Capítulo 16

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- No me puedo creer que estés en Madrid. - Dijo Amelia mientras salía del portal y se dirigía a la estación de Atocha.

- Amelia, prácticamente llevas dos días sin dormir y sin comer o voy o no sé que sería de ti.

- ¡Qué exagerada eres! Me he tomado un café. -  Se justificó.

- Un café, eso no es nada, Amelia lo hemos hablado millones de veces. No puedes hacerte eso. - Se escuchó en su voz la preocupación.

La mañana después de aquella noche, Natalia llamó a Amelia varias veces pero sin recibir respuesta, vio su última conexión y supuso que algo no andaba bien. Conocía su modus operandi. Al día siguiente la llamó como una cinco veces, a la sexta  descolgó el móvil, tenía la voz ronca y débil. Natalia no necesitó más, le dijo que iría a Madrid, que aprovechase sus momentos de auto-compasión porque, una vez que llegará a la ciudad, no la dejaría estar en la cama. 

- Natalia, de verdad, que no hacía falta, que estoy bien.  - No llegó a ver a Marina y a Luisita que la observan escondidas detrás de un árbol.

- Te conozco de sobra. Además hace meses que no nos vemos. Nos vendrá bien a las dos.

****

Un par de horas después, Marina se acomodaba en el sofá de su amiga.

- ¡No esta nada mal el piso!

- Bueno, es pequeñito pero está bien. - Le ofreció una cerveza mientras Natalia daba golpecitos en el hueco del sofá para que Amelia se sentase a su lado.

- Ya me estás contando qué ha pasado. - La morena se sentó alicaída.

Apenas sabía por dónde empezar. Desde aquella noche no había dejado de darle vueltas a todo lo acontecido. Se había sentido culpable y muy avergonzada por su comportamiento, por las lágrimas derramadas, por haberse mostrado tan vulnerable a Luisita. Quiso escribirle nada más salir del club, mandarle un audio y disculparse pero no se atrevió, no se atrevió ni esa noche ni por la mañana ni al día siguiente. 

- Amelia, cariño... - Natalia se acercó a ella y la abrazó. Al sentir el contacto, Amelia comenzó a llorar. Llevaba dos días conteniéndose, diciéndose así misma que no pasaba nada, que todo iría bien pero sin llegar nunca a creérselo.

- ¿Qué ha pasado? - Se separó de ella unos centímetros y le limpió las lágrimas. La morena tomó aire.

- Recuerdas que quedé con Luisita y con su amiga ¿no? - La pelirroja asintió. - Había tenido pesadillas esa noche.

- Las pesadillas de siempre imagino ¿no?

- Sí, y no creí que fuera buena idea salir, pero Luisita insistió y no sé, no quería fallarla, que pensase que era una chica aburrida, así que le dije que sí.

- Pero eso está bien, Amelia, a veces nos tenemos que obligar a hacer cosas que sabemos que en el fondo nos van hacer sentir bien, es como cuando Íbamos a crossfit, que nos costaba horrores y nos daba muchísima pereza, pero luego salíamos superanimadas de ahí.

- Lo sé, lo sé y creí que realmente merecería la pena, estando Luisita iba a merecer la pena, pero esa misma tarde me llamó mi madre.

- ¿Tu madre? pero si hace... ¡calla! que fue el aniversario.

- Exacto, y yo no me acordaba. No es que no me acuerde, claro que me acuerdo, como me voy a olvidar, es sólo que - contuvo las lágrimas.-  no sé en qué día vivo, los días pasan sin más y no miró la fecha del calendario pero claro que me acuerdo.

KintsugiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora