Capítulo 16 (+18)

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—No quiero que mañana te arrep...

—¡Shhhh! —puso su dedo índice sobre sus labios—. Sólo cállate, Elliot. Cállate y bésame... 

Lo besó con vehemencia una vez más.

—No... hablemos de nada —dejó un reguero de besos cortos por toda su mandíbula—, y menos del mañana.

Se dejó llevar también por la pasión e intentó tomar el control de los besos pero le fue imposible, ella quería tener el control de todo. Sólo podía recorrer con sus manos su espalda. Quería recorrer cada milímetro de su cuerpo como lo hizo hace tantos años. En ese momento creía que Olivia sería su perdición pero ahora estaba seguro que así lo era. No podía vivir un día más sin sus besos.

Olivia terminó de desabotonar su camisa para después sacarla y lanzarla hacia uno de los sofás. Bajó su cabeza y besó su pecho. Deleitó su mirada unos segundos con su torso descubierto y luego pasó la yema de sus dedos por el. Sintiéndolo. Seguía manteniendo su torso bien formado y musculoso como el primer día que pudo recorrerlo con sus manos.

Él no se quedó atrás y empezó a deslizar su vestido. Mordió su hombro descubierto y dejó un camino de besos y pequeñas mordidas hasta bajar a su pecho. No tenía brasier y se quedó contemplándola unos segundos también. Era perfecta para él. Acarició su mejilla y su cuello. Muy lentamente y deshizo su peinado, dejando que su cabello caiga por sus hombros. Era la mujer más perfecta que haya podido ver en su vida y estaba delante de él. Quería amarla sin reservas. Necesitaba amarla y estar con ella por siempre. Su boca se acercó a sus labios devorándolos. Luego descendió por su cuello hasta atrapar uno de sus pechos. Sus manos insaciables recorrían todo su cuerpo en cuanto podían. Sus manos, sus ojos, todo él estaba disfrutando de su torso desnudo.

Ella sólo pudo gemir y arquear su cuerpo para darle un poco más de acceso a sus pechos. Sólo quería dedicarse a disfrutar de su boca sobre ellos. Minutos después de sentir que estaba enloqueciéndola se separó de golpe y él creyó que se había arrepentido de lo que estaban haciendo pero no, se puso de pie y deslizó su vestido por sus piernas. Elliot ahogó un gemido y mordió su labio inferior. La mujer que amaba estaba delante de él tan sólo vestida con una tanga de encaje color negra.

Dio un paso hacia un lado y se agachó para tomar su vestido y lanzarlo a la misma dirección que lanzó la camisa de él. Se volvió a sentar a horcajadas sobre él. Quería seguir con sus besos y caricias, más nada importaba para ella. Bajó sus manos directo al cinturón de él para sacarlo. Luego fue por el cierre y botón de su pantalón, sin dejar de besarlo. Agarró su creciente erección la cual empezaba a molestarle a él ya que tenía puesta todavía su pantalón.

Él sintió que todo se estaba descontrolando y que no aguantaría un minuto más para hacerla suya de nuevo. No quería hacerlo en el sofá así que le susurró al oído que la llevaría a su habitación. La tomó por el trasero para ponerse de pie después que ella asintiera a su propuesta. Olivia cruzó sus piernas por detrás de su cintura y continuó besándolo apasionadamente. 

En el camino tropezaron con una pared y la apoyó sobre ésta unos minutos sin dejar de darle atención a sus pechos con su boca y sin dejar de frotarse contra ella. Quería que supiera todo lo que lo hacía sentir. Ambos se estaban dejando sin aliento con sus caricias y besos. Ella no pudo más y se dejó llevar por las sensaciones que él le provocaba, teniendo su primer orgasmo apoyada en esa pared.

—Eres aun más hermosa y perfecta de lo que recordaba —susurró dejándola en mitad de su cama.

—Más acción... Menos plática —jadeó.

No quería escucharlo. Quizás si se detenía a escucharlo lo más probable era que parara toda esa locura y que se fuera a su casa. Trataba de mantener la boca de Elliot ocupada. Sus labios no se separaban de los de él.

Sacrificio de AmorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora