Capítulo 126

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No pudo controlar su ira y por ende, controlar las palabras que decía. Su estado de ánimo cambió de enojada a preocupada en cuestión de segundos. Elliot se había quedado congelado al pie de la cama. Sabía que estaba dándole vueltas a lo que había dicho. Trataba de encontrarle sentido a lo que había escuchado. 

Sintió que quería vomitar. ¿Cómo pudo decirle que Eli podría no ser su hijo de esa manera? Amaba al hombre que tenía frente a ella y le soltó de la nada la peor noticia que le pueden dar a un padre. Ella le rompió el corazón por segunda vez.

—Ell...

Él no respondía a sus llamados así que empezó a quitarse todo lo que habían conectado a ella. Retiró primero el suero, luego la pinza del sensor del monitor de signos vitales, el cual empezó a emitir un fuerte sonido de alerta y continuó con los sensores del monitor fetal alrededor de su barriga. 

—Elliot, lo siento. Cariño, yo...

Antes que pudiera acercarse a él ingresaron cuatro enfermeras y el doctor Bailey a la habitación. Luchó contra ellos con la fuerza que le quedaba para poder ir hasta él y no pudo. Elliot fue sacado de la habitación y ella obligada a recostarse. Al ver que no se tranquilizaba y seguía pidiendo ver a Elliot, tuvieron que volver a sedarla.

Él salió del hospital y caminó sin rumbo. Imágenes de Eli mientras crecía fueron llegando a su cabeza. La primera vez que lo tuvo entre sus brazos. Su primera palabra, "papá". Su primer "te amo papi". Como desde niño le inculcó el amor por el deporte. Todas las veces que le dijo que quería ser un superhéroe como él. 

El dolor que sentía era insoportable, mucho peor a lo que sintió cuando no tenía respuestas sobre la salud de Olivia. Una parte de él había muerto. Ella no pudo mentirle sobre su hijo. Liv no le hubiera dicho que era probable que Eli no era suyo si no fuera verdad. 

El sonido de su celular lo sacó momentáneamente de su ensoñación. Ni siquiera se fijó en el nombre que aparecía en pantalla porque asumió que Fin estaba esperando por él en la estación.

Hola papá.

—Eli... 

Escuchar la voz de su hijo fue demasiado para él. Se dejó caer en un asiento de un parque por el que pasaba. No tenía idea de dónde estaba, ni le interesaba saberlo.

¿Cómo estás? Acabo de llegar a la casa del entrenamiento de basketball —informó animado. En días anteriores le había comentado lo impresionante que era el gimnasio del colegio y la fortuna que era que el hijo de la familia con la que estaba también estaba en el equipo de basketball ya que podía quedarse a los entrenamientos.

—¿Cómo te fue, hijo? —un nudo se estaba formando en su garganta y faltaba poco para que empezara a llorar de nuevo.

Fantástico, papá. El entrenador dijo que era muy bueno y que si seguía mejorando podría ingresar a un equipo de los grandes.

—Eso es genial, Eli.

Lo sé. 

—Suenas feliz. 

Lo estoy. Sé que vas a decir que es por la emoción del equipo y todo eso pero... En serio fue una buena idea venir aquí —sonrió y Elliot pudo escuchar, lo que parecía una mochila caer al piso—. Eso no quiere decir que no los extrañe.

—Te extraño tanto hijo —limpió las lágrimas que no había podido contener. Trató con todas sus fuerzas que su voz no se quebrara.

¿Cómo están ustedes? ¿Mis hermanos? ¿Olivia?... ¿Emma?

Sacrificio de AmorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora