Capítulo 122

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Los cuatro Stabler mayores salieron del hospital, directo a la estación donde se encontraba detenida su madre. Kathleen que estaba siendo la más fuerte de todos sus hermanos, fue la encargada de conducir ahí ya que ninguno de sus hermanos parecía tener cabeza para conducir. Todos iban en profundo silencio. Sabían que tenían decisiones que tomar quisieran o no y no podían pedirle nada a su padre en el estado en el que estaba. 

Richard recibió una llamada y su rostro palideció mucho más de lo que estaba. Respondió con monosílabos a la persona detrás de la otra línea y se despidió con un "estamos abajo".

—¿Qué pasa? —preguntó Kathleen ya que sus hermanas no decían nada.

—Es Carolyn...

—¿Qué dijo Maddox, Richard? 

—No puede sacarla.

—No podemos dejar que duerma en una celda —se quejó Elizabeth llorando de nuevo—. No está bien. Dijiste que era una buena abogada.

—¿Qué quieres que ella haga, Elizabeth? Es culpable. Tú y yo somos testigos de eso. 

—Pero...

—Quizás hasta tengamos que declarar lo que vimos.

—¿Qué? No. No podemos hacer eso. 

—Basta ustedes dos —Maureen miró a sus hermanos por el retrovisor, desde el asiento del pasajero—. Aún no sabemos lo que va a suceder y...

—Claro que no. Puede ser peor —interrumpió Richard—. Olivia puede morir y la culparán de homicidio. Puede perder el bebé... Mamá estará toda su vida en la cárcel.

—¡Cállate ya, Richard! —gritó Kathleen exasperada—. Tuvimos suficiente de tus tonterías. Olivia y la bebé estarán bien... Y nosotros haremos lo correcto.

­—¿Lo correcto es dejar que metan presa a mamá?

­—No, Elizabeth. Lo correcto es conseguirle un buen abogado y hacer todo para que tenga un juicio justo.

Kathleen estacionó a unas cuadras de la estación. Los cuatro caminaron en silencio hasta llegar al piso de Víctimas Especiales. Hablaron con la abogada un poco más y gracias a ella y a la consideración que Fin les tenía, pudieron hablar con su madre. El efecto de las drogas que un doctor le había administrado a Kathy estaban pasando y estaba algo alterada. Caminaba de un lado a otro, llorando y suplicando que la sacaran de ahí. Ya no decía cosas sin sentido y su rostro reflejaba pánico. Pidió hablar con Elliot en repetidas ocasiones y por primera vez ellos escucharon que ella estaba de acuerdo con que Eli viajara la siguiente semana. Les ordenó que no le dijeran lo que sucedía y que hicieran todo lo posible para que tomara el avión a Londres en unos días.

Treinta y seis horas después de ingresar al hospital por emergencia y estar en cuidados intensivos, Olivia fue trasladada a una habitación. Las visitas seguían siendo restringidas y seguía conectada a un sin número de máquinas que controlaban su salud y la del bebé. Los doctores fueron muy optimistas con su diagnostico, sin embargo, querían tenerla bajo observación.

Eran las seis de la mañana cuando le informaron a Elliot que podía verla y estar con ella unos minutos más. Prácticamente había acampado en la sala de espera todas esas horas. Sus hijos habían estado entrando y saliendo de ahí, haciéndole compañía y dándole su apoyo. Ninguno le pidió que hablara con Kathy o que la ayudara así que estaba agradecido por ello.

—Mi amor —susurró Elliot acariciando el rostro de Liv con delicadeza—. Perdóname, Liv. Es mi culpa que estés aquí. Te puse en esta situación y no sé si podrás perdonarme algún día. Eres la luz de mi vida. Mi todo. Tuve tanto miedo de perderte. 

Sacrificio de AmorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora