Luisita oyó voces a lo lejos, no llegaba entender lo que decían, pero el volumen de las voces fue suficiente para que abriese los ojos, sin embargo, la intensidad de la luz que se colaba por la ventana la obligó a cerrarlos de nuevo. ¿Dónde estaba? De lo poco que había visto no reconoció nada. Volvió a abrir los ojos y una punzada de dolor apareció en su cerebro. ¡Mierda! Comenzó a recordar; el cuarto de Marina, las numerosas copas de vino que bebió ayer... Alargó la mano y cogió el móvil que estaba en la mesita de noche; 12:04, escuchó de nuevo las voces, reconoció la de Marina ¿con quién hablaba? Intentó incorporarse pero la jaqueca se lo impidió, así que regresó al móvil, abrió el whatsapp y vio que la primera conversación que tenía era de Amelia.
- No, no, no, no. - Se dijo mientras se metía en el chat. -¡Mierda!- Luisita acababa de ver no uno sino los dos mensajes que le había enviado a la morena. Para variar no había respondido a ninguno de los dos.
- No sé cómo me puede gustar esta persona si siempre me deja en visto ¡maldita! - Bloqueó el móvil y se acurrucó en la cama, no quería salir de ahí ni ver a nadie.
Sus resacas siempre le provocaban tristeza, mucha tristeza. Se quedó en la cama, con la almohada encima de su cabeza para evitar la luz y pensó en Amelia, en su relación, en que nunca habían tenido una cita o algo que se le asemejase, lo de las técnicas de relajación no contaba y la noche en el Kings tampoco. Eso le llevó a pensar en los labios de la morena, en su nariz perfecta y en esos rizos que le hacían cosquillas cuando rozaban su piel.
Su piel.
La piel suave y tersa de Amelia.
Poco a poco Luisita comenzó a bajar la mano acariciándose el vientre pensando en las manos de Amelia.
Sus manos.
Muy lentamente introdujo la mano en su entrepierna y comenzó a masturbarse. Recordó los dedos de la morena y la agilidad de los mismos, los ojos miel dilatados, su lengua acariciando sus labios.
Su lengua.
Imaginó la lengua de Amelia en su sexo y notó como se humedecía mientras su cuerpo reaccionaba a su propio tacto.
- ¡Luisita! Que son ya... - Marina entró sin avisar - ¡Dios! perdón, perdón, perdón... - Se disculpó mientras se tapaba los ojos.
Luisita paró en seco, miró a su amiga y comenzó a reír.
-¡Joder! Luisi, ¿en mi cama? - Le recriminó Marina mientras se aseguraba que podía mirar.
- En tu cama pero no pensando en ti. - Se defendió mientras sonreía divertida.
- ¡Qué boba eres! - Marina agarró una de las almohadas y se la lanzó a Luisita. - Y ahora levántate que te he hecho el desayuno.
- ¿En serio?
- Demasiado buena soy.
- Por cierto ¿con quién hablabas antes?
- Con el vecino .- A Marina se le dibujó una sonrisa. - Ha venido a por sal.
- ¡Claro! Sal... - Contestó de forma sarcástica.
- Te levantas o ¿qué?
- Sí, ya voy ¿qué hora tienes? porque tengo que ir al bar.
- La una menos cuarto.
- ¡Voy justísima! - Luisita se levantó de un saltó y fue directa al baño.
****
A pesar de la ducha y de los dos cafés que se había tomado Luisita seguía dormida. Acababa de llegar al bar y su padre aprovechó, que casi no había jaleo, para ir a casa a descansar. En cuanto se fue, Luisita comprobó el móvil por tercera vez, Amelia seguía sin dar señales de vida.
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Kintsugi
RomanceEl kintsugi es la práctica de reparar fracturas de la cerámica con barniz o resina espolvoreada con oro. Plantea que las roturas y reparaciones forman parte de la historia de un objeto y deben mostrarse en lugar de ocultarse. Amelia y Luisita tendrá...
