El jefe IV

79 6 4
                                        

El sábado por la noche, Harry cumplió su promesa. Dejó el auto de lujo en su cochera y llegó a la cita en un taxi, vistiendo unos jeans oscuros y una campera de cuero negra.

Ana lo esperaba en la puerta de una pizzería tradicional del barrio, un lugar ruidoso, con mesas de madera gastada y mozos que gritaban los pedidos.

Durante las primeras dos horas, la cita fue perfecta. Harry se mostró divertido, genuino y completamente enfocado en ella. Compartieron una pizza, hablaron de música y Ana descubrió que cuando él se reía con ganas, se le achicaban los ojos de una manera extrañamente tierna.

El magnetismo entre los dos era innegable; cada roce de manos sobre la mesa se sentía como electricidad pura. Ana empezaba a creer que el CEO arrogante había quedado atrás.

Sin embargo, la burbuja se rompió cerca de las once de la noche. La puerta de la pizzería se abrió y un grupo de tres personas vestidas con ropa de diseñador entró al lugar, riendo a carcajadas. Ana notó que Harry se tensó de inmediato al verlos.

Era Julián, uno de los principales inversionistas de Styles Tech, acompañado por su esposa y otro empresario del círculo íntimo de Harry. Habían entrado al local casi como una broma, buscando "comida rápida" después de salir de una galería de arte cercana.

-¿Harry? ¿Sos vos? -Julián se detuvo en seco, mirándolo con incredulidad-. Che, no te puedo creer. ¿Qué hacés metido en este lugar? Pensé que tenías mejor gusto para las salidas.

Harry se levantó por instinto, acomodándose la campera, y forzó una sonrisa corporativa, esa máscara fría que Ana tanto detestaba.

-Julián. Qué sorpresa -dijo Harry, estrechándole la mano-. Solo... variando un poco la rutina.

La mirada de Julián y de su esposa se posó de inmediato en Ana. La evaluaron de arriba abajo en un segundo. Ana, que llevaba un buzo cómodo y el pelo recogido, sostuvo la mirada, sintiendo una repentina oleada de incomodidad.

-¿Y ella es...? -preguntó la mujer de Julián, con una sonrisa falsa y condescendiente-. No me digas que estás haciendo trabajo de caridad con el personal, Harry.

El comentario fue un dardo directo. Ana sintió un nudo en el estómago y miró fijamente a Harry, esperando su reacción. Esperando que dijera: "Ella es Ana, una ingeniera brillante y la mujer con la que estoy saliendo".

Pero Harry se congeló. El peso del estatus, la presión de no mostrarse vulnerable ante el hombre que financiaba sus proyectos y el miedo ridículo al "qué dirán" en su entorno elitista lo bloquearon.

-Es Ana -respondió Harry, con la voz extrañamente neutral-. Una de las ingenieras del nuevo proyecto de software. Estábamos... repasando unos detalles técnicos del despliegue en un ambiente más informal.

Detalles técnicos. Ambiente informal.

Las palabras cayeron como agua helada sobre Ana. Julián soltó una risita cómplice, asumiendo inmediatamente otra cosa.

-Ah, claro, el trabajo nunca para -dijo Julián con un guiño de complicidad que a Ana le resultó asqueroso-. Bueno, los dejamos con su "reunión". Nos vemos el lunes en el directorio, Harry. No te quedes hasta muy tarde "trabajando".

El grupo se alejó hacia una mesa del fondo. Harry se dejó caer en su silla, con el rostro pálido y la mirada fija en la mesa. Sabía perfectamente que la había arruinado.

-Ana... yo... -empezó a decir, estirando la mano para tocar la de ella, pero Ana la retiró de inmediato.

Ana se puso de pie, despacio, manteniendo una calma que por dentro era pura indignación y decepción. Sus padres le habían enseñado a caminar con la frente alta en cualquier lugar, y no iba a permitir que nadie la tratara como un secreto vergonzoso o un capricho de fin de semana.

-No digas nada, Harry -dijo Ana, con la voz firme pero cargada de una profunda frialdad-. Me quedó clarísimo. El traje de CEO no es una máscara, es lo que sos. Te da pánico que tus amigos ricos piensen que te rebajás al salir con una chica común que no pertenece a tu liga.

-No es eso, te lo juro, es que Julián es un socio complicado y...

-No me importa -lo interrumpió ella, clavándole una mirada que a Harry le partió el alma-. Mis padres me enseñaron a tener dignidad. Yo no me escondo de nadie, y no voy a ser el pasatiempo oculto de un tipo que no tiene los pantalones para defenderme frente a sus amigos de plástico. Quédate con tu estatus, Harry. A mí me queda grande.

Ana tomó su cartera, dejó lo suficiente de dinero para pagar su parte, se dio la vuelta y caminó hacia la salida con paso firme, sin mirar atrás.

Harry se quedó sentado en la mesa de plástico, completamente solo, viendo cómo la única persona real que había entrado en su vida en años cruzaba la puerta y se perdía en la noche de la ciudad.

Holaaa. Nuevamente por aquí. Les traigo esta nueva parte. ¿Qué les parece la actitud de los dos?

A. S.

One Shots H. S. (+18)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora