Capítulo 12

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Luisita esperaba impaciente en el portal de Amelia. Minutos antes había hablado con Marina y habían acordado ir a local que acababan de abrir por la zona: Kings Club, se encontrarían ahí a las 21.00. Recordó como Marina, justo antes de colgar, le dijo: "Yo que tú me pondría un vestido rojo, el rojo siempre te ha sentado genial" Luisita sonrió ante la sugerencia. Era curioso como a pesar del tiempo y del distanciamiento, Marina y ella seguían entendiéndose a la perfección. 

Sin duda, Luisita hizo caso a su amiga, se puso un vestido rojo que llevaba varios años en el armario, pero nunca se había puesto. Era un vestido corto, por encima de las rodillas, de palabra de honor y muy ceñido, tenía que admitir que le quedaba muy bien. Llevaba el pelo suelto, los ojos con una ligera sombra negra y los labios a conjunto con su indumentaria. Estaba nerviosa. Muy nerviosa. 

La vio a través del cristal del portal "Madre del amor hermoso" pensó "está guapísima". Luisita era consciente de la belleza de Amelia pero verla así, con ese vestido que marcaba su figura, su cabello negro tapando parcialmente sus hombros desnudos y sus labios rojos pasión...  Le resultaba indescriptible.  La puerta se abrió ante una atenta Luisita que no podía apartar la mirada de la morena.

- Hola Luisita.

Amelia había observado a la rubia mucho antes de salir a la calle. A medida que había bajado las escaleras del portal la divisó tras el cristal. "¡Qué bien le sienta el rojo!" pensó.  Aquel vestido corto sugiriendo un final que Amelia estaba deseando conocer, el escote de palabra de honor marcando las clavículas de la rubia y ese carmín que destacaba la voluptuosidad de sus labios; estaba preciosa. Por un momento se le había olvidado la llamada de su madre, la angustia, la incertidumbre, por un momento toda su mente, su cuerpo y sus sentidos se centraron en un único estímulo: Luisita Gómez. 

- Hola Amelia ¡Estás guapísima! - Sonrió tímida.

Amelia le devolvió el cumplido.

- ¿Estás preparada para la mejor noche de tu vida? - Preguntó Luisita mientras le agarraba del brazo.

- La verdad... no lo sé. - Rio nerviosa.

- He quedado a las 21:00 con Marina en el bar, por lo visto, es un club que han abierto hace poco y dicen que está muy bien.

- No tengo mucho con lo que comparar así que me parecerá genial.

- Confía Amelia, todo irá bien. - Luisita apretó ligeramente el brazo de Amelia.

Amelia le sonrió, sabía que la rubia estaba intentando hacerla sentir cómoda, hacerle ver que la decisión de salir con ella merecía la pena, pero ese nudo en la garganta seguía ahí, apretando, doliendo. 

- ¿Estás bien? -  Amelia asintió. - ¿Segura?

- Sí, segura, no te preocupes. - Confirmó mientras le apretaba la mano que sujetaba su brazo.  

- Amelia estás helada, ¿tienes frío?

Era 4 de mayo y estaban a 26Cº ¿cómo podía ser que tuviese frío? Miró la piel erizada de Amelia.

- Pero Amelia... ¡Ven aquí, anda! - Luisita le atrajo hacia ella y la envolvió entre sus brazos mientras frotaba provocando así un ligero calor gracias a la fricción de sus manos. Amelia se acomodó y dejó que aquella sensación le invadiese.

****

A la media hora, llegaron al club, ninguna de las dos se había atrevido a cambiar de posición, a desprenderse de los brazos de la otra. En cuanto entraron, se soltaron. Luisita repasó con la mirada el club; era un local bastante amplio, había dos barras a los lados, en el fondo una fila de sillones de terciopelo azul y en el centro del techo una bola de espejitos enorme y varios focos de colores que se reflectaban en la bola iluminando con destellos todo el local. La música sonaba alta, era el típico pop comercial,  y en la pista central varios grupos bailaban animados.

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