+18)
FanfictionHarry , Anna y Niall, una pareja nada convencional, una pareja de tres.
