El sol se filtraba por los ventanales del Palacio de Kensington, pero el ambiente dentro de los muros reales era todo menos cálido.
Harry apenas dormía; la crisis social en las provincias del norte consumía cada segundo de su tiempo. Como heredero, era el puente entre la corona de su padre y un pueblo exhausto, lo que lo mantenía encerrado en el despacho real o viajando de incógnito para calmar las tensiones.
Ana lo observaba desde el umbral de la biblioteca, con una mano apoyada sutilmente en su vientre, aún plano, pero que guardaba el secreto más grande de sus vidas.
—¿Otra vez sin desayunar? —preguntó ella con suavidad.
Harry alzó la vista de un mapa lleno de anotaciones. Tenía ojeras marcadas y el cabello más revuelto de lo habitual.
—Lo siento, amor. Mi padre necesita que termine estos informes antes de la reunión con el parlamento. Si no resolvemos el subsidio agrícola hoy, habrá más protestas.
Se acercó a ella y le dio un beso rápido en la frente. Ana sintió un vuelco en el estómago, no solo por el afecto, sino por la náusea repentina que la asaltaba cada mañana. Se obligó a sonreír y a mantenerse firme.
No podía darle una preocupación más. No ahora, cuando el peso del reino descansaba sobre sus hombros.
Niall, el jefe de seguridad y amigo íntimo de la infancia de Harry, entró en la habitación justo cuando Harry salía a toda prisa. Al cerrar la puerta, Niall miró a Ana y suspiró.
—Te estás poniendo pálida otra vez. Si no te sientas, te vas a desmayar antes del almuerzo —susurró Niall, acercándole una silla.
—No puedo decirle, Niall. Ayer casi se quiebra porque el Rey está perdiendo la salud por este conflicto. Si le digo que estoy embarazada, dejará todo para cuidarme y su padre lo necesita —respondió Ana, dejándose caer en el asiento.
—Harry es un príncipe, pero también es tu esposo. Se va a volver loco si se entera por un tercero —advirtió Niall, sacando discretamente de su chaqueta un paquete de galletas saladas que sabía que ayudaban a Ana con los malestares.
—Solo un par de semanas más. Hasta que la crisis pase. Ayúdame a ocultarlo, por favor.
Esa noche, el palacio ofrecía una cena reducida para diplomáticos. Ana llevaba un vestido de seda azul marino, con un corte imperio que disimulaba cualquier sospecha. Sin embargo, el olor del cordero asado resultó ser su peor enemigo.
Niall, siempre a unos pasos de distancia bajo el protocolo de seguridad, interceptó la mirada de pánico de Ana cuando el camarero se acercó.
—Su Alteza —intervino Niall rápidamente, fingiendo revisar un auricular—. Disculpe la interrupción, pero el capitán de la guardia necesita una firma urgente de la Princesa sobre los protocolos de la próxima semana.
Harry, que estaba en medio de una conversación tensa sobre impuestos, miró a su esposa con preocupación.
—¿Todo bien?
—Sí, querido. Es solo burocracia. Vuelvo en un momento —mintió Ana, saliendo del salón casi a paso de carrera hacia el aire fresco del balcón, escoltada por Niall.
Días después, Harry regresó de un viaje de tres días por el interior. Entró en la habitación de madrugada, esperando encontrar a Ana dormida, pero la encontró en el baño, sentada en el suelo, tratando de recuperar el aliento tras una noche difícil.
—¿Ana? —Harry se arrodilló a su lado, con el rostro desencajado por el miedo—. ¿Qué pasa? ¿Estás enferma? ¿Llamo al médico real?
Ana lo miró. Harry se veía agotado, con el traje arrugado y la mirada llena de una angustia que ella había intentado evitarle.
—Harry, el país... tu padre...
—¡Al diablo el país ahora mismo! —exclamó él, tomándole las manos—. Llevas días actuando raro, Niall me evita la mirada y tú estás aquí, sufriendo sola. Háblame, por favor.
Ana suspiró, dejando que las lágrimas que había estado conteniendo finalmente cayeran. Tomó la mano de Harry y, sin decir una palabra, la llevó hasta su vientre.
El silencio que siguió fue absoluto.
Harry dejó de respirar por un segundo, procesando el calor de su palma contra la tela del camisón. Sus ojos verdes se abrieron de par en par mientras la realidad se abría paso entre el cansancio y la política.
—¿Es... es por eso? —preguntó en un susurro quebrado—. ¿Por eso Niall me pedía que te dejara descansar? ¿Por eso no querías decirme nada?
—No quería ser una carga, Harry. Tienes tanto sobre ti...
Harry la estrechó entre sus brazos, hundiendo el rostro en su cuello. Por primera vez en semanas, sus hombros se relajaron.
—Nunca serías una carga, Ana. Esto... esto es lo único que importa —besó su mejilla, limpiando sus lágrimas—. El reino puede esperar una noche. Mi heredero y tú no.
Esa noche, Harry no volvió al despacho. Se quedó allí, cuidando de ella, dándose cuenta de que, aunque el mundo afuera ardiera, dentro de esas cuatro paredes acababa de nacer la esperanza que necesitaba para seguir adelante.
Holaaa. ¡¡Buenas noches!! Siendo casi las 3 de la mañana aquí, publico esta nueva historia. ¿Qué les parece?
Mil gracias por sus mensajitos. Me alegran el corazón. 💗
A. S.
ESTÁS LEYENDO
One Shots H. S. (+18)
FanfictionHarry , Anna y Niall, una pareja nada convencional, una pareja de tres.
