Todo comenzó una noche de calor sofocante en la Tierra. Ana caminaba hacia su coche cuando el cielo se rasgó. No hubo naves espaciales ruidosas, solo un silencio absoluto y una luz violeta que la envolvió, desintegrando la gravedad.
Lo siguiente que recordó fue el frío de una placa de metal y el zumbido de una tecnología que vibraba en sus huesos.
Cuando despertó, el horror la paralizó.
Ana se encontró en una estancia circular de techos infinitos, rodeada de paredes que parecían hechas de agua congelada. Estaba desnuda, cubierta apenas por una fina bruma de vapor perfumado que emanaba del suelo. Al intentar cubrirse con sus manos, una risa suave y melódica la hizo saltar.
A pocos metros, un grupo de mujeres de belleza irreal se bañaban en una fuente central. Ana se quedó sin aliento: no solo estaban desnudas, sino que se tocaban con una libertad que ella jamás había presenciado.
Una mujer de piel azulada acariciaba con devoción los pechos de otra, mientras una tercera besaba el cuello de su compañera, explorando su cuerpo con una curiosidad lenta y pública.
—¡Basta! ¡Paren! —gritó Ana, sintiendo que la sangre le subía al rostro—. ¿Qué es este lugar? ¡Pónganse algo de ropa!
Las mujeres se detuvieron, pero no por vergüenza, sino por curiosidad. Lyra, la de ojos dorados, se acercó a ella con una sonrisa compasiva.
—El pudor es una cárcel de tu mundo, pequeña —dijo Lyra, intentando acariciar el cabello de Ana, quien retrocedió como si la hubieran quemado—. Aquí, el cuerpo es un templo de luz. No hay nada que ocultar porque no hay nada que sea pecado.
El verdadero pánico llegó cuando las puertas de cristal se deslizaron. Harry entró en la habitación.
Ana nunca había visto a un hombre —si es que se le podía llamar así— de tal magnitud. Su piel destellaba como el mercurio y su sola presencia hacía que el aire pesara más. Pero lo que la horrorizó no fue su tamaño, sino la reacción del harén. Las mujeres no se escondieron; se lanzaron hacia él como flores buscando el sol.
Ana observó, temblando, cómo dos de ellas se arrodillaron de inmediato para despojarlo de su túnica, mientras otras besaban sus manos y su torso con una adoración carnal. Harry permanecía allí, majestuoso, aceptando el placer como un derecho de nacimiento, mientras sus ojos se clavaban en Ana.
—No... esto es una locura. Es degradante —sollozó Ana, apartando la vista cuando vio a una de las mujeres llevar la mano de Harry hacia su propia intimidad frente a todos.
—¿Degradante? —la voz de Harry retumbó, llenando la estancia—. Lo que tú llamas dignidad, nosotros lo llamamos aislamiento. Aquí, el placer de una es el gozo de todas. No importa el género, no importa quién sirve a quién. Solo importa la energía que fluye.
Harry caminó hacia ella, apartando suavemente a las mujeres que lo rodeaban. Ana retrocedió hasta que su espalda chocó contra la pared de cristal frío.
—Me das asco —expresó ella, aunque su cuerpo traicionaba sus palabras, reaccionando a la feromona abrumadora que el Rey emanaba.
—Tu mente dice asco, pero tu carne reconoce a su dueño —dijo Harry, acorralándola con su cuerpo masivo—. En tu mundo te enseñaron a esconder tu deseo. Aquí, te enseñaré a usarlo para crear un imperio.
Él la obligó a mirar cómo dos de las concubinas se fundían en un beso apasionado a pocos metros de ellos, mientras otra se masturbaba con la mirada fija en el Rey. La falta absoluta de paredes, de sábanas bajo las cuales esconderse y de juicios morales hizo que Ana sintiera que perdía la cordura.
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One Shots H. S. (+18)
FanfictionHarry , Anna y Niall, una pareja nada convencional, una pareja de tres.
