Capítulo 111

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- No he estado yo en este barrio en mi vida - Comentó Luisita mientras callejeaban para llegar a la casa de Carmen.

- Pues yo menos que no llevo ni un año aquí. 

- Pero sabes a dónde vamos ¿no? A ver si nos vamos a perder.

- ¡Qué sí, mujer! Además estoy con el google maps, según esto quedan cinco minutos.

- No entiendo por qué nos lleva por estas calles, no hay ni Dios y eso que son las diez de la mañana, que no es mala hora.

- ¿Qué pasa? ¿Tienes miedo? - Le golpeó ligeramente en el brazo mientras sonreía.

- No, no es eso... ¡Idiota! - Le sacó la lengua. - Por cierto, Amelia, gracias.

- Gracias ¿por? - Preguntó extrañada

- Por querer venir en metro. 

- No lo he hecho por ti, amor, es que aquí es imposible aparcar.

- Seguro... - Comentó con incredulidad.

Al salir del portal para ir a casa de Carmen, Luisita se paró en frente del coche de Amelia, y a pesar de los buenos recuerdos, notó como todo su cuerpo se tensó por unos segundos, hasta que Amelia le cogió la mano y le dijo que iban a ir en metro, en ese instante volvió a sentirse tan ligera como aquella mañana en la ducha.

- ¡Es aquí!

Llegaron al jardín de la casa, ambas miraron en su interior con la esperanza de ver algo o alguien pero todo estaba igual que la última vez que la morena estuvo ahí.

- ¿Y ahora qué? - Preguntó Amelia. 

La idea de volver a casa de la abuela de Marta fue de Luisita y tenía que admitir que estaba un poco perdida y desesperanzada, no creía que fuera a ser útil.

- Ven, tú sígueme el rollo.

Luisita se adentró al jardín con paso firme, llamó la puerta varias veces pero, como la vez anterior, nadie respondió, echó una mirada a Amelia, la morena no necesitó más, sacó el móvil del bolso y llamó. A los pocos segundos escucharon el sonido del teléfono al otro lado de la puerta, nadie parecía responder, Amelia insistió varias veces hasta que finalmente, la puerta principal se abrió dejando ver a  una Carmen más descuidada, llevaba el pelo recogido en un moño mal hecho, una bata de franela desgastada y un delantal lleno de grasa.

- Perdone que la moleste. - dijo Luisita con una actitud encantadora y muy segura. - Soy Luisita Gómez, vengo de la unidad de asistencia social del centro del día del barrio. - Sacó un carnet a medida que entraba en la casa sin apenas pedir permiso, Carmen no pudo reaccionar. - y ella - Señaló a Amelia.- es mi compañera. Amelia, psicóloga, creo que ya os conocéis ¿no?

Amelia estaba totalmente atónita, sin embargo, recordó las últimas palabras de Luisita "sígueme el rollo" y eso hizo.

- Buenos días Carmen - Entró sin poder mirarla a la cara.

- Pero...

- Veníamos para ver que todo esté bien, ya nos han contado que su nieta ha sido ingresada en el hospital Niño Jesús, no sé si sabe que puede ir a visitarla cuando quiera e incluso disponemos de un servicio de acompañamiento, solo tiene que llamar a nuestro teléfono y le asignaremos una acompañante. - Luisita hablaba rápido, soltando aquel discurso como si lo llevase haciendo toda su vida mientras recorría la casa, Amelia iba detrás de ella, observando sus pasos e intentando averiguar a dónde quería llegar. - Veo que estaba cocinando ¿no? - Entró en la cocina. - Tenga cuidado con esto. - Colocó el mango de la sartén por dentro de la vitrocerámica. - Un golpe tonto y tenemos un disgusto. ¿usted se encuentra bien?

KintsugiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora